Punto de vista no todo el mundo sirve para atender a los mayores

Si fuera tu madre, ¿también la maltratarías?

Desde su experiencia personal, la autora ofrece una panorámica de la asistencia a mayores, una dedicación para la que no todo el mundo sirve.

Me llamo Patricia del Barco, tengo 39 años y llevo más de 15 años trabajando con personas mayores, dependientes en su mayoría. Actualmente trabajo como directora de operaciones en los centros de día STIMA . Estudié Terapia Ocupacional, una carrera algo desconocida y que, según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS),  es “el conjunto de técnicas, métodos y actuaciones que, a través de actividades aplicadas con fines terapéuticos, previene y mantiene la salud, favorece la restauración de la función, suple los déficit invalidantes y valora los supuestos comportamentales y su significación profunda para conseguir la mayor independencia y reinserción posible del individuo en todos sus aspectos: laboral, mental, físico y social”. Si bien en un principio pensaba que mi vocación iba dirigida a trabajar con niños, desde el comienzo de mi carrera profesional me he dedicado a trabajar con personas mayores, y hoy en día me encanta el sector al que dedico la mayoría de mi tiempo.

Todos los días vengo a trabajar con motivación, entusiasmo y alegría a los Centros de Día de los que soy Directora de Operaciones: los Centros de Día Stima Mayores. Se puede decir que soy feliz trabajando, y por ello me considero muy afortunada, algo poco habitual en estos tiempos. Estoy embarcada en un proyecto que me motiva e ilusiona, tengo un equipo de profesionales a mi cargo de los que no puedo estar más orgullosa por su buen hacer y trabajo diario y, además, tengo unos jefes que solo lo son en el papel. En nuestra realidad diaria  formamos un equipo de trabajo de 40 profesionales, donde la comunicación y motivación mutua está siempre presente.

Maltrato y abuso de los mayores

Pues bien, a pesar de estas sensaciones que os he transmitido, existe un tema cotidiano que me disgusta y frustra en mi trabajo diario. Me refiero al inexplicable e injustificable maltrato y abuso hacia las personas mayores que existe en una mínima (confío que así lo sea) parte de los profesionales que en este sector trabajamos. Las noticias que no dejan de aparecer en los medios de comunicación sobre cuidadores que insultan, agreden o maltratan a personas mayores dependientes y enfermas, me entristecen y me enfadan por igual.

Me entristecen porque no logro entender cómo un supuesto “profesional” de este sector tan vocacional y delicado, es capaz de ser brusco, insultar e incluso agredir a un mayor dependiente, cuando él mismo ha elegido dedicar su vida a cuidarlos y darles todo su cariño.

No logro entender cómo un supuesto “profesional” de este sector tan vocacional y delicado, es capaz de ser brusco, insultar e incluso agredir a un mayor dependiente

Aunque, al haber asumido un puesto directivo, actualmente ya no estoy en contacto directo con ellos a diario, sí lo he estado durante muchos años; años en los que me he enfrentado a agresiones, insultos y malas formas por parte de algunos usuarios, pero jamás se me ocurrió contestarles al mismo nivel. Ellos están enfermos, es la enfermedad la que les hace comportarse de esa manera. Soy perfectamente consciente que el trabajo asistencial que se realiza en este sector y, sobre todo, el que realizan los auxiliares de enfermería, gerocultores o T.A.S.S. (las funciones son iguales independientemente del nombre que se use), es un trabajo que sobrecarga y produce desgaste con el paso del tiempo. Como os decía antes, lo he hecho durante mucho tiempo. Pero esa sobrecarga de ninguna manera justifica esta forma de actuar.

Percibir la realidad

Los mayores que a veces pueden actuar de esta forma, son personas con patologías importantes, que se comportan como lo hacen por los síntomas de las enfermedades que padecen y, aunque pueda parecer que no se enteran de lo que ocurre a su alrededor a causa de un deterioro cognitivo avanzado, sí que pueden percibir la brusquedad en los gestos, el tono de voz elevado y enfadado y, por supuesto, el maltrato. De igual modo que perciben esto, siempre agradecen una sonrisa, una palabra de cariño, un gesto de amabilidad y un trato cordial y alegre.

La memoria sensorial se mantiene en las fases más avanzadas del deterioro cognitivo, por eso aún pueden sentir todo esto y, aunque no puedan expresarlo, lo agradecen. Si practicáramos más la empatía en el sector, estas cosas no pasarían. A nadie nos gustaría que nos trataran así si, por desgracia, algún día estamos en una situación similar; ni siquiera a estos cuidadores que desacreditan su profesión. Por favor, seamos más humanos. Siguen siendo personas con sentimientos y mucho que enseñarnos.

