Apuntes de un boticario: Empresa familiar

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El comentarista echa la vista atrás para ofrecer, de alguna manera, cuál ha sido la evolución de la oficina de farmacia y, sobre todo, para dejar entrever cómo las relaciones laborales y los aspectos económicos la han transformado profundamente.

Comprendo, sería de lelo no hacerlo, que la Farmacia es una empresa pero, aún así, me gusta más lo de Centro Privado para la Salud Pública. Fuera parte las denominaciones, me viene al teclado la entrevista que nuestro Director, Carlos Nicolás, le ha hecho al compañero, y sin embargo amigo, Carlos González Bosch, Presidente de COFARES, en la que he querido entrever el aguante que el farmacéutico está llevando a cabo para no tirar la toalla de su botica/empresa en forma de cierre o regulación de empleo.

 

No hay que olvidar, en cualquier análisis que quiera preciarse de objetivo, ir a sus raíces primigenias. La oficina de Farmacia se inició, y aún en parte continúa, como una actividad cuasi familiar. La figura, no muy lejana, del boticario con local en los bajos de su casa en el que elaboraba las fórmulas magistrales, origen de nuestra profesión, ayudado de un aprendiz que luego sería la figura del mancebo y en la que la criada de la casa hacía también las labores de limpieza, fue el inicio de lo que hoy es una mini empresa. En la actualidad la figura del auxiliar se está viendo amortizada por la aparición del adjunto con titulación farmacéutica. Este, aunque constituya una paradoja, ya no forma el tándem familiar que en los viejos tiempos formaba auxiliar y titular.

 

Mancebos y auxiliares

 

El llamado, coloquialmente, mancebo, habitualmente se había "criado" (de aquí la denostada y desaparecida, por peyorativa, palabra "criada" para denominar a la empleada de hogar) a la sombra de su jefe, con lo que la relación afectiva entre patrón y empleado iba más allá de una fría nómina. Boticario y mancebo habían visto, mutuamente, crecer y desarrollarse a los hijos de ambos. No era raro haber sido compadres entre ellos (compadre es una palabra coloquial que se emplea principalmente en Andalucía, para denominar a las personas que han sido padrinos de bautizos y bodas). Alegrías y penas en forma de celebraciones familiares, enfermedades y defunciones estrechaban aún más sus lazos afectivos Dialogaban largamente de sus vidas y la cuestión meramente económica y laboral se saldaba con una conversación. Una revisión de haberes, si era el caso, un adelanto de dinero o, por el contrario, una aceptación por parte del empleado de una ligera tardanza en el pago, cuando a una de las partes las cosas le venían mal dadas, eran pactadas familiarmente.

 

Especie en extinción

 

Pedro Caballero-Infante PeralesHoy día la Farmacia tiene la frialdad de una auténtica empresa y las relaciones laborales las llevan gestorías que resuelven problemas administrativos y fiscales. Es difícil encontrar un Antoñito o una Carmelita, con más de sesenta años, que ha sido, y es, la mano derecha del farmacéutico y a los que los pacientes siguen llamando cariñosamente por el diminutivo incluido los hijos del titular. Esta especie está en extinción, ya que su "regulación" o anticipada jubilación hace que sus cargos se amorticen.

 

Por ello, y vuelvo a González Bosch, el farmacéutico está soportando también un IVA sentimental, porque una regulación de empleo en una empresa familiar no es sólo cuestión cerebral sino algo que parte del corazón.

 

Pedro Caballero-Infante Perales ([email protected]) es farmacéutico especialista de Análisis Clínicos