De la representación de los médicos

Guardar

image__Lopez_de_la_Morena___Javier_18334
image__Lopez_de_la_Morena___Javier_18334
A la vista de lo que está ocurriendo en la sanidad madrileña como consecuencia del planteamiento del gobierno autonómico de privatizar la gestión de sus centros, el comentarista, vinculado al sindicato AMYTS, se pronuncia a favor de la presencia de los sindicatos médicos y aboga por una actuación conjunta, cuando no unitaria, que, desde su punto de vista, hubiera dado al traste con el proyecto aprobado en Madrid.

La libertad sindical es un derecho consagrado en nuestra Constitución y presente en todas las democracias modernas. En el devenir histórico de las sociedades occidentales, la evolución de sus instituciones ha sido la norma. Gracias a la labor realizada por las organizaciones sindicales (OOSS), se han ido introduciendo en la sociedad una serie de mejoras sociales que han logrado implantar en nuestros días el estado del bienestar. Estas organizaciones se han visto superadas por la variedad, especialización y diferencias entre los distintos grupos de asalariados.

 

Con la llegada del aseguramiento sanitario general financiado con fondos del Estado (vía impuestos) y la disparidad de representación de los sindicatos de clase, colectivos médicos se plantearon la necesidad de disponer de unos sindicatos profesionales que defendieran los particulares intereses médicos frente a una administración excesivamente reguladora y rígida. Procediendo de un entorno profesional eminentemente elitista por formación y conocimientos, no parecía tener sitio en organizaciones fundamentalmente obreras. Todo esto ya fue vislumbrado por un grupo de médicos catalanes que, a principios del siglo pasado, fundaron el primer sindicato médico español "Metges de Catalunya".

 

Parece evidente pues que los médicos, como colectivo asalariado, deben dotarse de organizaciones que les representen ante las instituciones que regulan, promueven y financian toda la red sanitaria del país, últimamente cedidas a las Comunidades Autónomas (CCAA).

 

Con estas premisas han surgido varias OOSS que representan a los médicos con buena implantación, pero con escaso seguimiento. Desde la visión del médico se tiene la idea de la inutilidad de dichas organizaciones, lo que ha motivado la aparición, en distintas ocasiones, de grupos espontáneos y enormemente aguerridos que han surgido en conflictos puntuales con escasa permanencia en el tiempo, Sin embargo, parece imprescindible mantener una institución que valore, negocie, proponga y vigile las variaciones salariales y las condiciones del trabajo profesional, mucho más exigentes que en cualquier otro colectivo (véase el tiempo dedicado al trabajo médico y valórese el dedicado a asistencia, formación, investigación, etc.).

 

De acuerdo con estas reflexiones, no cabe la menor duda de la necesidad de contar con alguna forma de representatividad médica con vocación negociadora y que cumpla los requisitos legales establecidos. Aglutinar la diversidad de organizaciones médicas con carácter representativo (es decir, sujetas a elecciones democráticas), sería avanzar hacia la constitución de una gran organización médica capaz de regular la profesión y defender los derechos laborales de sus componentes, similar a las organizaciones médicas británicas y americanas.

 

En estos días estamos viviendo el conflicto sanitario más grave y convulso de la historia reciente, siendo especialmente virulento en la Comunidad de Madrid. Se pretende cambiar el Sistema Sanitario Público madrileño por un modelo donde se da preponderancia a la privatización de la asistencia en favor de empresas del ámbito privado, como única alternativa al exagerado gasto de una sanidad pública muy mal gestionada. Curiosamente, quienes pretenden este cambio no han sido capaces de reformar un modelo con amplias zonas de ineficiencia (gran fracaso político). Ante esta deriva, prácticamente todos los sectores de la actividad médica (colegios, asociaciones ciudadanas, plataformas y sindicatos) han manifestado su rechazo de manera contundente mediante movilizaciones continuas y huelgas extenuantes, abriendo un espectro negociador caótico que ha permitido a la Administración persistir en su error más allá de lo esperado. ¿Qué habría pasado si los médicos hubiéramos tenido una organización fuerte y de prestigio en momentos tan cruciales? Es muy probable que ninguna administración se hubiera atrevido a plantear un cambio tan radical sin consensuarlo previamente con sus principales actores.

 

Javier López de la MorenaActualmente estamos en una encrucijada con difícil salida, pues oponemos a un modelo ideológico (con prometedoras cifras de negocio), una lucha por el modelo público actual en el que se deben plantear importantes reformas que posibiliten su subsistencia. Dichas reformas son posibles como ya han demostrado algunos trabajos de organizaciones inmersas en el conflicto, hechos con mucha más profundidad que los presentados por la administración madrileña.

 

Por todo ello, y mientras no tengamos esa utópica organización médica aglutinadora, los sindicatos médicos parecen imprescindibles en aras a una hipotética negociación. No obstante, es evidente que deberíamos unir fuerzas para conseguir el objetivo común de intentar salvar el modelo de sanidad pública, del que todos nos sentimos tan orgullosos.

 

Javier López de la Morena es Intensivista del Hospital Ramón y Cajal y coordinador de FEMYTS, en donde se integra el sindicato médico de Madrid AMYTS