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Valora de 0 a 20 la dignidad clínica que ofreces

A partir del fundamento de la asistencia, el reconocimiento de la dignidad del paciente y la del médico, el autor ofrece una serie de reflexiones sobre ambos y su imbricación para, finalmente, pasar al lado práctico, las preguntas que ponen al profesional ante el espejo de cómo en su ejercicio diario hace realidad los principios. 

 El concepto de dignidad

La dignidad hace referencia al valor inherente al ser humano. La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona como ser merecedor de respeto de forma que nunca se vea como “cosa” sino como “fin”. Este reconocimiento expresa la identificación del humano como tal; es decir, que todos merecemos respeto sin importar cómo seamos, ni el aspecto que tengamos, ni en la situación en que nos encontremos. Es merecedor de dignidad el recién nacido y el anciano moribundo, la niña y la parturienta, el gobernante y el gobernado, el criminal y su víctima, el médico y el paciente, el ciudadano y el emigrante, la trabajadora y quien está en paro, el policía y el delincuente, etc.

El trato digno es condición humana que se puede reclamar a través de la aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que hace constar: “Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

La Declaración supone el primer reconocimiento universal de que los derechos básicos y las libertades fundamentales son inherentes a todos los seres humanos, inalienables y aplicables en igual medida a todas las personas, y que todos y cada uno de nosotros hemos nacido libres y con igualdad de dignidad y de derechos http://www.un.org/es/documents/udhr/law.shtml

Al reconocer y aceptar las diferencias de cada persona, para que ésta se sienta digna y libre, se afirma la virtud y la propia dignidad del individuo, fundamentado en el respeto a cualquier otro humano. La dignidad podemos descubrirla en nosotros o podemos verla en los demás, pero ni podemos otorgarla ni está en nuestra mano retirársela a alguien. Es algo que nos viene dado. Es anterior a nuestra voluntad y reclama de nosotros una actitud proporcionada y adecuada: reconocerla y aceptarla como un valor supremo que se expresa mediante el respeto.

La dignidad del médico

Los cursos de acción clínica deben poner a la dignidad como valor central. Se trata tanto de la dignidad del paciente como de la del médico

“La dignidad del médico como persona y profesional es la dignidad de su trabajo, la limpieza de su corazón, el compromiso con el sufrimiento de sus pacientes, el uso razonable de los recursos a su disposición, el razonamiento lógico y de sentido común, el acervo de conocimientos científicos mantenido e incrementado en lo esencial, el trabajo con cálida calidad, la empatía con el marginado, la rebelión frente a la injusticia, el conocer los límites de su ciencia y práctica y, sobre todo, el responder proporcionalmente a la necesidad del paciente, valorando sus condiciones personales, familiares, laborales, sociales y culturales.

Todo ello queda bien lejos del trabajo indigno en el que no se toca al paciente (¡ni siquiera para darle la mano al recibirlo en la consulta, o al iniciar la entrevista al lado de la cama en el domicilio!), no se piensa más allá de diagnosticar “todo lo posible” (en lugar de sólo en “lo más probable”, al menos al comienzo), se rechaza al paciente que no se cura ni “cumple” los cuadros descritos en los libros, se hace un uso mecánico de los protocolos y guías, y el trabajo es dependiente de las posibles reclamaciones judiciales”
http://equipocesca.org/la-dignidad-del-trabajo-clinico-existe-alli-donde-ejerce-un-medico-cercano-cientifico-y-humano/

La dignidad como valor

Ningún valor es absoluto y, en la práctica, hay que lograr cursos de acción óptimos que produzcan el “mejor resultado posible”; dichos cursos óptimos están normalmente alejados de los cursos extremos, del todo o nada

Llamamos valor a la cualidad que hace importante algunas cosas. Por atribuirles valor, esas cosas exigen un respeto especial. Así, la vida es un valor; también la salud, la dignidad, el amor, la justicia, la piedad, la convivencia, la seguridad, la paz, la educación, la amistad, la belleza y el placer son valores, como lo son las creencias religiosas, las tradiciones culturales, etc.

