El mirador

T-low, sarcopenia y medicalización del envejecimiento

Desde el envejecimiento como proceso natural del vivir, el comentarista cuestiona la creciente medicalización del mismo porque, como se ha puesto de manifiesto a través de los distintos procesos empleados, no contribuyen a la mejora de esa etapa de la vida de la persona.

La vida es corta, y cumplimos en ella el ciclo de la materia viva pues nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Como expresión de nuestra capacidad, los humanos tenemos además actividades civilizadas varias, y solidaridad para lograr que otros tengan lo que algunos tenemos. Pero no hay que darle vueltas, nacemos para morir, sin más. Se ha dicho de cien maneras, y es experiencia vital universal. Buena expresión de este viaje, del verdadero y único viaje, es la piel. De la tersura de la piel de un recién nacido a las arrugas de un centenario no hay más que tiempo. El tiempo que es nuestro propio pasar. La ternura que genera un bebé es imprescindible para la supervivencia humana, como es clave el respeto al anciano, que acumula experiencia y sabiduría.

 

Los seres vivos tenemos longevidad muy variable, y a través del material genético nos podemos considerar casi “inmortales”. Algunas bacterias viven segundos, algunos animales son centenarios, hay vegetales milenarios. Por ejemplo, el propio hombre vive en algunos casos el siglo y más; algunas almejas, ballenas y tortugas viven uno, dos y más siglos; existen olivos, pinos, robles, sabinas y secuoyas que viven siglos y milenios. Pero al cabo todos los seres vivos mueren, sin remedio.

 

De hecho, sensu stricto, los médicos sólo prolongamos vidas. Es decir, los médicos no salvamos vidas, pues al final todos los pacientes morirán (nosotros también). Los médicos evitamos algunas causas de muertes y del sufrimiento, la mortalidad y morbilidad innecesariamente prematura y sanitariamente evitable (MIPSE). Acompañamos a los humanos en su devenir, y evitamos las MIPSE, que no es poco. No evitamos, claro, el envejecer. El envejecimiento es signo de vida, pues sólo los que están vivos envejecen. Y un envejecimiento digno da crédito y respeto. Por ejemplo, la mujer verdaderamente guapa es la anciana que refleja en su cara el equilibrio interior que la hace atractiva y agradable en su serenidad venerable. Los ancianos sabios son los que envejecen aprovechando la experiencia para generar conocimiento, sean varones, sean mujeres. Envejecer es, pues, signo de vitalidad.

 

Welwitschia mirabilis

 

Hay una planta de longevidad milenaria, la welwitschia mirabilis, endémica del desierto Namib (donde puede llover 2 mm al año, y estar sin llover cinco años). Es una planta perfectamente adaptada a la sequedad de Namibia, capaz de absorber el rocío nocturno por sus hojas. Tiene sólo dos hojas, que crecen sin fin durante cientos de años. Algún ejemplar ha alcanzado los dos mil quinientos años de vida. Sus hojas se tuercen y retuercen, se hunden en el suelo y se secan y resecan, despuntándose. La planta logra una altura media de poco más de un metro

http://es.wikipedia.org/wiki/Welwitschiamirabilis

 

La welwitschia mirabilis es planta dioca. Es decir, con pies machos y hembras. Se reproduce por semillas.

 

La welwitschia mirabilis es una planta extraña y atrayente. Su longevidad no le quita sino añade atractivo a su exotismo. Uno puede pasarse horas en el desierto, en el Namib, yendo de un pie a otro, para admirar la variedad en la uniformidad, el efecto del viento y de la arena, sus formas disformes y elegantes.

 

Equiparar longevidad a decrepitud es un error. La longevidad es expresión de vida. El envejecimiento de la welwitschia mirabilis es un buen ejemplo de belleza, extraña, pero belleza atractiva.

 

La vasectomía de Sigmund Freud

 

Se creyó que la pérdida del esperma contribuye al envejecimiento. En buena lógica, pues, la vasectomía se impuso como método para lograr longevidad. En torno a los años veinte del pasado siglo hubo una epidemia de vasectomías entre los científicos que creyeron en la hipótesis espermática del envejecimiento. Entre ellos Sigmund Freud, quien se veía abocado a la muerte y quería retrasarla. Naturalmente, la vasectomía no cambió la longevidad de Sigmund Freud.

