El mirador escenificación de una visita médica domiciliaria

Visita a domicilio a una paciente que llora

En un alarde de inspiración poética, el autor escenifica magistralmente una visita médica a un domicilio, una situación que comienza a ser poco común entre algunos profesionales de la Medicina, pero que, sin duda, conforma un elemento esencial para conocer el entorno en que se desarrolla la enfermedad.

-¿Hay algo urgente para mí? – pregunta Susana a las administrativas en la recepción del centro de salud

-No sé – contesta Ana, la mayor y con más aplomo – Han dado un aviso, una chica llorando, con diarrea, y no tiene asignado médico. Es estudiante Erasmus, habla muy mal español. Pedro está hoy de avisos, pero ya ha hecho cuatro ¿Te damos este aviso a ti y la ponemos contigo?

-¡Vaya, me tenía que tocar! ¡Por preguntar! Y por tener tiempo para preguntar que es lo malo de gestionar bien la consulta – añade para sí misma, en voz muy baja – Vale, sí, ponla conmigo y nos vamos ahora a verla. Dame el aviso, por favor -y, dirigiéndose a Clara, la estudiante de tercero de medicina – ¿Te vienes conmigo?

-¡Encantada! – contesta Clara

Estudiantes asistentes al taller de Educación MédicaI

Clara está rotando por el centro de salud, un mes. Hoy está con Susana porque su tutor no ha venido, ausente en una reunión en la Gerencia.

Susana va a su despacho, se quita la bata, se arregla un poco el pelo y, mirándose al espejo, piensa: ¿Se me notará en la cara que soy tan tonta como soy, siempre cargando con lo que nadie quiere y encima contenta?

En ese momento, Clara que también se ha quitado la bata y está recogiendo sus cosas, le dice: Será mi primera visita a domicilio.

-¿De verdad? ¿Cuánto tiempo llevas rotando?

-Dos semanas; pero es que mi tutor sólo tiene un día al mes de domicilios. Dice que, en general, es un abuso, que son los típicos abusuarios los que siempre quieren ser vistos en su casa.

-Pues yo los hago a diario. De crónicos, según cada caso, y los agudos, en el momento. Creo que no hay nada más bonito que convertirte en invitada y huésped de una familia que te necesita. Me encantan los avisos a domicilio – añade Susana mientras termina de recoger la consulta y comprueba que lleva de todo en el cabás

-¡Qué bonito maletín! -dice Clara

-¿Te gusta el cabás? Si algún día fueras médica de familia te regalaría uno, me ha gustado mucho el interés que has puesto con los pacientes. A mí este me lo regaló mi tutor rural, un personaje que deberías conocer, sobre todo si te gustan las lentejas.

-Me gustan, pero ¿qué tiene que ver lo uno con lo otro?

Con la cháchara han salido ya del centro de salud y caminan por la acera de una calle urbana sobrecargada de tráfico.

-Es un médico de Toledo, de pueblos de La Mancha, de esos médicos que todavía quedan, que creen en su profesión y en los pacientes y que son humildes -continúa Susana

-¡Me gustaría rotar allí! -dice Clara con entusiasmo

-Pues pídeselo. Hace poco tuvo una estudiante brasileña. Su fama ha cruzado las fronteras.

-¡Vale! Lo haré. Ya me darás su teléfono.

-Si lo dices en serio, déjame que se lo comente esta misma tarde y ya te digo mañana, ¿vale?

-Lo digo en serio. Me parece bien que lo llames para comentarlo. De acuerdo.

Están ya en el portal. Es una casa que Susana reconoce.

-En esta casa tengo una paciente anciana, Doña Fe, que vive sola y no sale de casa. Voy a llamar al telefonillo y le anuncio que pasaremos a verla cuando acabemos – Y Susana llama, efectivamente, y habla con una anciana que entusiasmada le promete recibirla con una quesada que hizo ayer, para su sobrina que vino a visitarla. Y apostilla: Si hay una estudiante, mejor. Me encanta la gente joven

Susana llama después al telefonillo de la estudiante y explica que es la médica del centro de salud. No se oye respuesta alguna pero les abren la puerta.

Suben en el ascensor, y Susana aprovecha para preguntar a Clara: ¿Hablas inglés?

-Sí, hablo inglés, francés y alemán. Me gustan los idiomas, y viajar.

-¡Qué bien! Yo me defiendo sólo con el inglés. También me gusta mucho viajar.

Llegan al rellano y la puerta está abierta. Susana toca el timbre y nadie responde. Abren del todo la puerta hablando en alto y preguntando: ¿Hay alguien? ¿Hay alguien por aquí?

Por respuesta crece el sonido del llanto, que ahora distinguen sin duda. Cierran la puerta y siguen hasta el final del pasillo. La casa parece la típica compartida por estudiantes, con restos evidentes de una fiesta. En el dormitorio del fondo una chiquilla llora desconsoladamente, metida en la cama.

Muestra de la escenificación de la visita a domicilio

Susana se hace cargo de la situación sin mayor problema. Se presenta y presenta a Clara con tranquilidad y hablando muy despacio: Soy la médica del centro de salud al que has llamado hace un rato. Me llamo Susana y vengo con Clara, estudiante de Medicina, que estará aquí conmigo, si no te molesta. ¿Entiendes lo que te digo?

-Yes, yes. Sí, sí, perdón. Sí entiendo. Gracias por hablar despacio, así entender mejor – responde en mal español, cediendo la paciente un momento en su llanto.

