Punto de vista Apuntes de un boticario

Vuelve la burra al trigo

La polémica suscitada en la profesión enfermera por la actuación de las farmacias de Cantabria bajo el lema ‘Peso y Salud Infantil’, ha llevado a nuestro colaborador a realizar estos ‘Apuntes’ sobre la base de lo publicado en algunos medios de comunicación.

Estaba un servidor escribiendo cosas bonancibles para engarzarlas en mis “Apuntes” cuando, sin quererlo ni beberlo, me estalla de nuevo una “noticia” que creía amortizada pero que, obviamente, me hace reaccionar.

Piensen (aunque es real) en una campaña puesta en marcha en su habitual oficina de farmacia dedicada a identificar posibles casos de obesidad infantil en niños entre 5 y 14 años, ofrecer recomendaciones saludables y, si es el caso, recomendar (derivar) la visita al médico. Todo ello, vaya por delante y como tantas otras actuaciones, sin contemplar compensación económica alguna por la actuación.

¿Una iniciativa positiva? Para el colectivo de enfermeros, todo lo contrario: un “riesgo para la salud de los pacientes”; una acción “ni sensata ni procedente” (¡Insólito!, esto es mío) Hasta el punto de solicitar a la Consejería de Sanidad de la CC.AA pertinente, que ampara y subvenciona el desarrollo de esta campaña, la retirada “inmediata” de la misma.

Farmacias cántabras

El programa «Peso y Salud Infantil» reivindica las funciones del farmacéutico como agente activo de la promoción de la salud y prevención de la enfermedad.

Las farmacias cántabras, donde se está llevando a cabo la campaña “Peso y Salud infantil”, han sido en esta ocasión la ‘diana’ escogida por Enfermería hacia la que ‘apuntar’ sus recelos en torno a cualquier actuación asistencial desde las farmacias en el ámbito de la Salud Pública. Unos recelos que “despiertan” nuevamente dado que, tras un periodo especialmente crudo respecto a los ataques desde Enfermería a la farmacia asistencial y su oposición a la asunción de nuevas funciones por las boticas, las aguas parecían bajar tranquilas en la actualidad. Cuando menos, el affaire parecía en barbecho.

Primero el Colegio de Enfermería de Cantabria, y posteriormente con el apoyo del Consejo General de Enfermería, ha pedido a la Consejería de Salud cántabra la retirada “inmediata”, repito, de una campaña que en nada contribuye a la mejora de la calidad asistencial y a prestar unos cuidados seguros y de excelencia a la población infantil de Cantabria. Unas reclamaciones que, como es lógico creo, parecen caer en saco roto. Según el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Cantabria, la Consejería les ha corroborado que el programa continuará adelante “y en los mismos términos en los que se está desarrollando”.

Peso y Salud Infantil

El programa «Peso y Salud Infantil» reivindica las funciones del farmacéutico como agente activo de la promoción de la salud y prevención de la enfermedad. En concreto, para contribuir a atajar esa lacra sanitaria que supone que en la actualidad alrededor de un 40 por ciento de los niños con sobrepeso a los 7 años se convierten en adultos obesos.

Para evitar estas patologías, las oficinas de farmacia ofrecen al ciudadano la posibilidad de detectar precozmente alteraciones en el peso infantil con la posibilidad de remitir al pediatra para su valoración, en caso de que fuera necesario. Las actuaciones del farmacéutico se limitan a realizar pruebas de peso gratuitas a los niños, asesorar a sus familiares en hábitos alimenticios saludables y derivar al facultativo si se considera oportuno.

Hay que estar informado (o quererlo estar) para saber cómo está el panorama farmacéutico español

Sin embargo, para el Colegio de Enfermería cántabro y su Consejo General, “es muy difícil entender  que una oficina de farmacia, establecimiento de carácter privado y con ánimo de lucro (N. del A.: ¡que afán obsesivo de ofender usando siempre el término lucro!. ¿Conoce alguien un autónomo que viva sin el acicate de ganar un salario?) pueda hacerse cargo de proceso alguno dirigido a la prevención y la educación para la salud de los ciudadanos” llegan a justificar en su denuncia. Ambas entidades atribuyen a la profesión de Enfermería “la competencia exclusiva en lo concerniente a la prevención de la enfermedad y la educación para la salud en todas las etapas de la vida”.