Profesionales cualificados

Como os he dicho antes, esta triste realidad también me enfada, y mucho, la verdad. El trabajo diario que realizamos en los Centros de Día Stima (y doy por hecho que en la mayoría del sector), es muy bueno. Intentamos aportar calidad en nuestro trabajo diario con el objeto de que usuarios y familias se vayan satisfechos cada día y que, en general, sientan que la decisión tomada al darnos la confianza de cuidar a su familiar ha sido la mejor.

¡Qué suerte haberos encontrado!, o ¡Me habéis cambiado la vida!, son frases que he tenido la suerte de escuchar en algunos familiares de las personas mayores que vienen a nuestros Centros de Día Stima. Sin embargo, cada vez que la prensa publica estas noticias sobre abusos o maltrato a las personas mayores dependientes, hace que paguemos justos por pecadores y se crea una sensación de desconfianza general en el sector. Porque la naturaleza del ser humano tiende a pensar que, si lo hacen unos, lo harán todos. No es así.

Además, en este sector hay mucho intrusismo, hay muchas personas que llegaron rebotadas por la crisis en otros sectores, pensando que trabajar con la tercera edad es fácil, hay trabajo seguro y solo hay que acompañar a los “viejitos” para que jueguen y se distraigan un rato. Pero nada más lejos de la realidad; no es un trabajo fácil, no todo el mundo puede dedicarse a ello y tampoco hay trabajo seguro para cualquiera. Como en otros sectores, deben ser profesionales cualificados, y los gerentes tenemos la obligación de saber detectarlos para solo incorporar a nuestras plantillas a aquel que verdaderamente lo sea. No vale con que le gusten mucho los “abuelitos”. Hay que tener formación en las diversas patologías, en su tratamiento y en el manejo de las mismas, así como en la sobrecarga familiar, entre otras. Si a estos factores además le sumamos vocación y motivación, el éxito en cambio estará asegurado.

Espero y deseo que con los años ese tipo de noticias vayan desapareciendo y, por lo tanto, la sociedad en general valore como se merece el trabajo que se hace en el sector de la tercera edad.

 

Patricia del Barco Cerro

Directora de Operaciones. Stima Mayores Centros de Día

5 Comentarios

  1. marylourdes zaid says:

    Que bello artículo… Felicitaciones por su labor

  2. ADR says:

    La mayor parte del maltrato es no es por falta de profesionalidad o de motivación, sino por déficit de recursos asistenciales, sobretodo en residencias geriátricas donde los ratios por Ley (número de dependientes severos por auxiliar) son insuficientes provocando sobrecarga en el personal y donde los salarios mínimos tampoco ayudan. Con ello, además, se están lucrando empresas multinacionales del sector. Es un maltrato institucional o estructural que destruye la vocación e invalida la profesionalidad.

  3. Blanca says:

    Que grande eres, ojala todos tuvieran la misma vocacion que tu y ser al menos la mitad de profesionales, yo tambien confio en que sean pocos pero haberlos los hay

  4. Totalmente de acuerdo en todas y cada una de tus palabras. Lamentablemente todos.los que hemos trabajado en este sector hemos alguna vez experiencias de este tipo…y lo que de verdad me reconforta es saber de primera mano que somos muchos los profesionales que trabajamos para garantizar el bienestar de nuestros abuelos y el mantenimiento absoluto del respeto por su dignidad e integridad física y emocional. Si percibimos algún tipo de mal gesto…inmediatamente ponemos remedio…normalmente encontramos respaldo por parte de los jefes, gerentes, directores, responsables….que suelen navegar en el mismo rumbo. Yo aconsejo a las familias que conozcan los Centros antes de tomar la decisión final…desde mi puesto de trabajadora social en Stima Aluche, puedo garantizar que estos «gestos inmundos» no son permitidos en ninguno de nuestros Centros. Prevalecen la profesionalidad, la empatía, la transparencia, y la vocación absoluta por este sector tan vulnerable.

  5. Pedro says:

    Si no recuerdo mal, los propietarios de Stima son personas que vienen rebotadas del sector inmobiliario… Cuidado al escribir. Que para hablar de dignidad no se pueden tener cabos sueltos, que el papel lo aguanta todo.

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