Punto de vista el ministro illa debería dimitir por su ignorancia de la A.P.

Tormenta perfecta y colapso: ¿parálisis, destrucción o revolución de la atención primaria?

Juan Simó, que desde hace tiempo viene subrayando el abandono progresivo de la atención primaria, señala que el coronavirus pandémico no ha hecho más que acelerar la llegada de la tormenta perfecta a dicha atención.

Hace pocos días, en una poco incisiva entrevista en RTVE le preguntan al ministro Illa sobre si existe colapso en atención primaria y en los laboratorios de micro en el actual momento de la pandemia. “¿Hay un colapso en para realizar las pruebas PCR? Porque desde atención primaria, los laboratorios,… ellos están diciendo que están saturados (sic)”

La entrevista a Salvador Illa tuvo lugar la mañana del pasado viernes 11 de septiembre. La entrevista completa se puede encontrar aquí. Lo siguiente es un extracto de la misma que recoge la pregunta referida y la respuesta de Illa.

La meteoróloga que hace de periodista formula una pregunta con poca precisión y sentido, si nos ceñimos al literal de la misma, prueba de que se ha documentado poco a la hora de planear la entrevista. La respuesta a una pregunta imprecisa es siempre muy fácil, incluso para un licenciado en filosofía que hace de ministro de sanidad.

Efectivamente, muchos laboratorios de micro están sobresaturados y al borde del colapso dado el gran número de PCR que están haciendo, además de su trabajo habitual que es el que se ve colapsado. Esto se conoce poco y es preciso reconocerlo. Tenía Illa una ocasión de oro para hacerlo y la desperdició. Probablemente esto se esté arreglando con peonadas.

Lo que nunca debió hacerse

El estudio de brotes, contactos y rastreo es tarea de Salud Pública y no de la atención primaria

El colapso en atención primaria se produce porque en ella se está haciendo lo que nunca debió haberse hecho: radicar allí el grueso del estudio de brotes, contactos y rastreo. Una cosa es colaborar en esto con Salud Pública y otra cosa bien distinta es que el grueso de esta actividad recaiga sobre una atención primaria intensamente castigada presupuestariamente durante los últimos 10 años, sin reforzarla debidamente como se prometió (un engaño más) después de la primera oleada. Y este colapso no se arregla con peonadas, pues lo peones cuando tienen que ver a más de 60 por la mañana no quieren volver a ver a más de 60 por la tarde, día tras día, porque es sencillamente IN-SO-POR-TA-BLE.

El estudio de brotes, contactos y rastreo es tarea de Salud Pública y no de la atención primaria. Los médicos y enfermeras de atención primaria bastante tienen con lo suyo y con el trabajo clínico añadido de los casos de Covid19. Sin un aumento extraordinario de recursos técnicos y de personal, no pueden llevar a cabo, además, el estudio de brotes, contactos y rastreo sin que el resto de su trabajo se vea jibarizado y, al final, todo se convierta en un puñetero caos.

Y todo esto en el enésimo verano sin sustitución alguna por vacación del personal, de modo que la mitad de los profesionales han tenido que hacerse cargo, un verano más, de todos los pacientes del centro durante los meses de julio y agosto. Pero claro, lo que pasa es que éste no es un verano más, es el verano de la segunda oleada pandémica, de la obligada atención telefónica y, en muchas CCAA además, el verano del estudio de brotes, contactos y rastreo radicado en los centros de salud.

Recursos precarios

Cuando la Salud Pública está prácticamente desmantelada en algunos sitios, resulta que hay que “tirar” de los “chicos para todo” (especialmente para todo aquello que nadie quiere hacer) que son los médicos de atención primaria

La mantenida precariedad de recursos técnicos, materiales y de personal que arrastra la atención primaria, especialmente durante los últimos 10 años, complica sobremanera la pretensión de llevar a cabo correctamente el cribado telefónico en los centros de salud. La obligación del cribado y atención telefónica en atención primaria, sin el prometido refuerzo de la misma (al menos sin un aumento suficiente de las líneas telefónicas y de más manos para atender las llamadas), ha supuesto el colapso en mayor o menor grado de la atención primaria en la primera acepción de la palabra en toda España.