Vuelta a las andadas

Y es que de nuevo ha vuelto la burra al trigo. Vamos a ver. Si desde hace algún tiempo estos ataques viscerales por parte de la enfermería contra los farmacéuticos de botica que parecían atenuados, podían tener la razón subjetiva, por parte de sus dirigentes, en cuanto a que los boticarios, millonarios todos según ellos, quisiesen ocupar un “nicho de mercado” que, dado al parecer el cuantioso paro que  sufre la profesión enfermera, les están quitando el pan de cada día, no comprendo que vuelvan de nuevo a un ataque tan mendaz  como injusto.

Porque sólo hay que estar informado (o quererlo estar) para saber cómo está el panorama farmacéutico español no sólo ahora, por supuesto peor, sino por lo que viene arrastrando desde hace cerca de veinte años.

Cuando desde la profesión se alerta que las farmacias no pueden quedar “condenadas” a la dispensación de medicamentos “low cost” no son palabras de cara a la galería. Son datos. Por ejemplo, los aportados por el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid. En el acumulado de 2019, casi la mitad (47 por ciento) de los medicamentos dispensados en las farmacias madrileñas tenía un PVP inferior a 3 euros. Incluso, tirando el análisis por ‘alto’, tres de cada cuatro envases despachados no superaban los 10 euros PVP. Ya me dirán los enfermeros cómo “exigen” del boticario que se remita a vivir de la sola dispensación medicamentosa.

Aspectos sanitarios

Es prioritario y justo realizar una labor multidisciplinar e integradora a través de la colaboración entre médicos de Atención Primaria y farmacéuticos comunitarios

Esto sólo por la parte mercantil en la que tanto énfasis hace el CGE para con la profesión farmacéutica. Porque en el aspecto sanitario la persona que desea le dispensación de un paracetamol no va sólo a pagarlo y consumirlo de inmediato, sino acude a una oficina de farmacia y no a una gran superficie porque la diferencia es que al farmacéutico a donde va puede solventarle alguna duda, puede aconsejar, puede prevenir problemas relacionados con los medicamentos, puede ver qué historia arrastra el paciente y puede, y debe en definitiva, hacer lo que tanto denostan los enfermeros.

El pasado 30 de Octubre se presentó el Programa INDICA+PRO, un estudio que ofrece resultados acerca del servicio de indicación para síntomas menores en el ámbito de la farmacia comunitaria. De este estudio se desprende que casi un 70 por ciento de las consultas por síntomas menores podrían transferirse y tratarse desde la Farmacia Comunitaria. Ello conllevaría la descongestión de la atención primaria, demanda del colectivo médico, permitiendo a los facultativos mayor disponibilidad para el tratamiento de pacientes complejos.

Además, según refrendaron los distintos ponentes, esta coordinación beneficiaría a la parte más importante del sistema: el paciente. Con esta coordinación se lograría una asistencia integral e integrada que mejoraría notablemente no solo su calidad de vida, sino también de una manera indirecta su percepción del sistema sanitario. Según este programa, el impacto económico para el sistema sanitario supondría un ahorro de más de 120 millones de euros anuales solo en la Comunidad Valenciana.

Es por ello prioritario y justo realizar una labor multidisciplinar e integradora a través de la colaboración entre médicos de Atención Primaria y farmacéuticos comunitarios.

Situación actual

Si la Administración está ahogando desde hace tiempo a las Farmacias, como he escrito más arriba, con sucesivas bajadas de precios, reales decretos de descuentos y deducciones, ahora tras una etapa en que, y antes de que llegasen las nefastas subastas andaluzas, medio estaban pudiendo salir del paso con las bonificaciones y aguantando el tirón, la cuerda está rota.

Sin jugar a Casandra y sin saber cuáles van a ser las derivas del actual gobierno, ya, y a estas fechas, Sanidad busca ahorrar 850 millones con los márgenes de las farmacias.

Estas informaciones que le facilito a la Presidenta del Colegio de Enfermeros de Cantabria y que, por supuesto, deben saber en su Consejo General, suena a queja, que lo es, por parte de los boticarios, pero sólo dirigida a la Administración, no a los enfermeros, pero también una obligación que comparten los compañeros de botica que deben estar tan indignados como el que suscribe ante este visceral y repetido ataque a nuestra profesión. Indignación ya contestada, en otras ocasiones con elegancia y a cencerros tapados, por parte de los dirigentes farmacéuticos.

