Punto de vista Apuntes de un boticario

¡¡¡Siguiente!!!

La formación tipo test de los nuevos médicos parece contribuir también a una deshumanización de la medicina que, en la práctica, se traduce por la superespecialización de la asistencia, en donde la persona parece un todo despeciable.

Aprecio que sea noticia y, por tanto, acaparen fotos y entrevistas en medios de comunicación serios gente joven que no sólo sean los más “visitados”, más “gustados”, más “instagramados” y, en definitiva, los más “influencers” del momento. Como dice un amigo periodista sobre los que “salen” en las revistas de colorines: “Son famosos porque salen en ellas y salen en ellas porque son famosos”.  Esto último está quedando obsoleto porque hoy,  tal y como se están utilizando las redes sociales,  cualquier “mindundi” se arroga el derecho de hablar a otra legión de idiotas que antes hablaban sólo en el bar ante unas cañas, sin dañar a nadie. Sus memeces (que no “memes”) eran silenciadas rápidamente, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas.  Ya lo dijo también nada menos que Umberto Eco: “El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”.

El número 1 del MIR

Pero volviendo al principio, y por ser algo encomiable, me ha gratificado leer una entrevista que se le hace a un joven médico que ha conseguido nada menos que sacar el número uno en las pruebas del MIR de este año. Pero como el mejor escribano echa un borrón o quizás yo hile muy fino, el chico dice, entre otras cosas, que él no es una empollón,  algo bueno pues aleja de la opinión pública la imagen, valga el ejemplo, del clásico opositor a registros o judicatura.

Aclara que durante su etapa de preparación ha estudiado, obviamente, mucho y con un programa diario que no le ha impedido salir con amigos e incluso divertirse y descargar las lógicas presiones de unos estudios tan intensos.

“¿Hay truco para lo que me dice?”, le pregunta el reportero. Y es cuando el excelente estudiante, aun negando la mayor, hace una sincera confesión que intento analizar. “Reconozco que he estado asistiendo a una Academia que prepara opositores y allí me enseñaron unos “trucos” sumamente prácticos para optimizar los test”.

Anécdota y categoría

Hoy el trato personal de los médicos con sus enfermos es escaso y en general carente de cordialidad

Esta anécdota, aclarativa, la elevo a categoría ya que me ha encendido la chispa de lo que pienso sobre la mengua de lo que fueron los temibles exámenes escritos u orales de toda la vida.  Creo que valorar a alguien, en cualquier terreno intelectual, desde la EGB hasta una tesis doctoral basándose en un extenso test, es algo de lo que, desde hace tiempo, se está haciendo un uso exhaustivo que a mí me preocupa.  Un examen oral no puede tener “truco” (si acaso ensayo actoral) aunque no me extrañaría que, en un futuro inmediato, el tribunal que juzgue a un opositor a notarías le permita “cantar” los temas con la ayuda del “power point”.

¿Qué me dicen, y perdonen el inciso visceral, de este penúltimo invento que se está cargando la oratoria y que utilizan a porrillo conferenciantes que hacen del asistente un dual oyente/lector que termina con el cuello tal si hubiera asistido a un partido de tenis?. ¿Qué dirían Demóstenes o Castelar si levantaran la cabeza?.

El Dr. Wikipedia

Y al hilo de los “trucos”, también me preocupa que existan empresas que se anuncian para realizar tesis doctorales a cierto precio.  Tan es así que una importante compañía, que hasta hace poco contrataba “empleados” que fueran exclusivamente  universitarios, ha bajado el nivel cultural de los mismos porque (no es coña) el Dr. Wikipedia, que los ha “preparado” y los sigue asesorando, no les ha cobrado por sus enseñanzas y lo siguen teniendo disponible y gratis a todas horas.

Me han hablado de un chaval, del que no se sabe si es informático de carrera o tan sólo un hacker, que desde Alicante, y sentado en un sillón, lograba que otros sacaran hasta 400.000 euros de un cajero en Madrid… ¡Cielos!.

Si la meta a conseguir para los que están en edad de decidir su futuro profesional es tan sólo económica vamos a liberarlos de cursar carreras y/o también del “aprendizaje a pie de campo”.

Don Emilio Botín, si mal no recuerdo, comenzó su fructífera carrera bancaria como botones de la entidad de la que con el tiempo fue Presidente.

Hoy surgen cantantes “trending topic” que venden, según dicen, millones de CDS de los que no se sabía nada hasta “ayer por la mañana”. Los organizadores de la próxima “Operación Triunfo” han recibido cientos de miles de vídeos caseros de jóvenes que añoran convertirse en Bisbalitos.

