Dentistas: del caviar a la salchicha

Guardar

image__010_Berguer_Alberto_4650458908424346010
image__010_Berguer_Alberto_4650458908424346010
El comentarista se adentra en un reciente informe del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid para poner de manifiesto cuál ha sido el proceso que ha llevado a la actual precarización laboral de estos profesionales sanitarios.

Alberto BerguerEl título de Cirujano Dentista fue creado en 1875; el de Odontólogo, en 1901; el de Médico- Estomatólogo, en 1947; y, en 1982, se crea el de Licenciado en Odontología. Conozco las Ciencias de la Salud Buco-Dental por antecedentes familiares desde finales del siglo XIX, generaciones posteriores, hasta la actualidad, aunque en mi caso derivase después a la Cirugía Maxilofacial. Todo ello me ha inclinado siempre a preocuparme por esta profesión y me sensibilizó de manera especial el leer el informe que ha publicado el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid. Este ejercicio profesional está en un declive acelerado, como no podrían haber imaginado mis antecesores.

 

El informe de la corporación colegial es a todas luces deprimente; abarca los últimos veinte años, comparando cifras en dos períodos de tiempo, uno desde 1992 hasta el 2005, y el otro, desde 2006 hasta 2012. En cuanto a datos generales pone de manifiesto que ha aumentado casi un 30 por ciento la feminización de la profesión, los licenciados extranjeros también crecieron más del 3 por ciento, lo que se corresponde con los nacionales que han disminuido. Asimismo nuestra imagen internacional es mayor. Entrando en los aspectos negativos, el paro de jóvenes licenciados se duplicó llegando al 20 por ciento, los asalariados aumentaron un 20 por ciento, la jornada parcial aumentó un 12 por ciento, un 16 por ciento aumentaron los que trabajan para cadenas de clínicas privadas, y la pérdida del poder adquisitivo es progresiva, con un porcentaje alarmante de un 40 por ciento de milieuristas.

 

¿Por qué hemos llegado a esta situación? En primer lugar, la decisión política, que vio la luz como Ley en 1986, cuando el gobierno de turno decidió crear el título de licenciado en Odontología, sustituyendo al de médico-estomatólogo. Un grupo de siete profesionales de la Estomatología, de ellos dos además cirujanos maxilofaciales, fuimos llamados al Ministerio para comunicarnos que debíamos presentarles un borrador de esa futura Ley, en un plazo breve de tiempo. Recuerdo el razonamiento de los entonces responsables políticos del Ministerio de Sanidad: "…ya que no podemos cubrir con presupuestos públicos el costo de los tratamientos dentales, si en formar un médico-estomatólogo tardamos nueve años y hacemos licenciados en Odontología en cinco años, conseguiremos duplicar el número de dentistas en casi el mismo período de tiempo, con lo que aumentaremos la oferta y con una demanda similar, bajarán los precios". Además, los entonces profesores de la Escuela de Estomatología no querían regular las enseñanzas como fueron desde 1901 hasta 1947, en que estudiantes de Medicina y Odontología compartían los dos primeros años en las Facultades de Medicina, sino como una licenciatura totalmente independiente, ya que de ese modo los presupuestos serían independientes de Medicina. La premura de tiempo obligó a encerrarnos una semana en el Parador de Sigüenza, para hacer ese borrador; y así se gestó la Ley de Odontólogos de 1982.

 

Con el desarrollo de las Autonomías, le siguió la creación de excesivas Facultades públicas de Medicina y Odontología. No tardaríamos muchos años en ver también la aparición de universidades privadas, que vieron en esa demanda formativa un buen negocio y que han multiplicado el número de licenciados hasta límites insospechados.

 

Teniendo en cuenta los avances científicos, la subespecialización y un mercado de trabajo reducido y, por tanto, exigente, los odontólogos después de cinco años de formación siguen siendo un negocio para las estructuras docentes de este país, tanto a nivel público como privado. Nuestra Odontología tiene un nivel científico y profesional elevado, pero los dentistas cada día están más laboralizados, con unas remuneraciones precarias y unos índices de paro alarmantes, porque se está produciendo un número de dentistas muy superiores a nuestras necesidades, lo que a nivel político a nadie parece preocuparle. Eso sí, seguirán comiendo con los dientes de los demás, pero en vez de caviar, salchichas.