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¿Chequeos? No. Son inútiles

Juan Gérvas Nov-16 (1)

De la inutilidad de los chequeos no sólo dan cuenta estudios científicos sino, como recoge el autor, lo confirma la realidad cotidiana, como el caso real, pero novelado, que pone como ejemplo. Además de inútiles, peligrosos.

Contraintuitivo pero cierto: los chequeos son inútiles

La idea general es de “bondad” respecto a los chequeos de salud, esas revisiones periódicas con más o menos estudios y determinaciones. Pero los chequeos no disminuyen la mortalidad general, ni la mortalidad por causa cardiovascular ni la mortalidad por cáncer, como demostró una revisión Cochrane de 2012 acerca de los resultados de 16 grandes ensayos clínicos realizados entre 1963 y 1999 http://www.bmj.com/content/345/bmj.e7191

Los chequeos no disminuyen la mortalidad general, ni la mortalidad por causa cardiovascular ni la mortalidad por cáncer

Con los mismos resultados, que no había tenido impacto ni en la incidencia de isquemia coronaria ni en la mortalidad, concluyó en 2014 un programa de 5 años de intervención y 10 de seguimiento con “chequeos” 4 veces al año de factores de riesgo cardiovascular, realizado en Copenhaguen (Dinamarca) sobre 60.000 personas de 30 a 60 años http://www.bmj.com/content/348/bmj.g3617  http://www.dcscience.net/Gotzsche-health-checks-2014.pdf  http://www.jclinepi.com/article/S0895-4356(15)00515-6/pdf

Hay que aceptarlo, los chequeos son inútiles, sin más http://www.actasanitaria.com/el-mirador-de-juan-gervas-chequeos/  https://theconversation.com/health-check-should-you-get-general-health-check-ups-22897  https://www.researchgate.net/profile/Margaret_Mccartney/publication/277407941_NHS_Health_Checks–a_naked_emperor/links/56b4700b08ae636a540e719a.pdf

Además, en el sentido de salud pública, los chequeos plantean graves problemas éticos al provocar una “sobre-responsabilización” individual en el campo de la salud que va contra la equidad y la solidaridad
https://academic.oup.com/phe/article-abstract/10/1/35/2907928

Un caso clínico

Rafael tiene 45 años y está en la plenitud de su vida. Rafael, casado (su mujer también trabaja), con dos hijos, tiene formación universitaria en comunicación y periodismo y acaba de lograr un nuevo puesto de trabajo que le supone el ascenso soñado, profesional y laboral. Además del aumento de sueldo, el nuevo puesto tiene privilegios como el uso con chófer del automóvil de la empresa y un seguro sanitario privado por todo lo alto.

Rafael es un varón preocupado por la salud, en cierta forma un “metrosexual” que no fuma, hace gimnasia, come “sano” y en general se cuida. Su único vicio es beber buen vino, una copa con la cena. Además, todos los años va un fin de semana con los amigos de turismo “prudente” por las bodegas de España, Francia y otros países, por las rutas del vino (enoturismo). “Hay que tener en cuanta que uno no es un chaval”, dice para justificar su moderación.

En cuanto tiene un hueco, a la semana de instalarse en su nuevo despacho, hace una llamada al seguro privado para contratar un chequeo “Pero que sea completo, completo, completo. Lo mejor”. Le ofrecen el chequeo “premium” en el que se analizan hasta 400 variables. Tiene que ir en ayunas y con una limpieza previa de colon con un laxante que le recomiendan. Es el día entero.

