El mirador

¿Ser diabético o tener diabetes? Ser diabético

Aunque pudiera parecerlo, no se trata de una simple disquisición semántica lo que pretende afrontar el analista, sino que trata de desentrañar el por qué de determinados tratamientos que, además de no tener nada que ver con el ser diabético, provocan graves consecuencias.

«Del loco dicen que está loco porque otro día no lo estará más. Del necio no dicen que esté necio, sino que es necio de juro y heredad, que toda la vida lo será».

 

Son versos de un poeta extremeño, Luis Zapata (1526-95), muy conocido por su poema épico «Carlo famoso», uno de los englobados entre las «Caroleidas», el conjunto de poesías que narran la vida y hechos de Carlos I (V, de Alemania). Las gestas del emperador las narró Luis Zapata en orden cronológico, desde su llegada al trono en 1516 hasta su muerte en Yuste en 1558. En todas estas poesías se transmite una imagen acorde a la propaganda oficial, de una figura heroica, al tiempo antigua (el caballero medieval) y moderna (el político renacentista), reencarnación de lo mejor de los emperadores romanos y de la nobleza defensora de pobres e indefensos. Carlos I tuvo gota. Luis Zapata fue obeso. Luis Zapata publicó el «Carlo famoso» en 1566, el mismo año en que fue condenado a veinte de cárcel, por causas nunca claras. Estuvo preso y fue un preso famoso.

 

A los extranjeros les suele costar mucho dominar el «ser» y el «estar». El «ser» se refiere a una condición, a existir o a tener lugar. El «estar» se refiere a una característica o situación. En este sentido implica mayor persistencia el «ser el novio de Ana», que aquello más laxo de «está de novio con Ana». No es lo mismo «ella está callada» (circunstancial) que «ella es callada» (esencial). Tampoco es lo mismo «soy médico», que «estoy de médico», pues lo segundo se refiere más una situación transitoria y ocasional, a ejercer la profesión en un momento y lugar dados.

 

Hay algunas sutiles modificaciones del significado cuando podemos emplear un adjetivo calificativo con los dos verbos. Así, no es lo mismo «Juan está bueno» (de salud, o sexualmente apetecible) que «Juan es bueno» (como persona, o en su campo de conocimientos-habilidades). También es muy distinto «Rosa es lista» (inteligente y/o dispuesta) que «Rosa está lista» (preparada, alerta y «la que le ha caído encima»).

 

«Tener» es más sencillo de aprender, por más que tenga usos múltiples. Entre los profesionales sanitarios se emplea el «tener» para referirse a poseer una característica o naturaleza, algo que se disfruta o padece de forma transitoria o permanente, como «tener diabetes», o «tener cáncer».

 

Juan Irigoyen

 

Se presenta Juan Irigoyen como «Hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la Transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en Universidad de Granada desde 1990».

 

Juan Irigoyen está especializado en ciencias de la salud. Hizo su tesis doctoral sobre la reforma de la atención primaria de 1984. Juan Irigoyen sigue enseñando sobre sociología y salud. Juan Irigoyen tiene una bitácora que vale la pena seguir «Tránsitos intrusos»

http://www.juanirigoyen.es/

 

Juan Irigoyen es diabético. «Es» diabético, no «está» diabético, ni «tiene» diabetes.

 

Juan Irigoyen incluye en su bitácora comentarios varios. Respecto a la diabetes ha publicado «Derivas diabéticas. La enfermedad y la vida». Destaca el párrafo: «Se entendía ésta [la relación con los profesionales sanitarios] como una taxonomía de prohibiciones en relación al estado de un conjunto de variables clínicas y el sentido de la asistencia era superar los controles cíclicos con resultados próximos a los promedios considerados como aceptables».

 

Es decir, se transforma la diabetes en un trastorno del metabolismo que requiere el seguimiento de normas estrictas de vida y de medicamentos y con ello se logran resultados «buenos» que se acreditan mediante cifras correctas de hemoglobina glucosilada. Tras esos resultados «buenos» el paciente recibe la aprobación de los profesionales y la promesa de larga vida sin complicaciones.

 

Aparentemente los pacientes no son diabéticos sino tienen diabetes, la diabetes se mide fácilmente con la hemoglobina glucosilada y las cifras ideales de tal hemoglobina se logran con cambios del estilo de vida y con medicamentos. Simple y sencillo.

 

Son pocos los profesionales que entienden la profunda afectación de la vida del paciente por padecer diabetes. La enfermedad no «se tiene» sino «se padece». La diabetes es una condición y un existir; por ello los pacientes no tienen diabetes sino son diabéticos.

