Política y Sociedad Según especialistas en Economía y Ciencia reunidos por Farmaindustria

Solo con ciencia biomédica España podrá salir del actual marasmo económico

El último encuentro digital de Farmaindustria ha confirmado que únicamente mediante fuertes inversiones en ciencia biomédica, podrá España salir del actual marasmo económico en el que se encuentra hoy, inversiones que, a juicio de los ponentes participantes, deberán materializarse mediante colaboraciones público privadas contempladas desde una visión integradora por parte del Estado.

Este acto, destinado a analizar el papel de la industria farmacéutica en la recuperación económica de España, con la colaboración de la Asociación de Periodistas de la Información Económica (APIE), aportó argumentos sobre la función estratégica del sector salud, y la industria farmacéutica como parte fundamental del mismo, a la hora de reactivar la economía nacional, dado que España es referente mundial en investigación clínica de medicamentos y tiene ante sí una gran oportunidad para generar conocimiento y atraer inversiones, con beneficios sanitarios, económicos y sociales para el conjunto de la ciudadanía.

Francisco Fernández

Un encuentro muy pertinente

El director de comunicación de Farmaindustria, Francisco Fernández, justificó este encuentro digital por la intrínseca relación que existe entre la salud y y la buena marcha de la economía, hasta el punto, aseguró, de que mayores inversiones previas en la Sanidad habrían evitado una parte importante de los males causados por la pandemia de la Covid-19, mientras que, ahora, todos los sectores productivos están llamados a reactivar una maltrecha economía, aunque con posiciones de vanguardia para ayudar por parte de la industria farmacéutica, según señaló.

El 2021, año clave para el futuro

Recordó Francisco Fernández que el 73 por ciento del incremento en la esperanza de vida del que disfruta la población se debe a los nuevos medicamentos, además de resaltar la capacidad de las compañías para abreviar a menos de un año los plazos para encontrar nuevos tratamientos y vacunas frente a la enfermedad que sacude al mundo y a sus economías, cuando hasta hace muy poco estos lapsos iban más allá de una década de media.

De esta forma, el mencionado directivo compartió sus esperanzas, tanto personales como institucionales, en que se disponga de tales nuevos tratamientos innovadores y vacunas en el umbral del año 2021.

Amparo Estrada

Ponentes de excepción

La vicepresidenta de APIE, Amparo Estrada, presentó a los tres ponentes del día, con especial mención al doctor Mariano Barbacid, que fue candidato en su día al Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Así, elogió la gran labor realizada por la industria farmacéutica en respuesta a la pandemia de la Covid-19 y preguntó a los participantes en este coloquio sobre el efecto que tendrán los fondos que asignará la autoridad comunitaria de la Unión Europea (UE) para la recuperación económica y social de España, al estar subordinados a una exigente explicación de sus fines.

España, hub mundial de salud

Amparo Estrada comentó, además, que cada año se invierten en I+D+i europea más de 150.000 millones de euros, con la oportunidad que tiene España de convertirse en un hub de salud de importancia internacional, tal como defiende el Instituto Elcano en uno de sus informes.

Antón Costas

Disyuntivas presentes

Antón Costas, que fue presidente del Cercle d’Economía de Barcelona, fijó posiciones sobre dos cuestiones. La primera fue decir que hoy vivimos en una economía pandémica en la que la recuperación solo puede ser asimétrica e implicar el hundimiento de bastantes barcos, en símil marinero, frente a las mejorías que acontecen después de las recesiones económicas cíclicas clásicas, en las que pueden salvarse todas las empresas, o las naves, por continuar con la analogía náutica, mediante medidas monetarias y fiscales.

La segunda cuestión fue, para el también catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona, afirmar que es necesario combatir con eficacia las dos pandemias superpuestas que hay en la actualidad, como son la representada por la Covid-19, propiamente dicha, y la representada por el cambio climático, hoy un poco en segundo plano.

Incrementar la investigación

A través de dos vías posibles, entiende Antón Costas lo anterior, como son la investigación y las actuaciones clínicas, por un lado, o mediante la reducción del crecimiento económico, como demuestra la bajada en la emisión de factores contaminantes, debido a la inmovilización forzosa de la gente y los confinamientos.

Inversiones y no gastos

Ante estas dos opciones, este economista prefiere la primera, por ser más progresista y tener mayor potencial redistributivo de recursos, por lo que apuesta por la economía “taller” de las empresas, unida a la economía laboratorio que caracteriza a la industria farmacéutica, apoyada en la investigación como elemento de competitividad y progreso.

