El mirador

No tocarás al niño sano. No mutilarás en vano. No a la circuncisión infantil.

En su crítica de intervenciones nada sanitarias, por más que se traten de escudar en motivos de salud, en esta ocasión el comentarista pone su atención en las circuncisión de los niños. Y es que, para prevenir enfermedades, mejor sería actuar sobre las condiciones de vida, como lo han demostrado las actuaciones políticas y sociales que lo han hecho.

Hay individuos excepcionales, personas que nos deslumbran en su sencillez e inteligencia. Puede ser un pastor con el que entablamos conversación en un alto, durante una marcha en la montaña, que razona con tino inigualable sobre los políticos. Puede ser una paciente corriente y moliente, que acude por cualquier motivo y en la entrevista clínica desvela una nueva comprensión del enfermar que ni habíamos imaginado. Puede ser una figura histórica poco conocida, muy controvertida, que nos ilumina con una frase contundente y redonda. Puede ser un niño que reacciona sin trabas culturales y sociales para comentar el atropello por un coche del pobre que pedía en el semáforo. Puede ser una lectora que escribe para criticar un texto y da en el centro de la diana de la ignorancia del firmante.

 

Hay individuos excepcionales, no hay duda. Y sobre ellos, sobre sus hombros, se ha ido generando la civilización por más que a muchos no los recordemos, ni salgan en los libros de historia.

 

Alguien escribió: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.

 

Deslumbra tal frase, por cierta y más por estar escrita en español por alguien que la transformó en acción.

 

Ramón Carrillo

 

Fue Ramón Carrillo un médico argentino, nacido en Santiago del Estero (Argentina) y muerto en Belem de Pará (Brasil) en 1956.

 

Murió a los 50 años pobre, perseguido y en el exilio. Su figura fue encumbrada y arrastrada, según gentes y tiempos. Como médico empezó siendo investigador excepcional en el campo de la neurología y neurocirugía, donde destacó por sus estudios sobre la neuroglía y la aracnoides. Era un médico con preocupaciones sociales y abandonó la carrera científica por la política. Se convirtió en el primer ministro de sanidad de Argentina, en el primer gobierno de Perón. Duró ocho años y dimitió poco antes de la caída del segundo gobierno de Perón.

 

Ramón Carrillo fue quien escribió la susodicha frase sobre la importancia de las “condiciones sociales” incluso por encima de los microbios. Como dijo aquel torero con mayor concisión: “más cornás da el hambre”. Fue Manuel García, “El Espartero”, nacido en Sevilla en 1865 y muerto en la plaza de toros de Madrid, por un miura, “Perdigón”, el primero de la tarde del 26 de mayo de 1894. Por los toros salió del hambre y un toro lo mató cuando era rico y comía todos los días.

 

Ramón Carrillo aplicó la política para hacer desaparecer, o paliar, las causas de enfermedad y logró erradicar el paludismo en Argentina, redujo a la mitad la tasa de mortalidad infantil, y llevó a cabo planes globales que disminuyeron los casos de sífilis y tuberculosis. Defendió la planificación central y la ejecución periférica, para que se pudieran tener en cuenta las condiciones locales.

 

Ramón Carrillo se sensibilizó sobre el poder mortífero de la pobreza y del hambre examinando a reclutas y comprobando su deterioro juvenil por consecuencia de las condiciones de vida (que no “estilos de vida”). Los jóvenes reclutas eran débiles y estaban enfermos por una infancia de carencias, de pobreza y de hambre. Lo de menos era la tuberculosis, lo de más la injusta distribución de la riqueza.

 

No tocarás al niño sano

 

Todos los chequeos son inútiles (y perjudiciales). Los chequeos tienen más de 100 años de antigüedad y son muy populares, pero nunca han demostrado sus ventajas. Los chequeos prometen más salud, más diagnóstico precoz y menos gasto, pero logran justamente lo contrario. Son populares, habituales y siempre perjudiciales. Pero son más perjudiciales y más inútiles a menor edad. En todas las situaciones los sanos deberían ser “intocables” por médicos y profesionales sanitarios. Un sano es sagrado, un sano no se toca. Pero más sagrados son los niños sanos. Y sin embargo, se han impuesto las revisiones del niño sano, las consultas de seguimiento del crecimiento y del desarrollo, los programas de atención al niño y demás.

 

Son chequeos sin más, pero se disfrazan de nombres rimbombantes (altisonantes en realidad) y gozan de gran predicamento entre muchos pediatras y enfermeras. Les atribuyen virtudes mágicas no demostradas, como educación para la salud, conocimiento de la familia y demás. En realidad son programas y actos que medicalizan la vida del infante, “expropian la salud” y establecen un sistema médico-biológico del vivir, desarrollarse y ser feliz. Son más peligrosos por enseñar conductas al niño que se marcarán indeleblemente y que convierten a las personas en “médico-dependientes”.

