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¿Qué pasó con la gripe A? Autoevaluación política a la española.

Juan Gervás

A la vista de lo publicado últimamente sobre la gestión de la gripe A en España, el autor vuelve a cuestionar lo que se hizo y cómo se hizo pues, a su juicio, no tiene justificación

Síntesis de la pandemia de gripe A, 2009. «La primera a la que se enfrenta el mundo en el siglo XXI»

A finales de marzo de 2009 se produjo en Méjico el brote inicial de una gripe al parecer altamente mortífera, especialmente en jóvenes y en embarazadas, por un virus cuyo origen se puede suponer en las granjas de cerdos del sur de Estados Unidos. Se tomaron medidas varias de contención que no impidieron su expansión al mundo entero . En junio de 2009, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretó el estado máxima alerta, nivel 6, de pandemia por la gripe A, «la primera a la que se enfrenta el mundo en el siglo XXI» .

Se previeron millones de muertos y cientos de miles de ingresos en unidades de cuidados intensivos, con proyecciones que llegaban a considerar, incluso, problemas para poder enterrar a todas las víctimas. Se estimaron en el inicio, por ejemplo, hasta 100.000 muertos para un país de 50 millones de habitantes.

Los medios de comunicación amplificaron la alarma con relatos apocalípticos generales y pormenorizados de cada caso de muerte, de forma que la población del hemisferio norte esperaba con pánico la llegada del otoño-invierno, por la gripe A.

Tal pánico también imperaba en el hemisferio austral, donde se expandió la pandemia en mayo, junio y julio de 2009, pero los hechos demostraron una menor gravedad de la esperada (sin contar con vacuna específica) .

Las primeras publicaciones científicas con datos de mortalidad fueron de julio de 2009, y confirmaban la levedad de la gripe .

Finalmente, la gripe A llegó a los países boreales, donde ya estaba disponible la vacuna específica, y también hubo un patrón de benignidad de la gripe A, por debajo de la gripe habitual (estacional).

La gripe A fue pandemia en el sentido de distribución mundial, pero su gravedad fue menor a la de una epidemia de gripe estacional.

En la Unión Europea se vacunó contra la gripe A aproximadamente el 10% de la población. Entre los países desarrollados, sólo Polonia se enfrentó a la pandemia sin vacunar a su población, por no aceptar los términos de los contratos. La mortalidad en Polonia fue similar a la del resto del mundo, de 181 muertos para 39 millones de habitantes. Por ejemplo, en España se vacunaron como máximo 3 millones de personas contra la gripe A y hubo 271 muertos (para 47 millones de habitantes).

La gripe A fue pandemia en el sentido de distribución mundial, pero su gravedad fue menor a la de una epidemia de gripe estacional.

Autoevaluación política a la española: un éxito

El domingo 26 de abril de 2009 ya había sido diagnosticado el primer caso en España y se preparó todo para que la ministra de Sanidad diera su primera conferencia de prensa, con el ambiente de preocupación generado por las declaraciones de la directora de la OMS, Margaret Chan, de «El mundo está en peligro».

La gestión de la pandemia de gripe A en España fue un éxito, según los responsables políticos y técnicos de la misma. Se explican en un libro («¿Qué pasó con la gripe A? Todas las claves de la pandemia contadas por los protagonistas«), editado en 2014 y firmado por el técnico de mayor categoría, José Martínez Olmos, en su día secretario general de Sanidad. También se justifican el presidente del Gobierno (José Luis Rodríguez Zapatero) y la ministra de Sanidad (Trinidad Jiménez) y otros muchos más, en general en la órbita del PSOE, el partido que gobernaba entonces.

Para el presidente Zapatero:

La respuesta fue un buen ejemplo de concertación internacional, nacional, con las Comunidades Autónomas, con los investigadores y con los profesionales del sistema de salud. Además, «habría que añadir que el Gobierno no escatimó recursos económicos para afrontar la situación y adquirir un elevadísimo número de vacunas y antivirales».

Para la ministra Jiménez:

Hay que destacar «el valor de la comunicación, la transparencia y el rigor informativo». En su elogio reconoce que «siempre supe que España tenía uno de los mejores sistemas del mundo, pero tengo que reconocer que tuvo un comportamiento ejemplar, más allá de lo que era exigible; funcionó como un reloj perfectamente engrasado y se evitaron muchas muertes por su fácil accesibilidad, pero también por la capacidad y preparación de su personal para detectar posibles casos de riesgo».