En atención primaria se está currando como nunca. Y pese al trabajo a destajo de los profesionales, la atención primaria no termina de hacer bien lo que tiene que hacer por insuficiencia de recursos. Este colapso lo notan los profesionales y, especialmente, los pacientes. Sin embargo, Illa lo niega y todo lo atribuye al “esfuerzo” de tener que hacer hasta 100.000 PCR diarias. Sólo por esto habría que pedir su dimisión. No es un “esfuerzo”, Illa, es el desmoronamiento de la atención primaria, ¡a ver si te enteras de una vez!

Pero claro, cuando la Salud Pública está prácticamente desmantelada en algunos sitios, resulta que hay que “tirar” de los “chicos para todo” (especialmente para todo aquello que nadie quiere hacer) que son los médicos de atención primaria. Y en aquellas CCAA en las que, además, la práctica totalidad del estudio de brotes y rastreo de contactos ha recaído en la atención primaria, el colapso no sólo ha ocurrido en la primera acepción: la destrucción y ruina de la atención primaria se ven venir y constituyen un auténtico peligro para la salud física y mental de sus profesionales y pacientes.

Las otras especialidades

¿Por qué no se adjudica el estudio de brotes y contactos a los ginecólogos, por ejemplo? ¿O a los traumatólogos? ¿O a los otorrinos? ¿O a los oftalmólogos? ¿Es que no lo harían igual de bien que lo hacen los médicos de atención primaria?

¡Pero qué barbaridades dices! Si los ginecólogos, otorrinos, oftalmólogos y traumatólogos estuvieron muy colapsados en la primera oleada de marzo y abril…, justo es que descansen ahora. Lo acaba de decir Illa: “En marzo-abril hubo un esfuerzo muy relevante en los centros sanitarios hospitalarios, ahora el esfuerzo más importante recae en la atención primaria“. Las palabras de Illa inducen a pensar que los médicos de atención primaria se tocaron las gónadas durante esos meses de marzo y abril de la primera oleada coronavírica. Sólo por esa impresentable frase habría que exigir la dimisión inmediata de Illa.

Por cierto, ¿se necesita ser médico para hacer el rastreo? Evidentemente no. Y en muchas CCAA, como por ejemplo en Navarra, este rastreo, bajo la responsabilidad de Salud Pública, lo hace personal sanitario no médico o paramédico convenientemente entrenado y lo hacen a la perfección.

Y una pregunta más: una vez que está más que comprobada la transmisión comunitaria, como ocurre en Madrid, ¿tiene sentido seguir estudiando los contactos de los casos y rastreando a nadie? ¿Y tiene sentido seguir haciéndolo con una prueba, la PCR, que en el mejor de los casos (en pacientes sintomáticos) tendrá un 20% de falsos negativos (aquí) y que en muchos casos positivos, especialmente en los asintomáticos, la infección activa en el sujeto positivo y, por tanto, su contagiosidad es más que cuestionable (aquí)?

La entrevista a Javier Padilla en La Sexta

Pocas horas antes, la noche del jueves 10 de septiembre, entrevistaron a Javier Padilla en La Sexta. La entrevista completa la tienen aquí. Los siguientes son dos extractos de la misma en la que se le pregunta a Javier sobre la situación de la atención primaria. Preguntas y precisas con respuestas que no faltan a la verdad. Yo incluso diría que Javier contesta mordiéndose la lengua.

La negra noche de la atención primaria: llegó la tormenta perfecta

Cinco meses antes del inicio del estado de alarma y tres antes de que empezara a hablarse en los medios del nuevo coronavirus de Wuham, escribí una entrada en el blog titulada “La negra noche de la atención primaria” (aquí). Algún compañero me preguntó en privado por si estaba deprimido dado el tono tan pesimista de dicha entrada. Releerla ahora, ante la situación en la que nos encontramos, no hace más que reafirmarme en todas y cada una de las palabras escritas en dicha entrada.

Pero incluso a mi, me resulta inquietante la frase final de la misma por premonitoria: “Agárrense a sus asientos que vienen curvas, veremos qué nos depara todo ello pues la tormenta perfecta se acerca“. Este coronavirus pandémico no ha hecho más que acelerar la llegada de la tormenta perfecta a la atención primaria española. Veremos dónde terminan los restos del naufragio. Y no, no estoy deprimido: sólo veo y miro, oigo y escucho. Tras el colapso, sólo puede venir la parálisis o la destrucción. Aunque lo que necesitamos en realidad es una revolución. ¿La tendremos?

Juan Simó Miñana