Una penúltima cosa. ¿Alguien impide a los enfermeros para que instalen una consulta privada?. En mi ciudad hay bastantes. ¿Alguien les impide cobrar por sus servicios con baremos fijados por sus Colegios respectivos?. ¿Alguien les impide orientar, aconsejar y “prescribir” algún remedio sanitario que pueda adquirir en una herbostería cercana de una amiga de confianza?.

Y la “refinitiva” que decía Angel Garó. En mi larga trayectoria profesional como clínico, mis mejores y más queridas colaboradoras han sido enfermeras, sin, ¡ojo!, minusvalorar a los varones que han sido cuantitativamente menos.

Y por si fuese necesario demostrar lo que digo, para los que no me conocen, les diré que la persona a la que más quise en mi vida fue enfermera y…..mi mujer.

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

1 Comentario

  1. Isidoro Jiménez Rodríguez says:

    EL BORRICO “ENTERO”… O ENREDAR, TERGIVERSAR Y ENGAÑAR.
    Opino que este sería el nombre más indicado para esta sección, en el presente caso. Para otras ocasiones, tal vez el encabezamiento más adecuado y acertado sería “Pamplinas diversas”. En todo caso, no llego a entender cómo se permite hacer uso de esta sección, para que alguien exponga ideas falsas e interesadas, aunque eso sí, disfrazadas de escritos “bonancibles”.
    En todo caso, la posible polémica, la establece quien pretende abarcar nuevas funciones hasta ahora no incluidas en su campo profesional. Considero que cuando alguien se adentra para realizar actividades y actuaciones para las que no se encuentra capacitado, en cuanto a formación académica, ni legalmente autorizado, nos encontramos ante un caso de intrusismo profesional. Y que, si tal actuación se lleva a cabo dentro del ámbito sanitario, obviamente, constituye un “riesgo para la salud de los pacientes”. En consecuencia, nos encontramos ante una acción que no es “ni sensata, ni procedente”, que debe cesar de forma “inmediata”.

    EL PROGRAMA “PESO Y SALUD”: UNA FALACIA BOTIQUERIL.
    Resulta falso que el supuesto programa de las farmacias cántabras sea blanco de ninguna ocasional diana. Al contrario, desde el ámbito enfermero siempre se ha defendido el respeto a su campo profesional. No se trata de “recelos” y “ataques”, se trata de respetar nuestro orden legislativo-profesional.
    Entiendo que desde el ámbito farmacéutico se pueden emprender infinidad de campañas orientativas a los ciudadanos que pueden redundar en una mejor salud de estos. Y les sugiero por ejemplo: “Misma fórmula, misma calidad del medicamento”; “No se deje empastillar”; “Aprenda a tomar sus medicamentos”; “En pastillas, más no es mejor”…
    Resultan poco creíbles las nuevas aventuras que pretenden emprender las boticas cántabras y el fin perseguido. Pero en todo caso, los que pretender hacer algo nuevo, nunca antes realizado, son los farmacéuticos, no las enfermeras y enfermeros.

    NUEVAS “PERSPECTIVAS” DE UNOS NEGOCIANTES DE LA SALUD.
    Creo que los farmacéuticos, no es que “vuelvan a las andadas”, es que son incapaces de salir de su senda lucrativa a partir de la salud y la enfermedad de las personas. Y si alguien lo duda, solo tiene que observar los precios del traspaso de estas oficinas. Por supuesto, que habrá también otras pequeñas farmacias que no lleguen a su meta de beneficios pretendido.
    Resulta pintoresco que el noventa por ciento de los medicamentos que vende una farmacia, no se puedan adquirir en otro tipo de tiendas, evitando así el gravamen del treinta por ciento que aproximadamente se endosan los boticarios. Si, ya sé que hay que descontar los impuestos.
    Habla nuestro comentarista de un mamífero équido doméstico, como es la burra. Insultar, o pretender faltar el respeto a alguien, es sumamente sencillo. Pero conseguirlo, ya es otra cosa. En el presente caso, está meridianamente claro “quien tira al monte”, o lo que es lo mismo, quien pretende lucrarse de la enfermedad, que no prestar un servicio a la sociedad.

