Política y Sociedad tienen derecho reconocido a ayudas económicas pero no las perciben

Unos 250.000 españoles aún sufren el «limbo» de la Dependencia

El seminario de Economía y Políticas de Salud, titulado ‘El valor y el coste de los cuidados familiares a personas dependientes‘ y organizado por la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS), ha evidenciado que centenares de miles de españoles -unos 250.000 según se citó- sufren el «limbo» de la Dependencia, es decir, que tienen derecho reconocido a ayudas económicas pero no las perciben.

Félix Lobo

Conocer la dependencia

El profesor emérito del departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), Félix Lobo, dio la bienvenida a la penúltima cita del ciclo de FUNCAS, denominado ‘De la investigación a la acción’. Por eso, celebró especialmente abrir la sesión con mención a la necesidad de evaluar los costes derivados de los cuidados informales a personas dependientes, a los que prefirió llamar cuidados familiares.

Por su parte, la profesora de la UNED y responsable de los programas sociales de FUNCAS, Elisa Chuliá, reflexionó sobre la falta de tiempo que tienen los investigadores para lograr una perspectiva mínimamente reposada de todo lo que se publica. A lo que añadió la importancia de tener siempre muy presente la variable renta del cuidador en todo acercamiento académico al estudio económico de los cuidados informales. Con el objetivo, explicó cómo socióloga de formación, de conocer este aspecto importante del bienestar de los ciudadanos.

Elisa Chuliá también destacó datos como que los cuidados informales pueden cuantificarse en la mitad del coste destinado en España a pensiones. Dentro de una perspectiva oscurecida por el hecho de que las familias españoles decrecen en densidad de miembros.

Juan Oliva

Atraso pendiente

El profesor de Economía de la Salud de la Universidad de Castilla-La Mancha, Juan Oliva, elogió el trabajo de su colaboradora María Luz Peña-Longobardo, entre otros colegas que trabajan en sus investigaciones.

A continuación, aludió al retraso que padecía España a comienzos del siglo XXI en atención a la Dependencia, de manera que el peso de los cuidados recaía en la disponibilidad de renta de las familias. Dentro de un modelo Mediterráneo, muy alejado, según confirmó, de los sistemas instaurados en Suecia, con protección universal, y los otros modelos que denominó continental y liberal. Con la constatación, añadió también, de que el sistema español de cuidados informales viene marcado por un alto copago de las familias, escasa renta para sus protagonistas y una clara falta de visibilidad en el país.

Elisa Chuliá

Definir los cuidados

En ese contexto, Juan Oliva aportó la definición académica de cuidado informal como prestación no profesional compuesta por atenciones heterogéneas efectuadas por personas del entorno del dependiente.

Con rasgos como la falta de horario fijo, descansos, vacaciones o retribución, además de la existencia de vínculos afectivos. Mediante actividades básicas para la vida personal, como la alimentación o el acto de vestirse, y al servicio de los cuatros grandes grupos de personas cuidadas: No elegibles, moderados, severos y grandes dependientes, según detalló.

La Ley del cambio

Tal como detalló el profesor Oliva, el cambio vino en 2006 con la promulgación de la Ley de Promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia. Sin embargo, el profesor lamentó que su modelo previsor y provisor quedó bloqueado con el estallido de la crisis económica, con el que se truncaron tanto la proyección del sistema para la autonomía y atención a la dependencia, SAAD, como los 263.000 empleos que se esperaba que iba a generar.

Juan Oliva y Félix Lobo

Desde enero de 2017, hasta fechas de 2019, Oliva cifró en cerca de 1,7 millones de personas las solicitantes de ayudas a la dependencia, de las cuales 1,3 millones vieron su derecho reconocido y poco más de un millón se convirtieron en beneficiarios efectivos de dichas ayudas. Este fue el momento en que el profesor hablo de un «limbo» de la dependencia, en el que ubicó a 250.000 personas. Una cifra muy considerable aunque, según resaltó, inferior a los 400.000 que había antes.

Dentro del perfil del millón y medio de cuidadores principales existentes en España, precisó el investigador que son mayoritariamente mujeres, cónyuges o hijas, de edad madura o avanzada, y con escasa fuerza física para el manejo del dependiente y bajo nivel de renta.

Como costes personales de las cuidadoras, Oliva enumeró porcentajes de problemas de pareja, laborales, económicos y de salud. Pese a lo cual, se mostró pesimista respecto a que se pueda profesionalizar estos cuidados por su elevadísimo coste público.

Costes a determinar

Oliva repasó igualmente costes derivados de ser cuidadora principal como el tiempo no remunerado, la ausencia de ocio y la sobrecarga que lleva a trastornos físicos y psicológicos en su propia persona, según avanzan los años y se incrementa la intensidad de los cuidados requeridos.