El lenguaje de los valores abarca otros muchos lenguajes sagrados con los que estamos familiarizados, como el de los derechos humanos, por ejemplo. Pero no hay valores absolutos, ni siquiera la vida. Los valores pueden entrar en conflicto entre sí. Así, el incentivo económico es un valor y, en tanto que tal, apreciable; pero puede entrar en conflicto con otros valores que también tenemos el deber de respetar, como es la buena práctica profesional, la justicia, la no-maleficencia, etc.

Conviene distinguir entre valores y cursos de acción. Los valores son cosas importantes porque son valiosas, pero el valor vale y nada más. Lo que hagamos con ellos ya no son valores, sino cursos de acción. Por ejemplo, la dignidad es el valor más importante en la práctica clínica pues cada paciente es único e irreemplazable, al que hay que respetar, pues no tiene valor de intercambio sino valor en sí.

La dignidad y los cursos de acción

Los cursos de acción clínica deben poner a la dignidad como valor central. Se trata tanto de la dignidad del paciente como de la del médico, pero también la de los familiares y la de otros profesionales no presentes en el acto médico (en el encuentro entre médico y paciente).

La dignidad del paciente obliga a distintos cursos de acción, según las circunstancias y el entorno de cada encuentro clínico; en el curso de acción se incluyen el trato cortés, la empatía, la escucha, el pudor, la asignación de un tiempo apropiado y otros elementos. Además, el respeto a la dignidad, al valor, puede llevar a conflictos, de forma que el curso de acción no es nunca el mismo, si se quiere lograr un “mejor resultado posible” a través de un curso óptimo. Por ejemplo, la dignidad de trato con el paciente puede entrar en conflicto con el respeto a las normas establecidas sobre la duración de la entrevista, y si se han asignado bloques cerrados llevar a retrasos excesivos y a no valorar un tiempo de espera digno de los que están todavía en la sala, ni de los que no han obtenido cita en ese día por la “cola” creada. Por ello ningún valor es absoluto y, en la práctica, hay que lograr cursos de acción óptimos que produzcan el “mejor resultado posible”; dichos cursos óptimos están normalmente alejados de los cursos extremos, del todo o nada
http://equipocesca.org/valores-clinicos-practicos-en-torno-al-control-de-la-incertidumbre-por-el-medico-generalde-familia/