 

Hay pediatras que dicen que así conocen a la familia. Es curioso que este noble afán no se transforme en visitas a domicilio. Sabemos que las visitas a domicilio no son populares entre los pediatras. En 2007 hubo en el Sistema Nacional de Salud unas 29 millones de consultas con pediatras y apenas 21 mil visitas a domicilio (menos del 1 por 1.000). La visita a domicilio es la que da acceso a información de la familia y de su ambiente, de los “condicionantes sociales” que afectan a la salud de los niños. Pero eso no importa a los pediatras del modelo biológico del enfermar, de esos empeñados en “controlar” al niño sano (y en embutirlo con vacunas tan absurdas como la gripe, el rotavirus, el neumococo, la varicela, el papiloma y demás).

 

Ya dijo Vicente Ortún, economista de la salud, que “lo que hay que hacer son programas del niño pobre, no del niño sano”, con la concisión de un Ramón Carrillo o un Manuel García “El Espartero”. “Es la pobreza, estúpido”, que hubiera dicho el otro si se hubiera atrevido.

 

En lugar de mejorar las condiciones de vida, por estos lares se prefiere tocar a los niños sanos, como si fuéramos de esos curas-obispos pederastas. ¡Qué pena!

 

No mutilarás en vano

 

La gente hace cosas increíbles, como tatuarse una serpiente en el pene, o ponerse un cascabel en el capuchón del clítoris. Lo hacen de mayores, así que no hay nada que decir, excepto asegurar condiciones de higiene y la aceptación voluntaria. El problema es muy distinto cuando las cosas increíbles se imponen. Por ejemplo, histerectomías innecesarias.

 

La histerectomía es la intervención ginecológica más frecuente en el mundo, y la más frecuentemente innecesaria. Es una mutilación en cierta forma sádica, el final del tormento médico de la mujer, que empieza ahora con la vacuna contra el papiloma, prosigue por las citologías de cuello de útero, continua con pautas marciales en embarazo, parto y puerperio, sigue con el cribado de cáncer de mama, con los “parches para la menopausia”, las densitometrías y el tratamiento para la osteoporosis y acaba en la histerectomía. Todo un rosario de despropósitos a que se aplican algunos ginecólogos y obstetras. Es el encarnizamiento diagnóstico y terapéutico contra las mujeres

http://www.equipocesca.org/uso-apropiado-de-recursos/encarnizamiento-diagnostico-y-terapeutico-con-las-mujeres/

 

La histerectomía es mutilación interna, que no se ve. Tampoco se ve la amigdalectomía (tonsilectomía) que vuelve con fuerza. Es invisible, también, la uvelectomía, practicada por judíos de Etiopía. Más visible es la ablación del clítoris en las niñas y la extirpación del prepucio en los varones. Todas ellas son mutilaciones en vano, innecesarias pero justificadas en falso por razones religiosas, médicas, culturales y sociales. Más horrorosas cuanto menor edad tengan las víctimas.

 

En Alemania acaban de condenar a unos padres musulmanes que practicaron la circuncisión a su hijo. Con gran escándalo de la comunidad judía, que lo vive como un asalto a la libertad religiosa

http://www.abc.es/20120627/internacional/abci-tribunal-aleman-condena-circuncision-201206261930.html

 

También ve de la misma manera la comunidad judía de Nueva York la petición de consentimiento informado (de los padres, obviamente) para realizar la circuncisión ritual en la que quien hace la operación sorbe la sangre de la herida (“metzitzah b’peh”). Esta práctica conlleva el riesgo de contagio de herpes y la muerte del bebé por la infección

http://www.nytimes.com/2012/10/12/nyregion/jewish-groups-seek-to-block-new-nyc-rule-on-circumcision.html?r=0

 

En los EEUU es frecuente la circuncisión, por más que se está abandonando. El 55% de los varones estadounidenses está circuncidado (más en el EEUU profundo, y mucho menos en el civilizado Oeste). Ahora aumentarán de nuevo las circuncisiones pues la “American Academy of Pediatrics” acaba de recomendar que sea un procedimiento cubierto por los seguros

http://pediatrics.aappublications.org/content/early/2012/08/22/peds.2012-1990.full.pdf+html

 

Dicen que disminuye las infecciones de transmisión sexual, las infecciones urinarias y el cáncer de pene. Tales argumentos son peregrinos, por más que en algunos países de África (no en países desarrollados) se haya demostrado la eficacia de la circuncisión para disminuir la transmisión del virus del SIDA (en el sexo de varones con mujeres, no con otros varones).

 

El empeño de circuncidar a los varones africanos parece una salva de pólvora falsa cuando lo que había que hacer es comerciar justamente y compensar todo lo robado para que África deje de ser colonia “de facto” y se redistribuya y genere riqueza (para que cambien las condiciones de vida, que si mejoran disminuyen las enfermedades de pobres, como el SIDA).

 

Las infecciones urinarias en varones no justifican la mutilación bárbara de los bebés, y lo del cáncer de pene suena a chiste pues la probabilidad de morir por cáncer de pene es muchísimo menor que la de morir por un rayo.

 

“Más cornás da el hambre”, pero aquí no se impondrá un “programa del niño pobre” (con un conveniente eufemismo, pues no hace falta ofender a la víctima). En su lugar se se seguirá tocando al sano (se mantendrán los programas del seguimiento del desarrollo infantil) y las mutilaciones en vano, como tonsilectomías y circuncisiones.

 

¡Pobres niños!

 

Juan Gérvas ([email protected]) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Juan Gérvas

Acta Sanitaria