En relación con la investigación, comentó el proyecto CUIDAR-SE, realizado por la Escuela Andaluza de Sanidad en las provincias de Granada y Guipúzcoa. De este programa se dedujo que el 90 por ciento del tiempo de cuidado se dedicaba a grandes dependientes o severos, con 14 horas al día, que podrían ser 16, los siete días de la semana, a pesar de tener las cuidadoras una media de 60 años de edad. Dentro de un estudio en el que profesor observó que no se trataba de cuidadores informales en sentido estricto dado que ya estaban mayoritariamente incluidos en los servicios sociales.

Encontró Oliva que se corre el riesgo de cosificar valores como la solidaridad, o la pérdida de altruismo, a la hora de cuantificar económicamente estos cuidados informales. No obstante, asumió esta tarea desde tres ópticas complementarias: el concepto de coste de oportunidad, el coste que supondría sustituir un cuidador no profesional por otro que lo sea y la cantidad máxima para la que hay disponibilidad para pagar.

De las horas a los euros

El profesor aplicó esa perspectiva mixta a las 5.000 horas de cuidado estimadas al año según la valoración contingente y el hipotético coste de reemplazo, para hablar de una renta de 20.000 euros anuales, que podrían subir a los 50.000 anuales, con atención a variables como los ceros «protesta» y los ceros de ausencia de liquidez, entre otras.

Este enfoque, triple y no concluyente según explicó, incluye tanto las ópticas individuales y desde las instituciones. En personas con accidentes cerebrovasculares, por ejemplo, calculó en cerca de 20.000 euros los primeros 12 meses posteriores a cada ictus por paciente superviviente. Trajo a colación asimismo Oliva un número de The European Journal of Health Economics con el que expresó altos impactos económicos derivados de ciertas distrofias y fibromialgias.

Problemas al investigar

El profesor Oliva denunció que el mayor estudio sobre dependencia supera la década de antigüedad y que la encuesta sobre la población española se realiza cada cuatro años con carácter incompleto a este propósito. Como herencia de la pasada crisis económica, el profesor habló de cicatrices mal curadas, como muestra una tasa de pobreza infantil del 30 por ciento. Acerca de los posibles robots cuidadores, estimó que no resultará fácil que puedan suplantar a los cuidadores humanos.

José María Labeaga

Dependencia y suicidio

El profesor de análisis económico de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), José María Labeaga, alertó del peligro que supone el envejecimiento de la población española para el futuro de los cuidados informales, porque ya es manifiesto que la demanda excede con mucho a la oferta.

A pesar de ello, no se sintió capaz de hacer proyecciones porque hay muchas variables imprevisibles. Por ejemplo, comentó que la morbimortalidad en la franja de edad de los 45 a los 57 años de la población blanca de Estados Unidos está en claro aumento.

Vinculó este profesor el drama del suicido a la dependencia, con datos de población general que en 2018 superó los 4.000 fallecimientos por esta causa junto a 12.000 intentos fallidos. Debido a que, según comentó, hay muchas personas dependientes que acaban con su vida.

Por otro lado, Labeaga quitó toda ideología a cuestiones como no poder contar con robots cuidadores a corto plazo, porque son caros, y ante algunos programas electorales que prometen bajadas masivas de impuestos. Como dato descriptivo, el ponente situó en el 26 por ciento de los cuidadores a aquellos que pueden compaginar esa actividad con un trabajo estable.

Próxima cita, tabaquismo

El profesor Féliz Lobo, que también es coordinador de Economía y Políticas de Salud de FUNCAS, concluyó con el emplazamiento de los presentes a la última sesión del ciclo, que se centrará en el tabaquismo y que se celebrará el próximo 5 de junio.

1 Comentario

  1. Felicito a los ponentes por su atención al denominado «limbo de la dependencia» a que se refiere el documento y lamento la prácticamente ausencia de una perspectiva epidemiológica desde la discapacidad. Esta última habría podido revelar la existencia de otro «limbo de la dependencia» de proporciones similares o mayores. Este es el constituido por personas con discapacidad grave y dependencia grave no evaluada que no disponen de cuidadores familiares claramente reconocibles ni de servicios sociales en su domicilio estando en la practica confinados en sus domicilios (Almazan-Isla J et al 2017). La vigilancia epidemiológica de esta discapacidad con dependencia no atendida, es mas propia de la atención primaria que de los servicios sociales habitualmente desbordados por la demanda que el segundo «limbo de la dependencia» que Peña Longobardo, Oliva y otros tan precisamente describen.

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