Los chequeos son inútiles y, además, inician “cascadas” diagnósticas y terapéuticas que pueden producir graves daños

Rafael acude temprano y duchado, en ayunas y “Con el colon reluciente”, dice al médico general-de familia que le atiende en primer lugar. Tras una historia clínica minuciosa en que se revisan sus antecedentes personales y familiares pasa al examen físico general, desde los pies a la cabeza. Vienen a continuación los análisis de sangre, orina, semen y sudor y una muestra de saliva para la genética, todo ello apropiado a su situación, edad y antecedentes. El examen oftalmológico lo hace un oftalmólogo. La audiometría la valora un otorrinolaringólogo, que también hace una exploración a fondo de fosas nasales, senos paranasales y cuerdas vocales. La espirometría corresponde a un neumólogo, que le vuelve a auscultar y a explorar. El especialista de digestivo le hace una colonoscopia, además de la exploración del ano y recto; con el aliento determina si tiene Helicobacter pylori. El cardiólogo le ausculta el corazón y valora el electrocardiograma, en reposo y durante la prueba de esfuerzo así como la ecografía carotídea y aórtica. Es visto posteriormente por el urólogo, que hace un tacto rectal y una ultrasonografía transrectal de próstata. Todo ha sido normal. Ya por la tarde y después de un almuerzo “saludable” incluido en el chequeo vuelve a ver al médico general-de familia que le explica el conjunto de resultados incluyendo los análisis que han llegado. Le hacen después la TAC (scanner) de cuerpo completo, que incluye el estudio detallado de las calcificaciones en las coronarias. Finalmente un dermatólogo revisa a fondo su piel y hace fotografías varias de los nevus.

Han pasado casi 12 horas y al final de la tarde todo es normal, excepto una “mancha en el hígado” según le expone el especialista de digestivo. Rafael siente un nudo en la garganta y la piel fría “¿No tendrá importancia?”. “No, no, ninguna. Pero sería conveniente hacer una biopsia. Con anestesia local, por supuesto”. “¿Una biopsia?”. “Se la hacemos en un momento mañana mismo, en un rato por la mañana temprano, antes de que vaya al despacho”. “Pero, ¿qué está pensando?”. “La imagen no es clara, lo más probable es que se trate de un nódulo benigno. Hay que confirmarlo, pues si no fuera benigno habría que intervenir”. Rafael insiste pero no consigue más información.

Vuelve a casa alicaído. Su mujer se asombra del resultado y organiza todo para acompañarlo al día siguiente, incluyendo llamar a la chica que hace de canguro para que se encargue de llevar a los niños al colegio y a su suegra para que los recoja por la tarde (“Por si acaso”). La secretaria de Rafael anula una importante reunión programada para la mañana siguiente. Rafael no duerme en toda la noche.

Al día siguiente se presenta en el hospital con su mujer y le pasan al quirófano mientras ella se queda en la sala de espera. Aquello le impresiona pues todo está preparado para una operación. “¿No es con anestesia local?”. “Sí, sí. Es el protocolo, no se preocupe. Es por seguridad. Ya sabe, las normas”.

Todo se complicó y Rafael terminó con anestesia general. Su mujer autorizó la intervención. Rafael no lo supo hasta el día siguiente, en la Unidad de Cuidados Intensivos. Lo que parecía un nódulo benigno resultó ser un hemangioma muy friable que se rompió inesperadamente en el curso de la operación, de forma que la hemorragia casi le mata. Hubo que transfundirle tres unidades de sangre e intervenirle de urgencia para hacer una resección hepática y contener la hemorragia.

Rafael no tuvo ninguna otra complicación.

Lo visitó el director del hospital con el especialista de digestivo y le explicaron que la imagen de la TAC no permitía descartar un tumor maligno y de ahí la biopsia. Que el seguro cubría todos los gastos. Al cabo de una semana fue dado de alta, “Todo está yendo muy bien. Descanse unos días para superar la convalecencia. ¡Ah! ¡De alcohol, ni una gota!”.

A los quince días estaba trabajando de nuevo. Rafael se juró no volver a hacerse un chequeo. Lo recuerda cada día cuando se tiene que negar a sí mismo la copa de vino en la cena (la llena, la huele intensamente varias veces y, al terminar la cena, la vacía en el fregadero sin decir nada). A su esposa este ritual le rompe el corazón y espera que lo deje en el futuro. Rafael teme que los amigos vuelvan a organizar un fin de semana de turismo por las bodegas pues no sabe si resistirá la tentación.