Valora de 0 a 20 la dignidad clínica que ofreces

1. Cumplo el horario de trabajo, y lo amplío si las circunstancias lo exigen.
2. En el trabajo no pierdo el tiempo: ni representantes ni charlas de café, ni conversaciones de pasillo, por ejemplo.
3. Trato con cortesía a los pacientes y sus familiares, me presento, les pregunto cómo quieren ser tratados (de usted, de tú, como Pepita, como Sra. Fernández, etc), los recibo y despido en la puerta, ayudo a sentarse, doy la mano, etc.
4. En el hospital, antes de entrar en la habitación del paciente pido permiso con delicadeza.
5. En el domicilio del paciente me considero honrado como un invitado, de manera que combino la ciencia con los usos y costumbres.
6. Presento a los médicos y estudiantes acompañantes, pido permiso y explico el porqué de su presencia.
7. Anticipo mi proceder y me adapto al paciente, tipo “pase detrás del biombo y se desnuda para que pueda explorarle ese picor vaginal; dígame si quiere que llame a la enfermera para que la acompañe, o lo dejamos para otro día si prefiere venir acompañada”.
8. No impongo mis criterios ni mi ideología, y respeto las opciones de los pacientes, en las cuestiones diarias y especialmente en cuestiones clave como el testamento vital. No hago juicios de valor, ni establezco presunciones (por ejemplo, presunción de heterosexualidad), y acepto los comportamientos de mis pacientes, como el uso de drogas y/o el de medicinas alternativas y complementarias.
9. Trabajo como “agente” del paciente; es decir, le ofrezco alternativas como si fuera el propio paciente quien tuviera mis conocimientos y experiencias. Por ello me intereso por su cultura, expectativas y valores y ofrezco atención bio-psico-social. Puedo pasar consulta en español, francés e inglés, y aprendo siempre que puedo algunas palabras en el idioma de mis pacientes inmigrantes. En mi trabajo “no hay enfermedades sino enfermos”. Mi compromiso es tal que estoy dispuesto a ir a la cárcel si es en defensa de la mejor salud de mis pacientes; por ejemplo, incumpliendo el Real Decreto que excluye a determinados colectivos de la atención médica.
10. Centro mi trabajo en las MIPSE (mortalidad y morbilidad innecesariamente prematura y sanitariamente evitable). Para ello escucho al paciente y a los familiares y pongo su narrativa en el contexto comunitario.Tengo en cuenta los determinantes sociales y considero “condiciones de vida” y no “estilos de vida”
11. Tengo siempre en cuenta el cumplimiento inexorable de la Ley de Cuidados Inversos (quienes más precisan menos reciben) e intento revertirla ofreciendo equidad horizontal (lo mismo a quienes necesitan lo mismo) y vertical (más a quienes precisan más). De hecho, tengo un sesgo a favor de la diversidad física y psíquica y de los marginados y despreciados por la sociedad.
12. Si la consulta es más sagrada de lo habitual (el paciente llora, a la paciente la han violado, se ha muerto su hijo, la han despedido del trabajo, etc) “paro” el reloj y atiendo como si no hubiera otro paciente en el mundo.
13. Evito y rechazo las interrupciones en la consulta y en todo acto clínico. La entrevista es sagrada, y como tal debe verse por todos, pues el paciente nos deja traspasar su piel y mente, y no se puede hacer sino con delicadeza y piedad.
14. Los medios electrónicos y sus “exigencias” sólo cuentan en cuanto ayudan a una mejor asistencia. En otros casos, los ignoro aunque eso implique la pérdida de incentivos monetarios y otros.
15. Empleo los medicamentos y las tecnologías en forma que siempre sea más probable el beneficio que el daño. Practico una “Medicina Con Límites”, sin crear expectativas imposibles especialmente en torno a la prevención. Rechazo los cumplidos, actividades y regalos de las industrias pues cambian mi comportamiento (me infectan sin darme ni cuenta). Me mantengo al día, descarto conocimientos y prácticas obsoletas e incorporo con prudencia lo que son mejoras ciertas.
16. Soy transparente con los pacientes y sus familiares respecto a mis conflictos de interés. Por ejemplo, si los invito a participar en un ensayo clínico les explico también los beneficios, incluso económicos, que me van en ello.
17. Respeto a mis colegas y compañeros. Entiendo que el trabajo se lleva a buen fin entre todos, y que tan importante es el celador como el gerente. Las críticas destructivas nunca salen de mí, ni las transmito si me llegan. En su caso, si tengo que incumplir normas, hago propuestas por escrito, con su justificación documental y bibliográfica.
18. Practico una medicina armónica, al tiempo científica, técnica y humana. Sé decir no, con amabilidad y conciencia (ética de la negativa) y sé compartir con el paciente y sus familiares la ignorancia médica, en su situación y en general (ética de la ignorancia). Evito la arrogancia y la prepotencia, y reconozco mis errores, los comparto con los afectados y compañeros, los analizo, intento reparar el daño y tomo decisiones que lleven a evitar su repetición.
19. Rechazo las propuestas de sociedades científicas y organismos oficiales que carecen de fundamento; por ejemplo, el cribado del cáncer próstata, su diagnóstico precoz con determinación del PSA y del tacto rectal, o la vacuna de la gripe.
20. Nunca me rindo incluso cuando “no hay ya nada que hacer”, pues siempre puedo ayudar al paciente y a sus familiares. Sé que todos mis pacientes morirán (no “evito” muertes sino que prolongo vidas y las lleno de calidad, si puedo). Mi apuesta es lograr que ellos mueran más viejos y con mejor vida que yo mismo, pero si piden eutanasia los escucho.

Síntesis

La calidad médica es científica, técnica y humana, y gira alrededor del respeto al paciente y sus familiares como expresión de su dignidad https://www.actasanitaria.com/la-dignidad-del-paciente-es-la-dignidad-del-profesional/

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

1 Comentario

  1. Ariel Torres Pomo says:

    Gracias colega, su articulo ,es muy digno de la medicina actual ,aca en cuba yo soy clinico y trabajo de jefe del departamento de Calidad Hospitalaria,me regocijo con sus ideas muy brillantes ,algo que en nuestra actual tecnologia nos olvidamos de esa relacion medico paciente y rechazamos el metodo clinico y debemos hacer mas uso de el,pienso muy con su proceder y una vez mas le felicito ,nuestra calidad medica necesita de muchos Juan Gervas, gracias una vez mas porfe,dios le bendiga,un colega

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