Todo ello al ser la mejor alternativa, a juicio de Costas, a la economía del ladrillo y el turismo, que dominan el sistema productivo español, de forma y manera que vincula el futuro de la economía española al desarrollo internacional de la Medicina y los nuevos medicamentos. Desde ese razonamiento, dejó claro que los gastos en salud son inversiones porque, en su ausencia, y como se sabe desde marzo pasado, la economía deja de funcionar correctamente.

El fin de la ilusión

Se remontó este catedrático a las tres décadas que empezaron en los años 50 del siglo pasado, como época gloriosa para la Sanidad Pública en un clima de optimismo que hizo avanzar de manera prodigiosa la salud, la prosperidad y la democracia en el mundo, hasta que, con la fractura iniciada en 1978, y que duró hasta el año 2000, se cambió a una fase de caída de la productividad y los parámetros de salud del planeta en general.

Un total de 2.500 nuevos científicos

Este economista propone contratar en España a 2.500 investigadores, cuyo coste sería aceptable, para relanzar de forma segura la ciencia en España y, por ende, su maltrecha economía. Así, lamenta que falte en el país una mayor autoestima y más integración en partes muy brillantes del sistema industrial, cuyas piezas deberían ser armonizadas como en un puzzle con la coordinación del Estado, frente a la niebla densa que supone la incertidumbre, siempre más perniciosa que, incluso, los propios riesgos que acarrea una crisis tan lesiva para todo como la causada por el SARS-CoV-2

Apelación a Keynes

Pide Costas a los que quieran sentar las bases de un buen gobierno que, al dictado de Keynes, coordinen esos actores productivos para poder invertir con buen criterio y así reducir la citada incertidumbre. Rechaza, además, la idea de que el dinero que vaya a venir de Europa, tras su aprobación el pasado mes de julio, vaya a ser un maná pasivo.

Todo ello al ser partidario este ponente de que la salida del actual marasmo económico brote de cada uno, mientras que se contemplen los presupuestos con visión de futuro y no como la mera suma cero de gastos e ingresos, para repensar, de paso, sobre la mejor forma en la que organizar los ingresos públicos, aconsejó.

No seguir la vía de los FEDER

Advierte Costas del peligro que supondría para España que los fondos que lleguen desde Europa se destinen a inversiones para fines fijos, como ocurrió con el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), que sirvió, principalmente, para convertir al país en el espacio con mayor tendido AVE del mundo, razón que le lleva a proponer que estos fondos se asocien a empresas líderes y no tanto a entidades públicas o a consultores, ya que, si no, Europa no soltará ni un euro, avisó.

Para no caer en la retórica política, recordó este ponente a las Administraciones que el desarrollo de proyectos siempre es extremadamente complejo y que existen claros riesgos de que los fondos europeos se pierdan, tengan mal fin o que, incluso, nunca lleguen. Para concluir, reivindicó menos polarización política para España porque, si no, no se podrán conjurar los peligros a los que se enfronta el país.

Ensayos en Fase 3

Mariano Barbacid, que es profesor de Oncología Molecular, defiende la importancia capital de la industria farmacéutica para la salud de las personas, especialmente por su capacidad para haber logrado, en apenas meses, llevar nuevas moléculas a Fase 3, con el ejemplo de la vacuna que desarrolla Moderna en Estados Unidos.

Con el deseo de que desaparezcan los medicamentos no innovadores de los anaqueles de las farmacias, Barbacid se mostró ferviente partidario de la investigación básica, unida a la que realizan los laboratorios.

Pérdida de liderazgo europeo

El que fuera, igualmente, director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) lamenta el decaimiento de la investigación básica en España y que la Big Pharma ya no sea tan fuerte ni en España ni en el resto de Europa, continente que apenas retiene un tercio de la innovación en nuevos medicamentos, salvo el enclave de Suiza.

También lamenta esta situación Barbacid especialmente en el terreno de la Oncología, cuyo liderazgo recae de forma dominante hoy en Estados Unidos. En esa área terapéutica, también señaló que su financiación actual es muy baja en líneas celulares, frente a los modelos animales en los que se centra la investigación actual.

Desidia política

Sin ser economista, ni pretenderlo, este investigador ve cierto descuido en los mandatarios en los recursos destinados a los hospitales, cuya materialización siempre tiene eco inmediato en la salud de la población atendida, a la vez que se desdeña la inversión, la atracción y la retención de talento investigador en España, por el hecho de que sus resultados no suelen verse antes de cinco años.

Esta coyuntura explica, entre otras cosas, según observó Barbacid, que España esté hoy mucho peor que en 2008, en ese terreno. Se alineó, además, con Costas, al recordar que las inversiones realizadas en España para la  creación del CNIO y el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) cambiaron radicalmente el país, lógicamente para bien.