    LOS NECESARIOS COMPLICES.
    Suceden en esta sanidad nuestra (galeno-bolivariana) situaciones incomprensibles. El programa “INDICA+PRO” es una buena muestra de ello. Los “garantes” de nuestra sanidad, los que entorpecen y dificultan un mejor servicio asistencial, impidiendo la prescripción enfermera, o el desarrollo de las especialidades de estos profesionales, por solo poner dos casos entre miles, ahora no rechistan ante las ilusorias metas boticarias. Me pregunto qué piensan los médicos en general, y particularmente los que se supone que administran y rigen nuestro sistema sanitario, ante la afirmación de nuestro comentarista de que “casi un 70 por viento de las consultas por síntomas menores podrán transferirse y tratarse desde la Farmacia”. ¡Vivir para ver! Me cuesta creer, que esto es real y que pueda suceder en el siglo XXI.

    LA OBSOLESCENCIA BOTIQUERIL.
    Nuestro mundo, nuestra sociedad avanza. Pretender mantenernos anclados en el pasado, es ir contra corriente. Refiere el comentarista que la administración está “ahogando desde hace tiempo a las Farmacias”.
    Felicítense los boticarios con que se mantega en nuestro país esta forma mercantil de dispensación de medicamentos, tan ilógica, como desfasada; tan contraria a los intereses de la sociedad.
    Ya en otras ocasiones he puesto ejemplo de lo caduco que resulta mantener las formas de dispensación de medicamentos. ¿Alguien se imagina a los antiguos algebristas insertados en nuestra sanidad actual?, ¿o a los batidores de cataratas?, ¿y a los sangradores? Pues bien, el caso de nuestras actuales farmacias, es lo más parecido a estas formas profesionales absorbidas por la evolución.
    Más que crear lo que podríamos llamar “enfermerocéutico”, como apunta nuestro comentarista, ¿no será más lógico que quienes pretendan dedicarse a prevenir las enfermedades y promover la salud se gradúen en Enfermería?

    LE CONTESTO A SU PREGUNTA.
    Se cuestiona nuestro comentarista si alguien impide a los enfermeros que instalen una consulta privada. Todas las formaciones universitarias preparan a los profesionales para poder desempeñar una actividad de forma autónoma e independiente. Lo que resulta obvio, en el ámbito académico y social, en el caso de la Enfermería, habría que matizar. Y vuelvo de nuevo a insistir en el enviciado “galenobolivarianismo” que guía nuestra sanidad. En el “ámbito” de nuestro comentarista hay muchas “consultas privadas” de enfermeras y enfermeras. ¡Cuánto ganaría nuestra sanidad y nuestra sociedad, si realmente esto fuera cierto!
    Leyendo el comentario, las contradicciones en la argumentación son continuas. Primero señala la gratuidad del pretendido programa “peso y salud”, pasando posteriormente a justificar la actuación de las farmacias en promocionar la salud, con el fin de paliar la caída de sus ingresos ¡Aclárese!
    Fíjese, “orientar, aconsejar y ´prescribir´ algún remedio de herboristería”, lo puede hacer cualquiera, sin necesidad de formación académica alguna. Otra cosa es que desde la administración se fomente el intrusismo profesional, como se promueve desde la Consejería de Sanidad de Cantabria.
    Si tan mal está el NEGOCIO de las farmacias en nuestros días, ¿porque se permite que se abran nuevas Facultades en la Universidades con tales estudios?

    Y EL COLMO DE LOS COLMOS.
    Según usted, Sr. Comentarista, aprecia a las enfermeras. Refiere que sus “mejores y más queridas colaboradoras han sido enfermeras”. ¿Pero en qué país vive usted?; ¿quién se cree usted para denominar “colaboradoras” suyas a las enfermeras?; ¿cuánta soberbia y despotismo anida en su mente?
    Por estos lares castellanos, su chiste de la burra, lo conocemos protagonizado por el del “borrico entero”. No voy a tener yo el mal gusto y desprecio que usted demuestra, comparando a este equino con la altivez y altanería de quienes todo lo pretenden comprar con las ingentes sumas de dinero que consiguen tan fácilmente en sus oficializados negocios “sanitarios”.
    Como en el referido chascarrillo del burro, ante sus continuas contradicciones, sus persistentes ideas de enredar, tergiversar y engañar, sólo cabe preguntarse, ¿que tienen que ver los cojones con comer trigo?

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