El secretario general de Sanidad Martínez Olmos:

Responde a las preguntas de una periodista, directora de Comunicación del Ministerio de Sanidad en 2009, en los primeros meses de la epidemia. Para contestar, el secretario ha «dedicado muchas horas a poner en pie las notas y los recuerdos que tenía recopilados en relación a este proceso relevante que fue la gestión de la pandemia de gripe A desde mi puesto de responsabilidad en el Ministerio de Sanidad».

En sus respuestas, el secretario general elogia más de una decena de veces a la ministra en continuas alusiones directas, del estilo de «Trinidad Jiménez reaccionó de manera valiente y acertada», o «Trinidad Jiménez traía el aval de una enorme experiencia y solvencia y lo hizo de manera sobresaliente».

En el mundo ha habido muchas valoraciones de la gestión de la pandemia de gripe A, pero ninguna llega a la irrelevancia de la autoevaluación política española

El secretario general dedica muchas respuestas a las compras de las vacunas y dice, «cuando se planteó durante la crisis de la gripe A la compra de vacunas preventivas, no era una decisión autónoma de los gobiernos porque, si no lo haces bien, y hay consecuencias por no haber protegido la salud y la vida de las personas, tienes la responsabilidad ante los tribunales de no haber seguido las recomendaciones de la OMS». De forma que se contrató con GSK y con Novartis «la compra de vacunas para 37 millones de dosis…con un coste total de 270 millones [de euros]. Con este número de dosis se podía vacunar, como poco, a 18,5 millones de personas». Además, se firmó contrato con Sanofi para 400.000 dosis de vacunas sin adyuvantes para mujeres embarazadas, «cuyo coste supuso, si no recuerdo mal, unos 20 millones [de euros]».

Para el secretario general de Ministerio, hubo un debate sobre la vacuna y empezó a haber dudas, de forma que «la consecuencia fue que hubo menos vacunaciones de las habituales en una gripe estacional y no hubo necesidad de vacunar a todos los grupos de riesgo previstos porque paulatinamente el pico de gripe bajó a una normalidad que no hizo necesaria la vacunación, por lo que las reservas que teníamos tampoco eran necesarias».

Respecto a los antivirales (Tamiflú y Relenza) «compramos para 12 millones de casos».

También habla del «principio de prevención» [prevención]. Y alude a que «volvería a actuar lo mismo» y «esto pasa con todos los fenómenos nuevos: una vez terminado el proceso es muy fácil explicárselo todo».

Otros responsables:

En el libro salen opiniones de responsables políticos y sindicales y de varias instituciones, así como periodistas y profesionales.

En general la tónica es similar a la señalada. Por ejemplo, de Jaume Segura, director del Gabinete de la ministra de Sanidad: «En todo momento se puso al servicio de los españoles toda la información, lo que permitió no menospreciar el peligro, por una parte, ni sobrealarmar a la población por otra» [la cursiva es suya]. Del mismo Gabinete, María Vaíllo de Mingo: «Es posible que hoy, a toro pasado y con la distancia del tiempo, y después de lo mucho que se ha contado, nos parezca que la gripe A no fue para tanto».

Se salen de la tónica de alabanza a la ministra, del «principio de prevención» [prevención] y del orgullo y satisfacción por la buena gestión:

María Jesús Montero, consejera de Salud de la Junta de Andalucía

Quien, siendo del mismo PSOE, habla de la sobreactuación que incrementó la tensión y las demandas que «afortunadamente recondujeron la credibilidad de médicos y de enfermeras». También «hubo falta de transparencia en el propio papel de la industria y los posibles intereses económicos que había detrás de la pandemia». E incluso incluye una crítica dura contra los antivirales y con la falta de transparencia en los ensayos clínicos que los avalaron.

Joan Carles March, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública

Comenta que «los medios de comunicación aparecían sobrerrepresentados, mientras que las autoridades sanitarias y el personal sanitario (muchos de ellos pedían calma, mucha calma) no intervenían lo suficiente en la labor informativa y de educación sanitaria» [la cursiva es suya]. Por último, hay que señalar: «Y en todo ello, un aspecto a destacar desde mi punto de vista sobre la gripe A fue Teresa Forcades. Teresa Forcades es una mujer singular….su credibilidad…gran comunicadora…un excelente medio como es el vídeo…y todo ello lo hace apelando a la calma y con mucha calma».

Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial de España

Aclara que «La descoordinación internacional…fue grande. De su escasa repercusión nos salvó la benignidad del virus, no la capacidad de respuesta». Critica también «la política de comunicación al retransmitir detalladamente cada muerte que se producía, la incertidumbre con la que la autoridad nacional decidió, las dudosas razones de la OMS y de la industria, junto con la ineficacia de los antivirales tras compras masivas y espectáculos mediáticos sobre los mismos, así como las controvertidas recomendaciones sobre la vacuna».

Valoración de la autoevaluación política española: es para llorar

La gestión de la pandemia de gripe A enseña mucho , pero nada parecen haber aprendido los responsables políticos en España

En el mundo ha habido muchas valoraciones de la gestión de la pandemia de gripe A, pero ninguna llega a la irrelevancia de la autoevaluación política española. En general, fueron muy benevolentes consigo mismas las evaluaciones de las instituciones, como en EEUU el Center for Disease Control o en Europa el European Center for Disease Control y la Comisión de la Unión Europea y en el mundo la propia OMS . Fue muy crítica la evaluación del Consejo de Europa .

Si se analiza lo publicado en el libro «¿Qué pasó con la gripe A?«, sobre la gestión de la pandemia en España hay que hacer notar que:

  1. No se incluye ningún dato sobre la mortalidad por la pandemia de gripe A, ni tampoco datos sobre ingresos ni sobre complicaciones. No hay cifras totales, ni su análisis pormenorizado según geografía, grupos de edad, factores de riesgo y/o clase social. Cuando se habla en general de la mortalidad por gripe se atribuye el buen resultado a la gestión y preparación frente a la pandemia.
  2. Falta todo el análisis de la difusión de los virus según grupos de población y tampoco se considera ni valora el impacto de la infección en la inmunidad de los infectados,pues no se citan estudios de seroprevalencia.
  3. Falta la más mínima mención al hecho de vacunar en septiembre de 2009 con la vacuna estacional ya preparada, que se sabía inútil pues no correspondía a las nuevas variantes víricas. Se empleó la vacuna preparada a sabiendas de que era, como mínimo, inútil. En la «campaña de vacunación antigripal» del otoño de 2009 se vacunó en septiembre con la vacuna estacional y en octubre con la específica contra la gripe A, pero la primera ni se menciona.
  4. Se olvida que la descoordinación llevó incluso a definir caso de gripe A según criterios distintos en cada Comunicad Autónoma .
  5.  No se hace constar que en ninguna reunión de los distintos comités del Ministerio se levantaran actas, por lo que el secretario general del Ministerio tiene que partir de «las notas y los recuerdos».
  6. Faltan los datos concretos sobre los contratos para la compra de vacuna y de antivirales, y tampoco se alude a si se conservan o puedan ser consultados. De hecho, el secretario general del Ministerio no sabe ni el precio exacto de la vacuna sin adyuvantes («…si no recuerdo mal…»). No se consideran otros gastos, como los del almacenamiento, distribución y administración de vacunas y antivirales.
  7. No se cita el ejemplo de Polonia, que no vacunó con la nueva vacuna específica contra la gripe A.
  8. Falta toda mención al movimiento GripeyCalma , de cientos de bitácoras/blogs de sanitarios, que logró poner un poco de cordura a partir de agosto. No se comenta la famosa carta de Mónica Lalanda, a primeros de septiembre, en que quedaba claro el disparate de la gestión de la pandemia y la propuesta del uso de las vacunas y de los antivirales, y los excesos de la ministra de Sanidad en los medios de comunicación . También falta la mención a las sociedades que apoyaron esta «calma» con el «Documento de consenso SESPAS» , en septiembre, a la que se sumó la Organización Médica Colegial (que ya en agosto había pedido «calma»). No se cita que a primeros de octubre se difundió el vídeo de Teresa Forcades, «Campanas por la gripe A» , por Alish, que obtuvo una inmensa popularidad, incluso con sus defectos, por la pertinencia de la crítica a una gestión que creaba desconfianza. La única sociedad médica citada es la Sociedad Española de Medicina Intensiva, conocida por sus predicciones apocalípticas y por sus propuestas carentes de fundamento científico para el uso de vacunas y antivirales frente a la gripe A.