-¿Te importa que nos sentemos? ¿Y qué subamos la persiana y abramos un poco la ventana? No vemos bien y el ambiente está cargado – remata Susana mientras sube la persiana y entorna la ventana que acaba de abrir, pone una silla para Clara y ella misma se sienta en el borde de la cama. La habitación luce ahora más, llena de luz, es muy alegre y hay flores naturales en la mesilla.

-¡Qué bonitas flores!

Me las regaló una amiga. Ayer fue mi cumpleaños

-¿Tuvisteis fiesta?

-Sí. Lo siento. La casa está sin recoger. Es que diarrea. Caca. Sin parar – y reanuda el llanto, con gran sentimiento

-¡Vaya! ¿Y eso?

-Con diarrea todo el rato, no puedo hacer nada. Desde niña no tan gran diarrea

-¿Tuviste también diarrea en la fiesta?

-¡No, no! Fiesta muy bien. Algo debí comer que mal, muy mal. Todo el rato caca. Sin parar

-¿Crees que sería algo que comiste en la fiesta, hay alguien más con diarrea?

-No sé. Pero no puedo hacer nada, no puedo recoger la casa, mis compañeras se han ido a clase y estoy sola – y rompe a llorar de nuevo

Susana le da la mano, y la paciente se la aprieta y dice: Estoy muy triste. Débil, sin ganas de hacer nada. Gustaría estar en casa y que me cuidara mi mamá. Nunca me había pasado.

-Además de la diarrea, ¿hay algo que te preocupe?

-Sííí…El Brexit

-¿El qué?

-El Brexit, la salida de UK de la Unión Europea. ¿Qué va a ser de mi beca Erasmus? – y vuelve a llorar con desconsuelo

-Parece que va para largo; y, de todas maneras, algo tendrán que hacer pues son muchísimos los estudiantes en las mismas condiciones. ¿Me dejas explorarte?

Susana explora a la paciente en busca de puntos de dolor, de masas abdominales o de rigidez de la pared. Todo es normal. Pregunta y tampoco hay sangre en las heces, ni fiebre, ni vómitos. Va a lavarse las manos que se seca con papel higiénico mientras piensa: Pues no está mal el cuarto de baño, de grande y limpio, para ser una casa compartida de estudiantes…

-Parece una diarrea inespecífica -dice al volver al dormitorio, y añade dirigiéndose a Clara – no hay ni signos ni síntomas de alarma. ¿Quieres preguntar algo más?

Clara se sorprende y apenas acierta a decir: ¿Qué tal vas de la regla, la menstruación?

-Bien, bien. La última la semana pasada. Y – bajando la voz – tomo la píldora…

-¿Has tomado algún otro medicamento, como antibióticos? – añade Clara

-No, no, ninguno

A Susana le agradan las preguntas de Clara, y se le nota.

-Si te parece bien te voy a preparar un suero de rehidratación oral. Llevo unos sobres en mi cabás, y en la cocina puedo encontrar algo para preparar un par de litros

-Sí, de acuerdo. Pero está todo sin recoger…

-No hay problema. Clara, por favor, anota nombre completo y si tiene algún dato del Servicio Nacional inglés, algún documento, y pregunta sobre si hay  algo de interés respecto a antecedentes de salud, de ella y de la familia. Voy a la cocina un momento

Susana va a la cocina y cacharrea un rato hasta encontrar lo que quiere. De paso recoge lo más evidente y deja la cocina presentable. Vuelve al dormitorio, donde Clara y la paciente están de animada charla, sin asomo de llanto alguno. Se sienta de nuevo en el borde de la cama y dice: Mira, he hecho dos litros de suero oral. Uno lo he dejado en el frigorífico, y este es para que lo empieces a tomar ahora. Poco a poco, a sorbitos, como en una hora el litro, para que no te deshidrates. El otro litro te lo tomas a lo largo de la tarde. ¿Me entiendes?

-Sí, sí, habla muy bien y muy claro, gracias

-La diarrea irá pasando, y cuando tengas ganas de comer prepárate algo, que he visto que en el frigorífico hay de todo. Como es viernes, por si acaso, te dejo mi teléfono, y si algo va mal me llamas y decidimos qué hacer. ¿Te parece bien?

-Sí, sí.

-¿Crees que deberíamos hacer algo más, Clara?

-No, no, todo me parece perfecto – y Clara se ruboriza al sentirse tratada casi como una compañera médica

Susana se pone en pie y dice a la paciente: Ya sabes, un litro en la primera hora, más o menos, y otro a lo largo de la tarde. Cuando tengas apetito prepárate algo. Lávate bien las manos después de ir al servicio. Si tienes algún problema me llamas. ¿Tienes alguna duda, quieres preguntarme algo más?

-Sí, por favor, me escribe nombre y apellido en el papel del teléfono, así podré pedir hora con usted si la necesito algún día. Hoy no sabía qué decir

-De acuerdo – y Susana va deletreando mientras escribe – Su-sa-na Ló-pez. Doctora Susana López.

Susana le da la mano a la paciente, y Clara un beso.

Salen de la casa satisfechas y dispuestas a parar en la casa de Doña Fe a probar la quesada.

Agradecimiento

A la organización de la XII Edición del Congreso de Educación Médica y a los 75 estudiantes de Medicina de toda España que participaron en el taller en que se presentaron y debatieron las cuestiones analizadas en este texto. En especial a las tres estudiantes que se atrevieron a escenificar el caso expuesto en este Mirador. Se complementa con «Para estudiantes de medicina que dudan de porqué estudian medicina»

http://equipocesca.org/para-estudiantes-de-medicina-que-dudan-de-porque-estudian-medicina/

 

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

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