Punto de vista Apuntes de un boticario

Hasta el Papa hace de boticario

Actualmente la velocidad a la que se circula por los medios de comunicación y el fácil acceso a la información están derribando estilos de vida que hace poco tiempo marcaban, por ejemplo, las bondades y maldades de alimentos, costumbres y remedios farmacológicos o caseros. Este rápido y brusco cambio ha sido tal que, aunque se lo expliquemos a los hijos que aún confían en nuestros conocimientos, se muestran incrédulos.

Que el médico de cabecera que visitaba a domicilio (he aquí un ejemplo de una especie extinta e increíble para los jóvenes) prohibiese tajantemente, cualquiera que fuese la enfermedad, la ingesta de, valga el ejemplo, pescado azul, era algo tan innegociable, (¡los eternos extremismos de la vida!), como los actuales protocolos que se aplican a los pacientes ingresados en hospitales. Hoy la famosa “marihuana”, “griffa legionaria” o coloquial “maría”, se está indicando, bajo el eufemismo farmacológico de cannabinol, para dolencias mayormente oncológicas. Pero no sólo como medicamento sino como producto de consumo. Pasen y lean.

¿Venta del cannabis en farmacia?

Una vez más los boticarios nos vemos incriminados en temas sanitario/sociales de extrema delicadeza.

Más de la mitad de los jóvenes españoles son partidarios de que el cannabis se venda de forma controlada en farmacias. A la luz de un estudio del Centro Reina Sofía sobre este asunto, se constata que la apuesta liberalizadora es mayoritaria entre los encuestados, con un 62% de defensores. Los que postulan la prohibición total se encuentran muy por detrás de los que piden la legalización. Quienes simpatizan con la legalización de los derivados del cannabis creen que debe ceñirse a los adultos y siempre que éstos fumen en privado. El trabajo ha sido elaborado mediante una encuesta por internet en la que han participado 1.205 jóvenes entre 16 y 34 años y la mayoría de estos quieren que las farmacias vendan cannabis. Una vez más los boticarios nos vemos incriminados en temas sanitario/sociales de extrema delicadeza.

El llamado actualmente “éxtasis” o “cristal”, que ya lo fabrican hasta en el lavadero de cualquier casa, al igual que el cannabis en la terraza de un piso, no es otra cosa que un viejísimo medicamento del grupo de los IMAO (inhibidores de la mono amino oxidasa) que en los años cincuenta del pasado siglo logró, entre otras terapias, que el joven opositor sea actualmente un rico y honrado notario o que el camionero llegara vivo transportando de madrugada, (para que también llegase “vivo”) el pescado fresco desde la lonja de Cádiz al mercado de Madrid, llamado desde entonces el primer puerto de España gracias a la frescura del género ofertado y la que manifestaba el agotado camionero en las viejas cuestas de Despeñaperros “gracias” a la anfetamina.

Papel del farmacéutico

También en este caso el farmacéutico juega un papel importante en cuanto consejero y dispensador de este tipo de fármacos.

¿Es igual aplicar la inflexibilidad dispensadora para el agotado camionero que para el niñato que va de marcha?

¿Y del alcohol?. En este caso no voy a referirme al vino de quina que Concha Piquer adquirió en una botica de Nueva York para animar unas Navidades en “tierra extraña”, como cantaba en el viejo cuplé, sino al trato social que hay que darle a este “producto” que es alimento y también medicamento. Aún los viejos mancebos recuerdan lo de “lléname esta botellita con alcohol de curar”

Yo he oído decir a un eminente doctor, en el transcurso de una mesa redonda, que se puede considerar alcohólico a todo aquél que consume diariamente una sola bebida que contenga etanol. Cuando, por el contrario, otro interviniente declaraba la bondad terapéutica de los vinos para determinadas dolencias y especialmente para retrasar el envejecimiento gracias a su rico contenido en polifenoles

Del tabaco no voy a escribir ninguna alabanza, ¡Dios me libre!, quizás sólo recordar que los viejos boticarios elaboraban cigarrillos de estramonio para los asmáticos y que hoy se debate, ¡otra vez la botica por medio!, la venta en ella de los electrónicos.

