Apuntes de un boticario. Prospecto

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El analista entra en uno de los puntos más debatidos en torno al medicamento, el prospecto, pues en ocasiones lo conforma toda una clase teórica de farmacología que tantos esfuerzos llevó aprender y asimilar a sus estudiosos. De ahí que termine abogando por la desaparición de tal información adicional al fármaco.

Todo lo que atañe al bienhacer de un compañero me llena de orgullo. Por ello, desde esta tribuna de opinión en "Acta Sanitaria" doy mi más sincera enhorabuena a la farmacéutica murciana Araceli Clavel Rojo, que, hasta en sus bonitos apellidos, enaltece a la clase farmacéutica. Esta boticaria ha recibido el premio Enrique Gelabert, otorgado por la Real Academia de Medicina y Cirugía de la región murciana por su trabajo titulado: "Uso, legibilidad y comprensión de prospectos en medicamentos de prescripción".

 

En este estudio, entre otras, destaca una afirmación que dice que el paciente en un 69,8% de los casos sale de la consulta médica con dudas y que en el 89,1%, éstas intentan ser resueltas con la lectura del prospecto que acompaña al medicamento. Según la autora, estos datos deberían ser una llamada de atención a los profesionales sanitarios y muy concretamente al farmacéutico comunitario como último eslabón al que el paciente tiene acceso antes de tomar su medicación.

 

Pedro Caballero-Infante PeralesYo llevo años en una lucha sin cuartel, dentro de mi ámbito farmacoperiodístico, con el tan traído y llevado tema de la legibilidad y comprensión de la literatura que vierten los prospectos medicamentosos. Siempre han sido un foco de malas interpretaciones y sinergias de hipocondríacos, recrudecidas en la actualidad merced al Dr. Google. El inculto, en este sentido, lector de prospectos no sabe lo que significan efectos adversos, efectos secundarios, contraindicaciones, interacciones y demás palabras que exclusivamente sabemos quienes hemos cursado estudios académicos sanitarios.

 

Como decía más arriba he propuesto muchas veces que este tipo de información esté vedado al profano y sólo sea accesible a médicos y farmacéuticos. ¿Eliminar los prospectos de los envases?. Pues que quiere que le diga: ¡sí!. No se trata de que con tanta información los que nos hemos titulado en ciencias de la salud hayamos sido bajados del pedestal que nos corresponde, sino que se nos permita aconsejar con exactitud y propiedad.

 

Desde hace tiempo los anuncios televisivos están haciendo un flaco favor creyendo, en su beneficio, hacer cultura sanitaria. Hablan de productos biodegradables, de alimentos que ayudan a ¡bajar! el colesterol, y un sinfín de terminologías que tan sólo pueden valorarse tras unos estudios arduos y años de práctica al frente de una consulta médica o farmacéutica. Pretenden hacer saber de la calidad de las grasas empleadas en el consumo alimenticio y, como dice el estudio, utilizan la información adjunta al medicamento como si se tratase de un auténtico tratado de Farmacología que a nosotros nos costó años estudiarlo, superarlo y digerirlo.

 

Entiendo que vivimos una época en la que el individuo se cree autosuficiente ante cualquier aspecto no sólo sanitario sino incluso técnico. Yo le llamo "efecto Ikea", término que empleo basado en que, con la adquisición de más de tres artículos en esta empresa sueca, quien logre montarlos eficazmente en su casa puede creerse ingeniero industrial.

 

Dicho todo esto no hay que olvidar que la adherencia al tratamiento puede verse menoscabada por el cuantioso grupo de los hipocondríacos que sólo con leer que la ingesta del medicamento indicado les puede producir diarrea terminan de leer el prospecto sentados en el inodoro.

 

Pedro Caballero-Infante Perales ([email protected]) es farmacéutico especialista de Análisis Clínicos