¿Se ha acabado con el “noviciado” de los pequeños “pubs” donde grandes artistas como Joaquín Sabina se han dejado contaminar los pulmones hasta llegar a lo que es hoy? En la actualidad la gente quiere pasar de los “entrantes” a “los postres” de una tacada. Pero esto no deja de ser algo que entra en el campo de lo lúdico y al que Dios se la dé que San Pedro se la bendiga.

Test para MIR

La excesiva especialización científica, también, está deshumanizando la medicina, hasta el punto que ya existen traumatólogos especializados en “mano izquierda o mano derecha”

Lo que es harina de otro costal, hablo del tema sanitario, es lo que he escrito al principio sobre el chico MIR y me explico.

Los test están muy bien para sacar el carnet de conducir y para el acceso a muchas profesiones, pero en el caso de la Medicina aún con exámenes que demanden estudios, lo que se llama cursar una carrera universitaria, el trabajo a pie de campo es fundamental porque lleva implícito aprender sobre “el factor humano”.

Don Gregorio Marañón solía afirmar que no existían enfermedades, sino enfermos, y que la mejor terapia era: “una silla y un cuénteme”. Se dirá, claro, que en la época de Marañón la sanidad no era universal y por tanto era posible esta disponibilidad de tiempo para el trato con el enfermo. Y es cierto. Hoy el trato personal de los médicos con sus enfermos es escaso y en general carente de cordialidad. Entre las muchas causas pueden estar, además del aumento de la longevidad, la falta de tiempo, los recortes, el aumento de la burocracia o la mala política sanitaria (cada una de estas razones merecería un amplio artículo, que dejo en manos de firmas mejores que la de un servidor). Pero hay otra que fomenta esta deshumanización y en mi opinión es el incremento exponencial de las nuevas tecnologías mal canalizadas.

Antes de tirar de pluma  para prescribir infinidad de pruebas complementarias, un enfermo necesita más de unos minutos para que el médico le escuche y, si su dolencia es especialmente crítica, precisa de comprensión y complicidad ya que, como también decía el prestigioso doctor Hernando: “un paciente tendido en un quirófano es una persona indefensa, disminuida y dependiente”. ¿A quién le brinda, y esto es mío, el más famoso torero del momento su primer toro tras haberse recuperado de una cornada?. ¡Obvio!: al médico que lo curó.

Especialización científica

Se está perdiendo el concepto del paciente como un ser humano global y solo se le valora como un muñeco de famóbil

La excesiva especialización científica, también, está deshumanizando la medicina, hasta el punto que ya existen traumatólogos especializados en “mano izquierda o mano derecha”. Esto, que acepto como algo no confirmado, puede  descorazonar al inocente que aún cree que a su cuñado el médico, que ya no es tal sino “cardiólogo”, le puede preguntar algo relacionado con un reiterado dolor de espalda.

Se está perdiendo el concepto del paciente como un ser humano global y solo se le valora como un muñeco de famóbil, (stricto sensu), con órganos aislados que se pueden desmontar, cual piezas, para que en distintos talleres especializados los “diagnostiquen” y “reparen”.

Hace poco me decía un amigo haber visitado a un médico, del que habíanle dicho era  “generalista” porque, este amigo, sufre desde hace meses de tres pequeñas molestias. Me contaba su película tal que así:

“Mira Pedro, observé que,  mientras le relataba cronológicamente mis molestias, el doctor iba escribiendo en unas amplias recetas particulares, al parecer, lo que le iba contando. Cuando terminé, vi que sin más dilación fue introduciendo cada una de las tres “recetas” en sus respectivos sobres y en sus dorsos el nombre de otros compañeros. Me los fue entregando uno por uno al tiempo que decía: Tome: este es para el proctólogo, el segundo para el neumólogo y el tercero para el urólogo, Dígales que va de mi parte y verá cómo ellos, que son grandes especialistas, le resolverán mejor que yo los problemillas que me cuenta. Me levanté, le dí las gracias y observé, al salir, cómo la “enfermera” hacía pasar de inmediato al siguiente “usuario” para que el doctor no tuviese que decir como en las consultas del SOE: “¡¡¡Siguiente!!!.

CODA: Hoy lo que más escasea es “el tiempo” y los boticarios, aun no siendo especialistas de “nada”, lo dan gratis, sin citas y todo el año.

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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