Punto de vista otro aspecto de la crisis de los profesionales

Sobrecarga laboral y formación continuada

En un reciente número de la Revista Madrileña de Medicina, editada por el sindicato AMYTS, su director médico, cuyo artículo recogemos, pone de manifiesto la gran contradicción que se registra entre los planteamientos necesarios de formación continuada y la sobrecarga asistencial que impide una realización adecuada de los mismos.

Tratar de promover la formación continuada de los profesionales en el entorno actual de sobrecarga laboral, desgaste profesional y desmotivación supone muchas contradicciones. Y más si lo haces desde dentro de un sindicato profesional, como es una de mis responsabilidades. Porque eres testigo de las muchas dificultades de los médicos para poder satisfacer esta necesidad de nuestro ejercicio, y de cómo la Admnistración sanitaria, la gran institución contratadora de facultativos en nuestro entorno (aunque no única), no parece preocuparse en exceso por ello. Pero lo realmente doloroso es que no parece preocuparse por otros temas en principio más importantes, como por ejemplo el bienestar de los profesionales. Sin ellos no se humaniza, por muchas encuestas sobre el tema que se lancen en la intranet del SERMAS. Sin ellos, o con ellos en situación precaria, tanto en lo laboral como en lo humano, no hay sanidad de calidad que se mantenga.

Sin los profesionales, o con ellos en situación precaria, tanto en lo laboral como en lo humano, no hay sanidad de calidad que se mantenga

Trabajamos, desde luego, en acompañar a nuestros compañeros en la preparación de sus OPE, en colaboración con la Confederación Estatal de Sindicados Médicos, en la que estamos confederados. Y tratamos de hacerlo con calidad (gracias a los equipos docentes) y aprovechando al máximo los recursos existentes, para no duplicar esfuerzos. Tratamos de ofrecer, también en el mismo marco, formación continuada de interés para los facultativos, orientada a objetivos concretos y de corta duración, para hacerla más accesible y valiosa para ellos. Y comenzamos a trabajar, también, para que se pueda acabar reconociendo el esfuerzo que muchos de nosotros hacemos fuera de la formación reglada, como ocurre en otros ámbitos.

Sobrecarga laboral

Pero eso no quita ni un ápice de conciencia de la situación tan adversa que para la formación suponen las condiciones en que nuestros facultativos trabajan en el sistema sanitario. No se puede pretender fomentar la formación sin mejorar esas condiciones, teniendo en cuenta el gran número de profesionales que las padecen. La atención sanitaria no sólo necesita una mirada integral para garantizar la coordinación asistencial, esa mirada es también necesaria para garantizar la calidad. Y hoy eso pasa por un embudo claro: la sobrecarga laboral.

Hay mucho sufrimiento, mucha tensión en la profesión, y eso no puede, ni debe, ocultarse

No nos valen las palabras fáciles de nuestros políticos, que no viven en primera persona la tensión que supone atender la salud de muchos pacientes (en atención primaria, en los avisos urgentes extrahospitalarios, en las urgencias hospitalarias, en las consultas) como si de una cadena de montaje se tratara, sabiendo que no todos los problemas pueden esperar y que resolver muchos de ellos necesita de algo más que de una especie de automatismo diagnóstico que recoge una “entrada” y produce una “salida” que, además, es medida de acuerdo a criterios que exigen más allá de lo que se hace posible en la dura realidad. No nos valen las excusas y justificaciones de quienes administran la Sanidad, para poder seguir vendiendo “humo” (aunque sea bajo la máscara de la humanización, tan valiosa ella mientas no acabemos degradándola) y seguir presumiendo de un sistema sanitario de calidad, aunque sea a costa del sobreesfuerzo y el desengaño de sus profesionales. No nos valen las mesas de trabajo para enfrentar, después de muchos años de deterioro, la situación actual y ver para cuándo pueden pensarse algunas soluciones. Y tampoco nos valen las acusaciones de algunos iluminados, según los cuales ese es un problema de profesionales flojos de ánimo o no suficientemente competentes para ejercer bien su profesión, a diferencia, claro está, de ellos mismos que lanzan esas acusaciones.

Hay mucho sufrimiento, mucha tensión en la profesión, y eso no puede, ni debe, ocultarse. Pero a diferencia de otros países, en el nuestro sí se trata de ocultar.

Acusación pública

Por eso acusamos públicamente a la Administración, y la denunciamos ante la Inspección de Trabajo, y ante el conjunto de la sociedad. No sigan mareando a los profesionales, no sigan mareando a la sociedad. Ejerzan su responsabilidad con responsabilidad, valga la redundancia. Una responsabilidad que, como cargos públicos, no es sólo sobre su persona, su partido o sus propios intereses, sino que es, ante todo, una responsabilidad sobre el conjunto de la sociedad y, dado su papel de empleadores principales, sobre todos y cada uno de sus profesionales. Dejen de ser una cadena de transmisión de imágenes falseadas y operaciones de maquillaje, pero también de contención de quejas que proceden de la base, y ayúdennos a construir una Sanidad de calidad, que es lo único que queremos los profesionales y nuestras organizaciones. En nuestro caso, a través del bienestar y la motivación de los profesionales. Que no es otro nuestro deseo y finalidad.

Hace falta una mirada global que sepa contemplar la Sanidad en toda su complejidad, y que incluya en esa complejidad el bienestar de los profesionales. Y hace falta para poder salir de la crisis que actualmente vive la Sanidad: la crisis de sus profesionales.

 

Miguel Ángel García Pérez

Médico de familia. Máster en Bioética y Derecho. Director médico de Revista Madrileña de Medicina. Formación y Desarrollo Profesional AMYTS – Secretario CESM de Estudios Profesionales

Deja un comentario