 

En lugar de una vasectomía se puede disfrutar de la vida sin exageraciones, de las drogas con prudencia, lograr una estabilidad emocional y de vida de pareja, hacer el deporte que agrade, mantener el peso y ser optimista y curioso (disfrutar de las actividades intelectuales, desde la charla con amigos al cine en versión original, pasando por la poesía). Y si la longevidad se valora como irrelevante, cabe vivir desenfrenadamente y a gusto, hasta quemar en años lo que podría durar décadas. Lo que parece absurdo es conseguir salud por la salud, para no disfrutarla. Es como tener una vaca lechera para no consumir su leche. Con desenfreno o con moderación, la vida es para vivirla.

 

La longevidad es signo de vida. Envejecer con dignidad es salud. Vivir por vivir no es objetivo de vida, es un absurdo.

 

T-low y sarcopenia

 

El envejecimiento es parte del ciclo vital. Tener salud es, precisamente, saber adaptar los deseos a las posibilidades, que van menguando en algunos sentidos con el paso de los años. Por ejemplo, en la actividad física es absurdo querer conservar las marcas de la juventud, sean horas de fiesta sin dormir, ascensiones a montañas o resistencia en el nadar estilo mariposa, por poner algunos ejemplos.

 

El envejecimiento conlleva cambios, como los señalados en la piel, o en los músculos. También caída del pelo, su cambio de color y la pérdida de su brillo y esplendor. Hay modificaciones renales, hepáticas, neurológicas, metabólicas y otras.

 

Hasta ahora, la medicalización del envejecimiento se limitaba al tratamiento con fármacos que empeoraban el proceso. Los neurolépticos (antipsicóticos) y los inhibidores de la colinesterasa se llevan la palma, pero son muchos los tratamientos farmacológicos perjudiciales.

 

Han cambiado las cosas con las campañas de promoción del los andrógenos, especialmente de la testosterona. En español sólo se encuentra la propaganda respecto a la sarcopenia (la pérdida de fuerza, masa y rendimiento muscular), pero en otros países se promociona el hipogonadismo, la disminución de los niveles de testosterona (T-low, “ti-lou”, testosterona baja), que se recomienda medir, por ejemplo, en diabéticos. Asombra la baja calidad y falta de ciencia, por ejemplo, del cuestionario para auto-diagnóstico de hipogonadismo en varones

http://www.isitlowt.com/

 

La promoción en torno a la sarcopenia pretende otro cariz, y no falta el “consenso” con definiciones, biometría (2,5 la desviación estándar) y demás

http://www.sarcopenia.es/pdf/ageandageing.pdf

 

Se promociona racionalmente la buena alimentación y el ejercicio físico, pero también dietéticos y los andrógenos y anabolizantes

http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0212-16112006000600008&script=sciarttext

 

La consecuencia final es un sinsentido, como demuestra el ejemplo de Australia, donde la prescripción de testosterona se ha multiplicado por cuatro en los últimos años, sin justificación según morbilidad

https://www.mja.com.au/journal/2012/196/10/pharmacoepidemiology-testosterone-prescribing-australia-1992-2010

 

Juan GérvasComo en la menopausia y su terapia substitutiva, el tratamiento con testosterona no logra detener ni compensar el envejecimiento (por supuesto, ni siquiera mejora el rendimiento sexual), pero presenta graves inconvenientes. Así, hubo que detener un ensayo clínico de administración de testosterona en ancianos, por los efectos adversos cardiovasculares

http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa1000485

 

No es extraño que en Australia y en Canadá se haya considerado el T-low, el hipogonadismo, como una “enfermedad inventada”, medicalización del envejecimiento

https://www.mja.com.au/journal/2012/196/10/testosterone-case-disease-mongering

http://www.bmj.com/content/343/bmj.d5501

 

Hay mucho recorrido para promocionar el uso terapéutico de la testosterona, hay muchas posibilidades de hacer daño, desde el cardiovascular al impacto en el cáncer de próstata.

 

Vale la pena envejecer y vivir dignamente hasta morir. La longevidad es signo vital, y la vejez, el remate saludable a toda una vida. Medicalizar el envejecimiento es absurdo, y peligroso. ¡Pobres varones, pobres ancianos!

 

Juan Gérvas ([email protected]) es médico general y promotor del Equipo CESCA, Madrid (www.equipocesca.org)

 

Acta Sanitaria