El mirador sensaciones y visiones de un caminante

Un paseo por el campo

Lejos del apresuramiento a que nos tiene acostumbrados la actividad diaria, el autor recurre hoy, en una actuación ligada a la lírica, a exponer las sensaciones y las visiones ligadas a un paseo por el campo.

Pasear tiene una connotación placentera, de abandono mental en el sentido de pérdida de propósito concreto. El paseo es actividad gozosa que se puede realizar incluso en el pasillo del propio domicilio, en la calle (callejear, por ejemplo), en parques y jardines urbanos y en el campo, playas y montañas. Su duración no cuenta, de minutos a horas, pues lo que cuenta es la libertad de la falta de propósito.

En la acepción más general, pasear es andar por placer o para hacer ejercicio por un lugar, generalmente al aire libre, despacio y sin un destino determinado.

Durante el paseo se puede charlar y filosofar, en solitario o en compañía, o sencillamente pasar el tiempo “pensando en las musarañas”, que diría Mercedes Pérez-Fernández https://siapvalencia.org/2018/08/01/mercedes-perez-fernandez/

Hay otras acepciones del paseo, como el cancaneo. Originalmente cancanear era pasear o vagar sin rumbo, pero en la actualidad el cancaneo es la práctica consistente en mantener relaciones sexuales en lugares públicos, generalmente de forma anónima y sin ataduras. El cancaneo (“dogging” en inglés) suele realizarse en parques, playas, bosques y demás descampados cercanos a zonas urbanas y muchas veces incluye a más de dos personas pues los mirones son bienvenidos (tiene algo de exhibicionismo) por lo que puede terminar en
verdaderas orgías.

Pasear lo pueden intentar reglamentar, como se ha hecho durante la cuarententa por la pandemia del SARS-CoV-2. En palabras de Juan Irigoyen: “Los disparates acerca de pautas son coherentes con el mundo del hospital, pero en ningún caso de la vida. Para ellos la vida es la ejecución estricta de unas instrucciones que constituyen una racionalización para no ser infectado. El comandante en jefe del dispositivo somatocrático-mediático, Fernando Simón, fue capaz de sintetizar su concepto del comportamiento, homologándolo a las instrucciones para montar los muebles de Ikea. Muy elocuente con respecto a su imaginario” http://www.juanirigoyen.es/2020/05/sociologia-critica-del-confinamiento.html

Pasear es justo lo opuesto, la falta de instrucciones en el caminar.

Este no es un relato de un cancaneo, ni de un paseo según unas instrucciones, sino un relato de un paseo clásico por el campo, sin más objetivo que el propio disfrute del paso del tiempo, sin nada en mente.

Desear

¿Quién no ha encontrado un “molinillo” y soplado para deshacerlo mientras pide un deseo? Vuelan sus vilanos, aspas ligeras, y su desplazamiento lo seguimos sin enfocar, entornando los ojos, soñando despiertos.

Es un placer sin más, todo absurdo pero con un fuerte simbolismo, especialmente si se hace al tiempo con personas que se quieren, pues entonces se comparte un momento mágico que enhebra vidas y sentimientos.

El paseo permite el encuentro con los molinillos y el dejar volar la imaginación al seguir el vuelo de los vilanos. En algunos casos, especialmente en paseos en solitario, los vilanos pueden cargarse de sentimientos y deseos con destino a personas queridas ausentes, incluso ya muertas. ¿Quién frenará el pensamiento mágico que forma parte clave de las raíces de los humanos como seres conscientes?

Pasear es dejar libre la imaginación y el cuerpo, una forma casi de volar sin sentir el peso de la vida y de sus complicaciones.

Palpar

El tacto es un sentido poco apreciado en el sentido de placer y el palpar se emplea poco para disfrutarlo en sí mismo. Es ese reconocer las cosas por el sentido del tacto en las manos, desde unas llaves en el bolsillo al musgo en el campo.

Palpar el cuerpo amado es disfrutar mutuamente, es una forma de sexualidad poco apreciada, que no se considera en sí misma, todo pensado para hacer creer que no hay más que el coito en sí.

Palpar por palpar parece casi una perversión y quizá lo sea, pero muy placentera, barata y sin efectos adversos.

