Punto de vista Apuntes de un boticario

Techo de cristal. A propósito del Día de la Mujer

Para reivindicar derechos creo en la huelga legal, reglamentada y pertinaz. Por el contrario estoy en contra de las manifestaciones multitudinarias cuya sola “eficacia” práctica e inmediata es poner en colapso una ciudad y generar en los ciudadanos un efecto contrario a las reivindicaciones de los manifestantes.

Hay veces que, porque las pancartas están mal escritas o la que abre el cortejo va arrugada y no se lee bien, el motivo que mueve a tanta gente no se sabe a qué se debe. Si logro leer un trozo de frase que termina en “eros” puede ser una protesta de bomberos, titiriteros o solamente tenderos.  Las banderitas que portan los que van detrás  en el caso de mi ciudad, y por la similitud de colores, no determinan si atañen a algún problema que alcanza a toda Andalucía o están relacionadas con el señor Ruiz de Lopera, expresidente del Betis, pidiendo: “¡Beatificación ya para Don Manué!”, (lema verídico que yo he visto), cuando, por el contrario, otras posteriores pedían su ejecución inminente y pública en la Plaza Nueva.

También están las mesitas colocadas en puntos estratégicos de cualquier urbe que siguen el modelo antiquísimo de los días de la banderita de la Cruz Roja o las petitorias de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), que sirven de modestas formas recaudatorias. Otras las instalan unas personas que te piden firmes en unos folios para que te manifiestes “contra” el SIDA o el cambio climático, por ejemplo. En mi caso, y cuando uno de los peticionarios me pregunta si estoy en contra de estas cosas, siempre le digo que “por supuesto”, pero que también estoy en contra de la gripe, de los accidentes de tráfico y de los perritos falderos que se cagan en la vía pública.

También, de un tiempo a esta parte, están los “Días” dedicados a algo o a alguien. Esta vieja idea la parió Don Ramón Areces con su “Día de los enamorados” a los que sus sucesores epilogaron con el “Día de la madre del padre y de la que parió a la madre de la mujer del padre, que es la suegra”. Ya todos los días hay “Días de todos los días”.

Día de la mujer

Yo he tenido la suerte, en mis múltiples trabajos, de haber tenido más compañeras que compañeros y me han demostrado su supremacía en la mayoría de las labores que hemos compartido

Comprobarán que, por cercanía de pasadas fechas, estoy prologando mis “Apuntes” basándome en la manifestación multitudinaria del “Día de la mujer”. Para empezar diré que el que suscribe estudió una carrera universitaria en la que en su tiempo, y ya ha llovido, las mujeres ganaban ampliamente en número a los hombres. Actualmente, y sin salir del ámbito universitario, en Ciencias Químicas, Biología y Medicina el número de féminas se ha triplicado. Y hablo de docencias duras porque si me meto en las blandas nunca terminaría.

Esta mayoría específicamente intelectual no quita mi preocupación si no se siguiera luchando contra la violencia de género hasta el punto, según mi opinión,  que habría de abrirse diariamente cualquier medio de comunicación, llámese prensa, radio o televisión, dando cuenta de las mujeres asesinadas por varones en lo que va de año y que, desgraciadamente, viene ocurriendo casi todos los días. Sin olvidar el maltrato psicológico que en la mayoría de los casos no lo sabe ni la vecina de enfrente.

Estos terribles sucesos ocurren, entre otras motivaciones más importantes cuyas raíces hay que seguir estudiando para sajarlas de plano, porque el acomplejado e hijo de puta del asesino es más fuerte físicamente que la mujer y eso lo da la anatomía.

Otra cosa es desvirtuar algo tan inmediato y dramático con frases como  “Techo de Cristal” con las que pierden fuerza las estúpidas que, en su mayoría, no han vivido ni por asomo el espíritu de la película “Solas” de Benito Zambrano.

Humanización femenina

Las mujeres no son iguales que los hombres. Las mujeres son mejores. Yo he tenido la suerte, en mis múltiples trabajos, de haber tenido más compañeras que compañeros y me han demostrado su supremacía en la mayoría de las labores que hemos compartido. Una farmacia atendida por una mujer “vende” más que si lo hace un hombre. Una enfermera es mejor en las extracciones de sangre que un varón. La funcionaria atiende con mayor diligencia y agrado al usuario que su compañero y además, en este caso, es capaz de, al mismo tiempo, resolver algo pendiente en la pantalla del ordenador.

