Punto de vista la administración no lo puede todo

Un aluvión de realidad

En la web del sindicato AMYTS, el director médico de su publicación reflexiona sobre lo que tanto la nevada de los pasados días como la Covid19 que venimos padeciendo desde hace un año ponen de manifiesto que hay acontecimientos que nos sobrepasan, por más que la Administración pretenda dar la impresión de que puede con todo.

El temporal Filomena ha sobrepasado la capacidad de respuesta de nuestras Administraciones e, incluso, podríamos decir que también la del conjunto de la sociedad. Ha venido a recordarnos que no somos omnipotentes, que no lo podemos todo y que, en el fondo, somos vulnerables. Una realidad que ya aceptábamos en la teoría, pero que ahora deberíamos ser capaces de reconocer también en la práctica.

Y, de hecho, llueve sobre mojado. Porque toda la experiencia COVID del año pasado, que continúa también en este 2021, nos ha traído la misma enseñanza: que somos vulnerables, que no tenemos respuesta para todo. Y que algunas situaciones sobrepasan nuestra capacidad de actuación y requieren del esfuerzo de todos tan sólo para reducir su impacto, porque no están bajo nuestro control.

Negacionismo de la Administración

Existe una falta de conciencia por parte de la población de la realidad a la que nos enfrentamos

Entrada al H 12 de Octubre

Lo más sano sería reconocer ese “sobrepasamiento” de nuestra capacidad de actuación.  Sin embargo, en ambos casos las Administraciones se han negado a ello. Lo han hecho con respuestas evasivas, siempre centradas en lo que se está haciendo, en que se está haciendo “todo lo posible” (no hay por qué dudarlo, aunque tampoco es evidente de por sí). Evidentemente, esto se hace por miedo a perder apoyo político, y para no facilitar las críticas por parte de la oposición, ávida por otra parte de cualquier excusa para ello. Pero a lo que realmente lleva es a una falta de conciencia por parte de la población de la realidad a la que nos enfrentamos.

Si no, no se entiende que en la mañana del domingo gran parte de los madrileños optaran por aprovechar la soleada mañana para pasear tranquilamente. Yo ya lo había hecho el sábado en la mañana, mientras aún nevaba, y antes de conocer la petición del alcalde de que nos quedáramos en casa. Pero a partir de esa tarde ya teníamos todos en mente que las heladas de los días siguientes dificultarían más la movilidad si no se podía retirar la nieve, y que los recursos puestos en marcha eran claramente insuficientes para ello.

La realidad sumergida

Ocultar la realidad le hace un flaco favor a la sociedad, que debería (deberíamos) poner en práctica otro tipo de comportamientos para hacer frente a ese tipo de dificultades y a los retos que la otra crisis, la del coronavirus, nos pone por delante

Al día siguiente, las dos calles principales de mi barrio habían sido parcialmente liberadas por las quitanieves, pero la mayoría de calles “secundarias” y la totalidad de las aceras continuaban repletas de la nieve que esa misma tarde-noche comenzaría a helarse peligrosamente. Y tan sólo unos pocos grupos de vecinos (entre ellos los de mi comunidad de propietarios, a los que apoyé mientras me lo permitió mi espalda) se afanaban en permear algunas aceras, algunos fragmentos de calzadas en las calles secundarias y el acceso al centro de salud del barrio. Y es una pena que la parte de acera liberada por ese esfuerzo no tuviera continuidad en otros tramos de la calle. Parece que el resto del vecindario asumía la condena a la movilidad limitada.

Ocultar la realidad le hace un flaco favor a la sociedad, que debería (deberíamos) poner en práctica otro tipo de comportamientos para hacer frente a ese tipo de dificultades y a los retos que la otra crisis, la del coronavirus, nos pone por delante. Se trata de dificultades y retos que hay que afrontar de forma colectiva, con el apoyo de todos, demostrando una preocupación por lo “común” (más allá de lo público) que al menos se acerque a la que se ha venido demostrando en los últimos meses por la libertad personal. Una libertad personal que, defendida al margen de la responsabilidad, no hace sino transformarse en mero capricho, y que no contribuye, en absoluto, a fortalecer nuestra convivencia.

Asunción de riesgos personales

No obstante, merece la pena destacar el esfuerzo de esas personas comprometidas que, en muchos casos, ha conllevado también la asunción de riesgos personales. Han sido modélicos, por ejemplo, los conductores de vehículos todoterreno bien motorizados que, de forma individual o en grupo, se han puesto a disposición de quienes podían tener necesidades imperiosas de movilidad que no podían ser resueltas por los escasos medios disponibles. También lo han sido aquellos profesionales comprometidos con su tarea que han estado dispuestos a prolongar turnos de trabajo ante la dificultad de sus compañeros para acceder, por ejemplo, a los centros sanitarios, o que, encerrados en los mismos, han asumido constructivamente esa realidad para seguir prestando sus servicios. O quienes, con un importante esfuerzo por su parte, han logrado acceder a los mismos tras largas caminatas a través de la nieve, pertrechados lo mejor que han podido (como muestra este testimonio de Twitter). No podemos menos que reconocer, y agradecer, este tipo de comportamientos.

Tan sólo hay que esperar que seamos capaces de cambiar de mentalidad. Pero también que nuestra Administración deje de ser tan disfuncional, reconozca honradamente sus propias limitaciones, deje de ocultar este tipo de realidades y tome las medidas necesarias de cara al futuro, entre las que debe estar, sin ningún tipo de duda, fomentar en la sociedad la conciencia de que lo “común” es de todos, que a todos nos afecta y que todos debemos comprometernos con ello (y algo de esto había en nuestra vieja cultura rural).

Que reconozca también el esfuerzo realizado por tantas personas, y en concreto por los profesionales que han tenido que prolongar jornadas o intensificar esfuerzos, y lo haga públicamente. Que deje de querer mostrarse como el superhéroe paternalista que todo lo resuelve (cosa que evidentemente es pretenciosa y falsa), cuando en realidad acaba haciéndolo a costa del sobreesfuerzo y el riesgo de sus profesionales (como ha quedado en evidencia al presentar una imagen de normalidad sanitaria a pesar de los múltiples problemas de acceso a los centros). Y que asuma su papel de liderar el esfuerzo conjunto de la sociedad, que es el sujeto (en cada uno de sus miembros) realmente responsable para hacer frente a las dificultades con las que tengamos que enfrentarnos.

Esa es su misión, esa es su única tarea. Quien(es) no se sienta(n) [email protected](s) para ello, que lo deje(n).

Y todo lo dicho vale también para gestión COVID. Para no alargarme demasiado, dejo aquí que cada uno haga su propio análisis. Y, por supuesto, que cuestione o enriquezca el que acabo de realizar.

Miguel Ángel García Pérez

Médico de Familia, doctor en Medicina, máster en Bioética y Derecho. Secretario CESM de Estudios Profesionales