Síntesis

Los chequeos son inútiles y, además, inician “cascadas” diagnósticas y terapéuticas que pueden producir graves daños.

Por su salud, sea precavido y diga no a los chequeos.

NOTA

Este caso se basa en hechos reales, novelados. Procede del libro “La expropiación de la salud”, de Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández. Libros del Lince, Barcelona, 2015 http://linceediciones.com/es/libro/la-expropiacion-la-salud/

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

4 Comentarios

  1. Javier Ramírez says:

    Una entrada muy interesante. Conozco varios casos cercanos similares: cascadas diagnósticas que se iniciaron sin sentido, se complicaron por el camino (incluso riesgo vital) y por suerte acabaron más o menos bien, pero con mucha iatrogenia y desde luego sin ningún beneficio sobre la salud.
    Lo que sí hay que puntualizar es que ciertas actividades preventivas, seleccionadas en función del sexo, edad y factores de riesgo del paciente sí resultan beneficiosas para el paciente. En ocasiones, la población confunde este tipo de actividades (toma tensional, analíticas básicas y serologías…) con los llamados ‘chequeos’, que es como llamamos nosotros a la realización de rutinaria, indiscriminada e impersonalizada de pruebas.
    Salud

  2. francisco mateos says:

    Totalmente verdad, los chequeos indiscriminados no son científicos, solo sirven para las mutuas del seguro privado para el negocio y el capitalismo salvaje sanitario….sólo defiendo chequeos puntuales y dirigidos a determinados órganos en personas de riesgo..lo que se llama el screening selectivo….
    Gracias

  3. ADR says:

    Lo peor de los chequeos está en la Salud Laboral en las contrataciones y revisiones de empresa. Ahí está el principal problema de los chequeos. Se ha creado un negocio muy lucrativo que sólo sirve para que las mutuas o seguros privados hagan negocio en gente sana. En algunas empresas y muchos países, como la cercana Andorra, se expulsa a los trabajadores extranjeros o inmigrantes que tengan alguna tara o defectos en la analítica. Es la Ley lo que permite o incentiva este desaguisado.

  4. Roberto says:

    Claro, por supuesto, no hay que hacer chequeos indiscriminados; solo los justos, los que controlen los factores de riesgo de cada paciente.
    Lo que pasa es que yo soy un potente factor de riesgo para mis pacientes (el sistema sanitario) y eso no lo suelen contemplar los chequeos. Así es que me siento un poco como el lobo que guarda el rebaño de otros lobos; complicado.
    A los meses de empezar a trabajar me llegó la idea de que mi sueldo estaba bien ganado si conseguía que mis pacientes se alimentaran bien, hicieran ejercicio, reposo, el tabaco, una red emocional fuerte y quizás algo más en casos puntuales. En los más de 35 siguientes años nunca he podido descartar esa idea.
    Me siento algo estafado en mi vida profesional que ha servido para cubrir las demandas de programas institucionales, protocolos, chequeos que solicita una sociedad manipulada, etc. Las personas han ido desapareciendo progresivamente, según aumentaban los registros y la informática; salvo en tiempos recientes donde las compañías privadas vuelven a interesarse por las personas… o por el dinero de esas personas que tienen dinero, en realidad.
    Al fín y al cabo las personas siguen queriendo una atención personal, alguien que les conozca, que les de confianza, que estudie y mire por ellos. Eso sigue vendiendo aunque les quieran engañar con la confianza fria de la tecnología y los chequeos, mucho más fáciles de ofertar.
    Quizás hasta D. Francisco de Quevedo se extrañaría del poder de su poderoso caballero “D. Dinero” en nuestros tiempos; los chequeos son otro buen negocio.

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