Capital público semilla

No ve asumible este ponente que España solo dedique el 0,45 por ciento de su presupuesto a investigación biomédica, lo que supone un drama porque, sin inversión pública semilla, la privada nunca da el paso, según sus palabras, como en su caso particular, que ve una reducción de fondos reducida a la mitad, respecto al momento en el que él mismo empezó a investigar.

A esta situación, Barbacid contrapuso la teoría de las tres erres: más recursos, más recursos y más recursos, para no tener que gestionar, únicamente, la miseria común. Desde ese planteamiento, no ve en España inversiones similares a las de AstraZeneca y la británica Universidad de Oxford.

Dar cancha a los gestores privados

Este investigador expresó su predilección porque los fondos europeos se gestionen con el consejo de consultores especializados. De esta forma, desdeña la creación de una agencia pública a tal efecto efecto, aspecto que argumentó desde la ineficacia ya demostrada por la infructuosa creación, hasta la fecha, del Ministerio para la Ciencia y la Investigación en España

En apoyo de todo lo anterior, este científico citó que solo se ejecutó el 30 por ciento de los fondos FEDE, por lo que reclama que los nuevos fondos que lleguen desde Europa no se pierdan en “mamandurrias”.

Javier Urzay

Volver a la salud perdida

El subdirector general de Farmaindustria, Javier Urzay, aseguró que no habrá recuperación para España sin un apoyo decidido y sostenido a su sistema productivo e investigador, de forma que será muy difícil volver a un estatus de salud anterior al surgimiento de la pandemia de la Covid-19, desde su punto de vista corporativo.

Destacó Javier Urzay la colaboración entre Gobiernos, no incompatible, sin embargo, con algunos fenómenos condenables de nacionalismo, como el acaparamiento de medicamentos y medios de protección, y entre las propias compañías farmacéuticas antes muy competidoras entre sí.

Un sector comprometido

Asume Urzay, en nombre del sector, su compromiso por impulsar la economía del país, al traer, además, tratamientos y vacunas de nueva generación para el SARS-CoV-2 y otras amenazas que surjan para la salud de la población mundial y cada individuo en concreto.

Estima este ponente que un año ganado en esperanza de vida se traduce en una subida de cuatro puntos del PIB, además de ser la industria un sector generador de puestos de trabajo de calidad que debería obligar a la Administración a reforzar este elemento tractor para la economía.

La incertidumbre es un lastre

Este responsable sectorial señaló que el coste de la incertidumbre es muy alto para la industria, por alargarse hasta en una década cada desarrollo de un nuevo fármaco y por suponer desembolsos medios superiores a los 500 millones de euros en cada caso, además de verse incrementada tal incertidumbre, muchas veces, por los bandazos regulatorios dados desde las Administraciones.

Para corregir esa situación, y fomentar el talento científico y la recuperación económica nacional, insta Urzay a que los Gobiernos estimulen la investigación con inversiones proporcionales a las que se hacen en telecomunicaciones o sistemas de transporte.

En ese sentido, el subdirector general de esta organización aseguró que el elemento diferencial de España está en la biomedicina, por la vía de la digitalización en colaboración con la industria de tecnología sanitaria, el tejido de investigación básica y las sinergias posibles y necesarias dentro y junto al entramado de investigación clínica nacional.

Más facilidades y menos subvención

Apuesta este ponente por superar el esquema de convocatorias de ayudas y subvenciones que no dinamizarán nada y se atascarán en su burocracia administrativa, como suele ocurrir, al preferir también más apertura a la colaboración público privada y no tantas leyes.

Urzay insistió en que hoy se siguen por las teles a diario los avances en las vacunas para la Covid-19, cuando antes el seguimiento mediático era discontinuo y solo interesaba al grupo de pacientes y clínicos de cada patología concreta.

Más PIB para Ciencia

Rechaza este directivo sectorial que en España haya un desfase de un punto de PIB público para Sanidad, y otro privado para Ciencia, en concepto de inversión para la Salud, porque las inversiones en salud redundan también en la mejora de la economía, según aseveró.

Urzay compartió su pesar porque en tiempos pretéritos Europa ocupaba dos tercios de la inversión en la innovación terapéutica mundial, frente al 20 por ciento que representa hoy, al corresponder el 50 por ciento, actualmente, a Estados Unidos y el resto a otras partes del planeta.

Elogió el subdirector general de Farmaindustria, finalmente, la calidad de los sanitarios y los investigadores españoles, dentro de un gran país que tiene muy buenos mimbres para ser líder en innovación, siempre y cuando los fondos europeos conecten directamente con las necesidades y los criterios de la sociedad civil.