  9. Es constante el considerar que las críticas son fáciles «a toro pasado», pero no se hace constar que desde junio de 2009 se sabía de la escasa mortalidad y desde primeros de agosto se hicieron críticas públicas sobre la gestión inapropiada en España, con una carta abierta a la ministra de Sanidad el 28 de agosto, a la que se respondió . Tampoco se analiza el problema consiguiente del descrédito de la gestión, los políticos y las instituciones entre los profesionales sanitarios (el 66% consideró «mala» la gestión de la crisis ). Por ejemplo, no se han estudiado las razones del rechazo a la vacuna antigripal de profesionales y de la población (por grupos y por distribución geográfica); es decir, no hay nada sobre vacunología social más allá de declaraciones genéricas.
  10. No se analiza la desidia de aplicar los protocolos preparados para la gripe aviar, y mantenerlos tal cual. Las autoridades y organizaciones sanitarias demostraron una doble inercia, retrospectiva (aplicaron los protocolos y planes de contingencia preparados para una posible pandemia de gripe aviar, en 2005, poco contagiosa pero muy grave) y prospectiva (los planes en marcha no se modificaron por más que fuera evidente la escasa gravedad de la pandemia de gripe A).
  11. Faltan datos sobre las consecuencias y coste en bajas laborales, pues hubo lugares (en Madrid, por ejemplo) en que incluso se aconsejó a todas las embarazadas que permanecieran en casa y no asistieran al trabajo.
  12. No se estudia el gasto en material como mascarillas, trajes, jabones, respiradores, guantes, etc; tampoco se analiza el gasto en el rediseño de los espacios en urgencias ni en la contratación de personal extra.
  13. Falta la más mínima consideración acerca de los «efectos colaterales» de la desviación durante meses, y casi en exclusiva, de la maquinaria sanitaria a la pandemia de gripe A. Es decir, se ignora todo respecto al impacto de «dejar de hacer (lo necesario) por hacer (lo de la pandemia de gripe A)».
  14. No se comenta la ínfima declaración de efectos adversos de las vacunas. Fueron 322 veces menos de los producidos para los efectos adversos leves y 37 veces menos para efectos adversos graves .
  15. El «principio de precaución» [¡no de «prevención»!] se emplea para justificar respuestas imprudentes y desproporcionadas, que desacreditan a las autoridades. No se analizan los fallos en la predicción de los «expertos», de la OMS, del ministerio de Sanidad, de las Consejerías de las Comunidades Autónomas e incluso del entorno de la industria, como el European Scientific Working Group on Influenza y el correspondiente en España, el Grupo de Estudio de la Gripe (con su «Gripómetro»).
  16. Se confunde transparencia con la presencia constante en los medios de comunicación de una ministra de Sanidad vana, locuaz y dicharachera, ignorando que la transparencia propiamente dicha exige poner énfasis y comunicar los pros y contras de las decisiones alternativas para facilitar la implicación de los profesionales y de la población . Fue obvio que las respuestas y actuaciones estuvieron más cercanas a la épica gesticulante que a la razón serena y sistemática .
  17. No se consideran los problemas de ética en la gestión de la pandemia que van desde las cuestiones referentes a los conflictos de intereses al respcto, al principio de autonomía, pasando por los métodos de selección de los expertos y otras muchos problemas de ética en salud pública.

La gestión de la pandemia de gripe A enseña mucho , pero nada parecen haber aprendido los responsables políticos en España. Su imprudencia y (probable) malicia, y su «haría lo mismo» repetido hasta la saciedad confirman la necesidad de lograr su procesamiento político y penal, ya pedido en 2010 .

El libro «¿Qué pasó con la gripe A?» es una prueba determinante para dicho procesamiento.

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Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

1 Comentario

  1. Carmelo says:

    Gervas: Me falta la opinión del (sobre) máximo responsable técnico político de salud pública estatal en ese momento, es decir del que era Director General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad que (excepto que fuera -como se dice en tu tierra «un pelamanillas» es el responsable) es el que tiene que dar todas las explicaciones de por qué se vacunó de «eso2 en este país. Yo no tengo ningina noticia de que dimitiera ene se momento por no estar de acuerdo.

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