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El Instituto Carlos III estudia una nueva metodología para análisis de biomonitorización humana

valora la exposición de personas a sustancias químicas presentes en el medio ambiente

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Investigadoras del Centro Nacional de Sanidad Ambiental (CNSA), del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), han participado en la publicación de un artículo internacional que propone una novedosa guía para el diseño y preparación de estudios de biomonitorización humana (HBM), basada en un proceso estructurado en fases de trabajo concretas.

Los resultados de esta investigación se publicaron en la revista International Journal of Hygiene and Environmental Health. La directora del CNSA, la doctora Argelia Castaño, y la científica titular del Área de Toxicología Ambiental Marta Esteban son dos de las firmantes de este trabajo, realizado en el marco del Proyecto Europeo de Biomonitorización Humana (HBM4EU) y liderado por científicas de la Agencia Ambiental de Alemania.

Los estudios de biomonitorización humana valoran la exposición de las personas a sustancias químicas presentes en el medio ambiente, mediante el análisis de estas sustancias, o de sus derivados, en muestras biológicas, como sangre, orina, pelo, etcétera.

"Son una herramienta fundamental para la Salud Pública, ya que permiten conocer la exposición real a contaminantes ambientales de la población general", destacan las investigadoras del ISCIII. Gracias a la biomonitorización se pueden identificar y eliminar posibles fuentes de exposición a diferentes contaminantes, estudiar su relación con la enfermedad, identificar grupos vulnerables, fijar prioridades en investigación y determinar la efectividad de las políticas de Salud Pública, entre otras cuestiones.
Enfoque de investigación por fases
Este tipo de estudios presenta una gran complejidad, desde la fase inicial (en la que se diseña el estudio seleccionando la población a analizar, la matriz biológica y biomarcadores más adecuados, el momento de la toma de muestras, etcétera) hasta la final (en la que se lleva a cabo la interpretación y comunicación de los resultados).

"El trabajo de campo es una fase especialmente delicada, ya que requiere la captación de los participantes y la recogida de las muestras en condiciones específicas para su conservación. Es necesario tener en cuenta todas las fases iniciales y todas las cuestiones éticas, y una coordinación y organización muy precisa de muchos recursos humanos y materiales, lo que implica costes elevados", comentan las autoras.

La creciente aplicación de estos estudios en Epidemiología hace necesario, según estas investigadoras, optimizar la planificación, el diseño y el desarrollo de las investigaciones, más allá de las actuales recomendaciones existentes en la literatura científica. Por ello, proponen un enfoque de investigación por fases, con la exposición de una guía de trabajo muy concreta que organiza y detalla el desarrollo de estos estudios para optimizar recursos y garantizar la calidad y fiabilidad de sus resultados.