La directora de mi sucursal bancaria está humanizando la banca. La conozco tan solo hace unos meses y la semana pasada me llamó para preguntarme qué tal había ido la operación quirúrgica de mi hija. Actualmente y en mi labor fármacoperiodística tengo dos Palomas (es una feliz casualidad que ambas se llamen igual) que me edulcoran la vida.

Lo que relato es cierto y son vivencias propias. Sin ir más lejos la persona a la que más he admirado fue la mujer que más tiempo, aunque corto, compartió mi vida porque se fue muy pronto.

¿Son los fármacos machistas?

La aspirina al ser un comprimido, término masculino, debe ser el aspirino. Y como el Optalidon es una gragea, nómbrese como la Optalidona

Dicho lo cual, que dicen los tertulianos profesionales, no dejo de mostrar mi disconformidad con la manipulación política del feminismo que desvirtúa el espíritu del modelo de mujer al que he hecho referencia. Porque todas las actividades a las que he hecho referencia, convividas con mujeres,  no quita que éstas ante una situación requerida de fuerza física haya solicitado la ayuda de un hombre. Desde bajar un pedido especialmente pesado de una estantería a enfrentarse a un enfermo o usuario de la Administración especialmente agresivo. Y yo no soy Steven Seagal. Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa que decía mi mamá…¿ven?.

Por ello, y en el plano farmacológico en el que me muevo, valga como muestra gratuita un reportaje reciente firmado por Cristina G. Lucio, a la que no conozco, y que titula: “¿SON LOS FÁRMACOS MACHISTAS?”  (¡Toma del frasco Carrasco!). Se lo ofrezco en síntesis.

“Bernardine Patricia Haley, que fue la primera mujer que dirigió los Institutos de Salud de EEUU, denunciaba el hecho probado de que las mujeres estaban siendo excluidas en la investigación, prevención y diagnóstico de los trastornos cardiovasculares.  «Tradicionalmente, las mujeres han estado excluidas de la investigación biomédica», explica María Teresa Ruiz Cantero, que, como especialista en Epidemiología y Salud Pública en la Universidad de Alicante,  ha estudiado a fondo el fenómeno.  «Siempre se ha considerado que el varón representaba al ser humano de ambos sexos, que era la medida, por lo que no se consideraba necesario estudiar a las mujeres, excepto en lo que se refiere a la especificidad reproductiva», coincide Eulalia Pérez Sedeño, profesora de investigación en Ciencia, Tecnología y Género en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. De hecho, en 1977 el organismo que regula la investigación y aprobación de fármacos en EEUU, la FDA, rechazó explícitamente la participación de mujeres en edad fértil de los estudios clínicos bajo el pretexto de proteger a una posible descendencia de los efectos de fármacos en estudio.  «Suena bonito y ético, porque parece que se está protegiendo la salud materno-infantil. Y esto tiene consecuencias», subraya Ruiz Cantero.  Otro ejemplo es la apnea del sueño. Se consideraba un trastorno mayoritariamente masculino y hasta ahora la enfermedad en mujeres ha permanecido oculta a los ojos de la ciencia. La decisión de la FDA permaneció vigente hasta 1993, cuando las nuevas guías recomendaron evaluar las diferencias en función del sexo en los ensayos clínicos. La infrarrepresentación del sexo femenino sigue siendo patente. Las mujeres han estado hasta mediados de los años 90 excluidas de la investigación biomédica y de los ensayos clínicos de los nuevos medicamentos, lo que ha causado históricamente graves errores en el tratamiento de enfermedades en ella.”

Hasta aquí un extracto del reportaje citado. No sé si lo he leído bien, pero valga el ejemplo sobre las dosificaciones de determinados fármacos: ¿qué me dicen de la posología en bebés y niños pequeños?. Por lo que interpreto si no ensayamos con los cagones y/o con los locos bajitos, que decía Jardiel, los estamos marginando científicamente y poniéndolos en riesgo inminente de muerte. Fuera ya lo de la cucharadita de café para el jarabe del niño y sopera para su padre. Ensayemos directamente con ellos y no los marginemos. ¿Y con los enanos (¡perdón!: acondroplásicos) que además sean de raza negra?

Personalmente y por aportar mi estúpido granito al léxico farmacológico para que lo apruebe ya, como lenguaje inclusivo, el DRAE, propongo que la aspirina al ser un comprimido, término masculino, debe ser el aspirino. Y como el Optalidon es  una gragea, nombrarse como la Optalidona.

Aquí queda mi sugerencia para uso exclusivo de idiotas.

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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