Al pasear por el campo se nos ofrecen mil oportunidades de palpar, desde la rugosidad de rocas a la de cortezas de árboles y arbustos, pasando como en esta ocasión por la palpación del musgo, sentados mientras al tiempo se escucha el suave arrullo rumoroso del arroyo.

Palpar musgo puede evocar mil otras sensaciones, o ser sólo una sensación a disfrutar en sí misma. Es ese pasar las yemas de los dedos dejando que se exciten los receptores sensoriales para disfrutar de la profundidad y el contorno indescriptibles de una superficie extraña, algo que nos permite la sensibilidad fina, epicrítica.

Escuchar

Los sonidos del campo son un disfrute por sí mismos. Vale la pena pasear sin ir anestesiados oyendo música, o cualquier otro ruido artificial.

Ya he comentado el ruido del arroyo, que se nos ofrece por el curso humilde y temporal del agua de primavera, o el más sostenido del río de altura. Además, los ruidos de los pájaros, su canto, el picoteo del picapinos, el sordo aleteo del vuelo inicial de la perdiz y también los ruidos de las hojas y ramas movidas por el viento. Incluso el sonido del propio viento en lugares donde “da la vuelta”, o en que se mezcla con el agua. Por ejemplo, en esas rajas en las bases de los acantilados en que la marea produce borbotones de agua que fascinan, por el
ruido y por la belleza visual cambiante.

En este caso es el ruido “artificial” de “piedra al agua”, el deseo de unir el chapoteo del sonido al espectáculo visual del agua por los aires. El lanzar la piedra al aire de forma adecuada, con efecto bombeo preciso para que el impacto sea más placentero, en lo auditivo y visual, es un arte sin valoración pública suficiente. Mejor, así queda en la intimidad de quienes disfrutamos de lo pequeño e ignorado.

El disfrute es instantáneo, en el sentido visual y auditivo de la “explosión” del agua que sube y salpica en forma casi volcánica pero, además, el placer se remansa durante un tiempo con el disfrute visual de las ondas que se levantan en círculo. En este caso, de propina, con el reflejo cambiante que se deforma por las oscilaciones acuáticas, como si la orilla vibrase armónicamente.

Observar las nubes

Se pueden observar nubes incluso sin pasear, por la ventana en casa, o sentado un banco en una calle o parque.

Se pueden observar nubes por placer, o por trabajo. Así, quienes observan nubes y las estudian profesionalmente contribuyendo, por ejemplo, a la actualización del Atlas Internacional de Nubes de la Organización Meteorológica Mundial, El nuevo Atlas incluye nuevas categorías, como las nubes de rodillo (volutus), las nubes generadas por aviones (contrails) y las nubes onduladas que recuerdan a la
superficie de un mar embravecido (asperitas).

En el paseo por el campo la observación de las nubes puede ser directa, o en el reflejo en el agua. Y este es el caso del paseo que relato.

Las nubes tienen vida propia, van a su libre albedrío, no podemos tocarlas ni dirigirlas y su observación es un disfrute sin mayor finalidad que el propio placer visual.

 

Síntesis

Pasear por el campo es una actividad placentera que permite mil y un disfrutes sin programar. Es una dosis de serenidad mental en el conjunto del apresuramiento vital. Vale la pena pasear, sea donde sea.

Nota

Fotografías del autor, en los alrededores de los embalses del río Lozoya (Madrid, España). Junio 2020.

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). [email protected]; [email protected]; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

3 Comentarios

  1. Begoña says:

    Como amante de los paseos estas líneas me han llegado al alma. ¡Qué sencillez y profundidad al mismo tiempo!

  2. Roberto says:

    Sigo creyendo que la belleza, el disfrute y la libertad de la naturaleza están más en el ojo que mira que en el objeto que observamos. Y aunque todos tenemos ojos, nos olvidamos el mirar en muchas ocasiones. Creo que esta pandemia ha abierto muchos ojos y ha cerrado otros (y no me refiero a los muertos, que el morir sigue siendo una parte del vivir, y no menor). En cualquier caso, gracias por compartir esas visiones.

  3. Gabriela Valenzuela Lazo says:

    Gracias!
    Soy médica uruguaya jubilada, apasionada de PASEAR Y FOTOGRAFIA. Trabajo voluntariamente en el Plan Covid-19 de mi país. Y paseo en un parque que tengo cerca.
    Me emocioné con tu artículo porque es lo que siento pero no lo sé expresar como tú