El mirador ni el enfermo es un delincuente ni la salud un valor absoluto

Una distopía: Si enfermas te conviertes en delincuente y se te juzga como tal

El diccionario de la RAE define ‘distopía’ como ‘representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana’. Y el autor se sirve del término para ofrecer la imagen de una sociedad en la que la salud y la ciencia se convierten en valores absolutos, casi deificadas, y en la que quienes se erigen en sus grandes defensores no sólo consideran al enfermo una especie de delincuente sino que, incluso, niegan la libertad de pensar de otra manera.

Han pasado muchos años

Han pasado muchos años desde el descubrimiento de la primera vacuna, la vacuna propiamente dicha.

Han pasado muchos años desde el descubrimiento de la penicilina, el primer antibiótico propiamente dicho.

Han pasado muchos años desde el establecimiento y difusión del concepto de “factor de riesgo”.

Han pasado muchos años desde los primeros cribados para poder diagnosticar precozmente el cáncer y otras muchas enfermedades.

Han pasado muchos años desde que dominamos la producción, distribución y cocina de alimentos sanos.

Han pasado muchos años desde que la genética permitió la eugenesia científica y el aborto selectivo de fetos enfermos, y también desde que fue posible predecir el futuro desarrollo de enfermedades en personas aparentemente sanas.

Han pasado muchos años desde que era obligatorio nacer y morir en el hospital. Ahora se “aparece” y “desaparece” sin más y de hecho están prohibidas ambas palabras, “nacer y morir”,

Han pasado muchos años desde que en el mundo reina la salud.

Salud a chorros, sea lo que sea salud

Vivimos por y para la salud.

La salud es nuestra enseña y lema.

La ciencia guía todas las decisiones políticas.

Lo que sean ciencia y salud no es motivo de debate, pues lo determinan quienes saben, con criterios objetivos que se aplican a todo el mundo a diario.

Nada contra la ciencia y nada contra la salud.

Se ha establecido un régimen mundial sano.

La prevención domina el mundo.

Hay vacunas y tratamientos para todo, hay cribados para todo, hay estudios genéticos para todo y hay comida sana para todo el mundo.

No cabe la disidencia contra lo que determinan expert@s y sabi@s.

La felicidad es la salud y la ciencia es el camino para lograrla.

Ya no hay enfermedad alguna.

Se evita la enfermedad hasta el punto de que caer enfermo es un delito.

La ciencia permite saber lo que es cierto y diferenciarlo de lo falso.

Es el final de un largo camino.

En el camino hemos perdido la libertad, pero ¿de qué sirve la libertad si no hay salud?

Enfermar es un delito

En un mundo así, centrado en la ciencia y en la salud, sobra la enfermedad.

No es un mundo perfecto, no es una utopía.

Por ello hay fallos, por ello ocasionalmente surge la enfermedad, por ejemplo un caso de lupus, fractura de pelvis, depresión e incluso difteria.

Es increíble pero cierto, y no cabe negarlo.

Cuando sucede, cuando surge la enfermedad, se difunde la fotografía y biografía pues las multitudes pierden la memoria de la enfermedad y conviene que recuerden su impacto en el diario vivir.

Los enfermos gozan así de un protagonismo temporal.

Sus casos se examinan en público, en  juicios populares que buscan determinar las causas de las causas de sus alteraciones.

Durante los juicios se producen abucheos y mareas de escupitajos, especialmente si el paciente no ha “luchado” contra la enfermedad, si se ha rendido. Ello se considera abominable, impropio de un ser humano, indigno e inconcebible.

Cada caso es un libro abierto, un error del que aprender antes de eliminarlo.

Enfermar en un mundo sano es un delito y la desaparición anticipada es la única solución para evitar contagios.

Conseguir un mundo sano es el final de un largo proceso de desarrollo científico y sanitario al que siempre se opusieron los tierraplanistas, religiosos, poetas, pensadores, nadadores, naturistas, músicos, matemáticos, magufos, intelectuales, fotógrafos, filósofos, eticistas, dibujantes, antivacunas y alternativos, a los que hubo que eliminar por el bien de la sociedad.

Dicen los críticos que es un salutismo coercitivo, que reina la preventivitis y que es una dictadura de salud persecutoria.

A tales críticos se les deja decir y escribir porque se ha demostrado científicamente que algo de crítica ayuda a la salud de la sociedad; pero si la crítica es “nociva”, “escéptica” y/o “nihilista”, los autores son eliminados sin juicio.

Ellos saben muy bien cuáles son los límites, y procuran no extralimitarse para no convertirse en delincuentes.

En realidad, las críticas “nocivas”, “escépticas” y/o “nihilistas” son expresión de un peligroso enfermar mental que hay que erradicar de inmediato.

Síntesis

Cabe imaginar una sociedad distópica en que la prevención sin limites, el salutismo coercitivo y la salud persecutoria logran un mundo sano, sin enfermedad. La felicidad es la salud y la ciencia logra la salud. En el camino se pierde la libertad y, si enfermas, te conviertes en delincuente y se te trata como tal. Pero ¿qué más da, si lo importante son la ciencia y la salud, sean lo que sean ciencia y salud?

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

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