El consejo farmacéutico

El boticario es el “flexible” y permanente consejero sanitario que sin cita previa ni limitación de tiempo escucha a gente que, sin otra cosa que hacer

Viene todo a cuento por la importancia del consejo farmacéutico que en su prontitud, accesibilidad y mesura, es fundamental para que el paciente, harto de consejos desmedidos, mire su problema con la flexibilidad que, por su trato diario, el boticario le da. Me contaba mi “farmacéutico de cabecera”, aprovechando la Semana Santa pasada, festividad que en Sevilla, mi ciudad, tiene una especial relevancia, un hecho que me llegó al corazón y que no me resisto, escrito lo que antecede y por ello mismo, a relatar.

Dice, al tener su farmacia en el famoso barrio de Triana, que siempre que llegan estas fechas religiosas recuerda a un viejo paciente ya fallecido, llamado Sebastián. Este hombre trabajaba como alfarero en una fábrica de cerámica artesanal en la que ingresó como aprendiz desde que era un chavalillo. Por tradición familiar fue bautizado e inscrito como hermano de la Cofradía de El Cristo de la Expiración, conocido como “El Cachorro”.

Sebastián nunca usó túnica ni cirio sino que, desde que se hizo adolescente, realizó la estación de penitencia de su Hermandad como “costalero” llevando bajo la cerviz su venerado crucificado. Este paciente, ya amigo del farmacéutico de referencia, sufrió un problema cardiovascular y, como su edad estaba cercana con la de la jubilación, los médicos recomendaron su baja laboral permanente y en sus informes y posterior tratamiento le prohibieron prácticamente todo: bebidas alcohólicas, aunque fuese el famoso tinto con gaseosa, su querida cerveza, sal, grasas y lo peor, para el caso que nos ocupa, ¡no hacer el más mínimo esfuerzo físico!, lo que suponía renunciar a la devoción de “costalero” de su Cristo.

Fue tal la tristeza acumulada por Sebastián, tras su enfermedad, que el boticario llegó a pensar que la falta de ganas de vivir podía acelerar su muerte más que la propia dolencia. Por ello, un día cercano a las fechas que el calendario marcaba como Semana Santa y ante un Sebastián abatido y lloroso, el boticario se la jugó: “¿Quién te ha dicho a ti que este año no puedes llevar un ratito sobre los hombros a tu Cristo de El Cachorro?”.

Mi amigo habló con el capataz del paso de la hermandad y ambos se confabularon para que éste último llamase a Sebastián y le dijese que le faltaba un especialista en su cuadrilla de costaleros y lo requería “solamente” para la salida del Cristo. “¿Y si se entera mi médico?”. “No te preocupes que ya he hablado con el boticario y éste lo ha arreglado todo”. Sebastián salió bajo el paso de su Cristo, lo “sacó a la calle” y desde entonces su carácter, vida e ilusiones cambiaron radicalmente a mejor.

Por esto, y va de ejemplo tan anecdótico como verídico, el boticario es el “flexible” y permanente consejero sanitario que sin cita previa ni limitación de tiempo escucha a gente que, sin otra cosa que hacer, pone el codo en el mostrador y aunque el farmacéutico siga “despachando” oye cosas como ésta: “D. José, ¿que el vino es malo?. Lea usted aquí lo que “dice” el periódico: El Papa Francisco ofreció una explicación en la audiencia general sobre el milagro de las Bodas de Caná (en las que Jesús convirtió el agua en vino) diciendo: «Un banquete nupcial sin vino es una vergüenza para los recién casados, ¡imaginaos acabar el banquete bebiendo té! El vino es necesario para la fiesta» ¡Óle ahí el Papa!

 

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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