 

La hemoglobina glucosilada

 

La complejidad de vivir con diabetes se pretende transformar en la simplicidad del porcentaje de hemoglobina glucosilada. Los pacientes lo aprenden de inmediato y adoptan tal objetivo para complacer a los profesionales sanitarios. Viven sin un vivir en mí, todo el día pesando (comida) y pensando (en comer sin que se altere la hemoglobina glucosilada), todo el día con auto-determinaciones que no ayudan en nada (excepto en pacientes diabéticos tipo 1).

 

Los médicos y enfermeras se emplean con denuedo en la consecución de cifras imposibles. Los pacientes se mueren, por consecuencia. Se logran hemoglobinas glucosiladas del 6%, incluso menos, pero los pacientes mueren más por comas hipoglucémicos.

 

La idea es que los niveles «tan normales como sea posible» de glucosa (y de hemoglobina glucosilada en sangre) se acompañarán de mejores resultados en salud; es decir, de menos muertes e infartos de miocardio y otras complicaciones micro y macrovasculares.

 

Se suele aspirar a una hemoglobina del 7%, y los pacientes pronto aprenden que son «malos» si no lo logran. Sin embargo, los pacientes suelen ignorar que ha habido más complicaciones entre los pacientes bien controlados en los ensayos clínicos con diabetes tipo 2

http://archinte.jamanetwork.com/article.aspx?articleid=224505#qundefined

[para uso personal en investigación y docencia puede pedirme el texto completo]

 

Juan GérvasLas cifras de glucosa y de hemoglobina glucosilada en sangre son resultados intermedios, no resultados finales. Se establecen cifras «de calidad» respecto a la glucosa, la hemoglobina glucosilada, la tensión arterial, los lípidos en sangre, el peso y demás. Pero tales cifras son simples muestras de la biometría simple con que se pretende «normalizar» las vidas de los diabéticos. Son cifras de recomendaciones, protocolos, guías y algoritmos que siguen médicos y enfermeras sin que tengan ningún fundamento científico. Cada vez el control es más estricto, las cifras más bajas y las propuestas terapéuticas (con medicamentos) más «valientes y agresivas», pero siempre sin fundamento científico y sin mejoras en los resultados finales, incluso con mayor morbilidad y mortalidad

http://jama.jamanetwork.com/article.aspx?articleid=645583#qundefined

[para uso personal en investigación y docencia puede pedirme el texto completo]

 

En la consecución de cifras heroicas (buenas) los pacientes consumen su vida, tanto en el sentido de complicaciones y muertes como en el de dejar de vivir como corresponde a seres humanos libres. El placer de comer, la sexualidad, la diversión, la transgresión, el trabajo, la convivencia, el papel en el mundo y el tiempo y el dinero, todo se pone al servicio de la consecución de cifras imposibles. Cuando se logra se fracasa, y así se llega a las amputaciones de extremidades inferiores en diabéticos españoles, menores que en EEUU (de donde emanan estas estrictas normas de «control de calidad») pero el cuádruple que en Austria

http://equipocesca.org/diabetes-gasto-proceso-y-resultado-en-espana-calidad-en-las-amputaciones/

 

En la diabetes hay demasiadas intervenciones sin fundamento, demasiados tratamientos agresivos y demasiadas vidas consumidas en lograr objetivos perjudiciales para la salud, y los pacientes lo pagan con amputaciones de sus extremidades ( también úlceras y ceguera).

 

El diabético es un ser vivo, no un «producto alterado que hay que corregir». Como escribe Juan Irigoyen: «La vida es un complejo conjunto de procesos en el que se suceden situaciones, experiencias, pequeños momentos fantásticos, placeres, estados personales, relaciones, sentimientos y emociones múltiples, momentos de cálculos y reflexiones, de ficciones, de sueños y proyecciones, de malestares y de satisfacciones».

 

Los diabéticos merecen ser tratados como personas en su complejidad, en su vivir diario pues son diabéticos, no tienen diabetes. Son diabéticos y en ellos influye lo bio, lo psico y lo social. Responder a la complejidad del vivir del diabético con la simplicidad de la biometría es una monstruosidad. ¿Hasta cuándo?

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org) @JuanGrvas

Acta Sanitaria

3 Comentarios

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  3. Ricardo says:

    No estoy de acuerdo en denominar a una persona que tiene diabetes como «diabético». Por mas que sea un padecimiento que abarca, por el momento, la vida; lo primero que hay que desterrar es la idea de que no hay separación entre la persona y el padecimiento. No es una característica de la persona ser «diabético», una persona «es» infinitamente más que eso. Por lo tanto, la diabetes «se tiene», no «se es». Por consecuencia es correcto decir «tengo diabetes», y por el contrario no lo es decir «soy diabetico».

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