El 60% de los enfermos con fracaso renal agudo presenta insuficiencia cardiaca

La depuración renal en enfermos críticos con síndrome cardio-renal mejora su supervivencia, según especialistas del H.U. de Bellvitge, que reúne este jueves en Barcelona a destacados expertos internacionales para establecer unas pautas de actuación de los aspectos diagnósticos y terapéuticos del fracaso renal crónico. Las esperanzas se centran en la búsqueda de nuevos biomarcadores diagnósticos.

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En el H.U de Bellvitge se celebra actualmente el simposio "Síndrome cardio-renal: nuevas perspectivas en la terapia renal sustitutiva", organizado por los doctores Xosé Luís Pérez y Joan Sabater, médicos del Servicio de Medicina Intensiva del Bellvitge. Uno de los temas destacados de la reunión es el papel de las terapias de reemplazo renal continuo en enfermos críticos cuando el fallo cardio-renal es resistente al tratamiento farmacológico. Asimismo, también se busca establecer protocolos de detección precoz del fracaso renal y de las posibilidades terapéuticas existentes.

 

El simposio cuenta con destacados expertos internacionales, como el Dr. John Kellum, del H.U. de Pittsburgh, el Dr. Bradley Bart, cardiólogo del Hennepin County Medical Center de Minneapolis, la Dra. Catherine Bouman, de la Facultad de Medicina de la U. de Amsterdam, el Dr. José Comín, coordinador del área de insuficiencia cardiaca del H. del Mar, el Dr. Jordi Ordóñez, catedrático de bioquímica del H. de Sant Pau y el Dr. Aníbal Marinho, del Centro Hospitalar do Porto.

 

Insuficiencia cardíaca descompensada

 

El síndrome cardio-renal se define como aquella situación en la que la disfunción del corazón o del riñón, tanto de forma aguda como crónica, puede inducir la disfunción de otro órgano. El 30% de pacientes que ingresan en los hospitales con un cuadro de insuficiencia cardíaca descompensada y entre un 9% y un 54 % de los que ingresan con síndrome coronario agudo presentan al mismo tiempo disfunción renal. Del mismo modo que el 60% de los enfermos con fracaso renal agudo presentan un cierto grado de insuficiencia cardiaca.

 

Se trata de una enfermedad que hasta hace poco ha sido insuficientemente considerada desde un punto de vista global, a pesar de su gran prevalencia. "En la última década, la elevada prevalencia y la gravedad del síndrome cardio-renal han permitido que éste sea reconocido como una entidad propia. Este reconocimiento permite facilitar su diagnóstico precoz y optimizar el tratamiento, obteniendo como resultado una mejora clara de la esperanza de vida de estos pacientes", explica el Dr. Xosé Luís Pérez, médico del Servicio de Medicina Intensiva del H.U. de Bellvitge.

 

Existen distintos tratamientos para las manifestaciones del síndrome cardio-renal dependiendo de la gravedad y de las características de cada caso. Estas van desde el uso de diferentes tipos de fármacos hasta procedimientos invasivos como son las técnicas de ultrafiltración o de diálisis. En los pacientes con insuficiencia cardíaca aguda -es decir, enfermos crónicos-, la técnica empleada es la ultrafiltración, que consiste en extraer el líquido renal. Por otra parte, también se ha demostrado que, en los enfermos que han sido operados de cirugía cardíaca, el tratamiento con hemofiltración mejora significativamente su pronóstico. La hemofiltración son las técnicas continuas de reemplazo renal, es decir, la diálisis continúa.

 

Nuevos biomarcadores

 

Actualmente, la aproximación de diagnóstico está basada en parámetros clínicos y biomarcadores clásicos, como la creatinina. "La investigación en la búsqueda de nuevos biomarcadores es muy importante ya que nos permitirá intervenir más precozmente, evitando la progresión de estas afecciones", asegura el Dr. Joan Sabater. Paralelamente a la actividad investigadora, también resulta clave el abordaje multidisciplinar del tratamiento del síndrome cardio-renal. Es por ello que en este proceso participan médicos intensivistas, nefrólogos, cardiólogos, cirujanos cardiacos y bioquímicos, entre otros.

 

La asociación de insuficiencia cardíaca y renal marca un peor pronóstico de la evolución del paciente tanto a corto como a largo plazo. Así, por ejemplo, los enfermos con insuficiencia renal crónica en diálisis tienen 10 veces más probabilidad de morir por una causa cardiovascular que la población normal. Según los expertos, el 10% de los enfermos sometidos a cirugía cardiaca presentan un fracaso renal agudo en el postoperatorio, lo que supone multiplicar por 6 el riesgo de mortalidad. "Dada la importancia de la enfermedad, la labor de investigación y búsqueda para la mejora de las técnicas diagnósticas y terapéuticas resulta esencial para aumentar la calidad de vida de estos pacientes", explica el Dr. Xosé Luís Pérez.