Punto de vista Apuntes de un boticario

“Sentimómetro”

Hace ya muchos años, y perdón por la autocita, acuñé una palabra que quizás el personaje de “La Colmena” que protagonizaba el autor, o sea Camilo José Cela, me la hubiera comprado. Se trata de “sentimómetro” y quiere remedar lo que en el aspecto material miden aparatos como el termómetro, el tensiómetro, el barómetro y otros artefactos que miden valores exactos e indiscutibles de parámetros físicos.

El “sentimómetro” mide los sentimientos. (“¿Ha dicho usted algo maestro?”). Sí. Que si este aparato pudiese medir el estado de ánimo afligido por un suceso triste o doloroso, incluidas dolencias psicosomáticas, seríamos más solidarios y más eficaces. ¿Se imaginan lo fácil que sería, con este invento y perdonen el ejemplo extremo, ponderar el llanto desgarrado de una mujer ante la muerte de un hijo y de otra, en las mismas circunstancias, a la que, a posteriori se la descubre como autora, coautora o cómplice del óbito de su vástago?

La primera, sobre la escala termométrica usual, pasaría de los 40 grados, temperatura corporal rayana en la eclampsia, y la segunda no se acercaría ni de lejos a la corporal de 37, ya que se quedaría “diagnosticada sentimentalmente” como “animal de sangre fría”.

Con este “artefacto” no habría incomprensiones entre personas próximas (¡prójimo!) ni “maltrato por pasotismo” hacia las calificadas como “quejicas” en el más amplio concepto de esta coloquial palabra. Entre estos “quejicas” podrían estar mis queridos raros a los que, dicho sea de paso, veremos pronto en el próximo Congreso, propiciado por el COF de Sevilla, que se celebrará en esta capital. ¿Qué podrían decir sobre esto los que han sufrido y sufren fatiga crónica sin diagnosticar? ¿Y los de esclerosis múltiple?

En espera del aparato

Para echar algo de miel en tema tan dramático hago un alto en el camino y les insto a la remembranza. ¿Recuerdan el epitafio que figura en una lápida y que reza así?: “¡Ya os lo decía yo!”.

El “sentimómetro”, hasta que exista que todo llegará, (¡ojalá!), sólo puede sustituirse por las personas que conocen largamente a su más próximos (¡prójimo!), pero como las madres, que son las que “sienten” sin mirar, son unitarias, hay que recurrir al entorno y este entorno puede no haber previsto debidamente el decaimiento que venía sufriendo Luisito, el hijo del joven viudo, desánimo que ha derivado en suicidio, al que llegó por un reiterado estado de ansiedad producido por el acoso escolar y/o por la orfandad de madre.

Escuchar a los viejos

Cada vez es mayor el consenso en relación a la importancia de ubicar al anciano en un medio familiar mientras no llegue otra problemática

¿Y los viejos? A estos, que ya no tienen padres, aunque ellos lo fueron con mayor o menor acierto, ¿quién les aplica el “sentimómetro” que, en este caso, sólo consiste en escucharlos largamente sin prisas ni agobios?. Los hijos no tienen tiempo porque el trabajo, las hipotecas y la prole los tienen bloqueados y, si sus “viejos” no les sirven para cuidar de los nietos o levantarles la hipoteca, se convierten en una carga ya que sólo, desde su deterioro físico, dan consejos y éstos, tan valiosos hace tiempo, solo cotizan hoy en la etnia gitana.

Cada vez es mayor el consenso en relación a la importancia de ubicar al anciano en un medio familiar mientras no llegue otra problemática. Pero hasta que llega ésta, yo observo diariamente a ancianos con compañía foránea que, con sus “andadores”, (volver a la infancia) o en sillita, requieren, en su cotidiano paseo, pasar por su botica de toda la vida y con la excusa, amén la periódica medicación, de la compra de una minucia, pegar la hebra con el boticario.  Lo que no quita que, como se ha dicho, hayan de precisar “tiempo específico” para que se les vigile las interacciones medicamentosas y problemas de adherencia entre otros temas de salud.

Sin embargo, este ideal de mantener al paciente anciano en su medio no siempre es posible de sostener, por agravamiento de su sintomatología, por la claudicación de sus cuidadores u otras circunstancias. Es la hora de otras alternativas.

Atención Farmacéutica domiciliaria

Los únicos auditores sentimentales que en la actualidad aún manejan el “sentimómetro” son los boticarios

Llegada esta es cuando ha de aparecer la Atención Farmacéutica domiciliaria que, sin desdeñar obviamente a otros profesionales, debe ser llevada a cabo, a ser posible, por el boticario de siempre y/o colaboradores. ¡Nadie que no lo haya visto sabe cómo, especialmente los muy ancianos, sonríen agradecidos al ver una cara conocida que le palíe, en lo posible, su sufrimiento!

Aunque la recuperación de la salud puede no ser una utopía, la mejora de la calidad de vida, la minimización de la discapacidad, el mantenimiento de la autonomía y la canalización de las necesidades de los cuidadores, muchas veces recomendados y buscados por el farmacéutico de siempre, son también objetivos válidos.

No obstante, los únicos auditores sentimentales que en la actualidad aún manejan el “sentimómetro” son los boticarios. Y les doy mi opinión.

Tradición familiar

La carrera de Farmacia ha sido, y lo sigue siendo, una carrera de tradición familiar. Son muchos los farmacéuticos jóvenes que me cuentan cómo desde pequeños, y aún gateando, sus madres (no olviden mis lectores que en esta carrera desde tiempo inmemorial las mujeres ganan por goleada) que también tenían agobios, menos que ahora, los llevaban a las boticas y allí han “mamado”, además del pecho materno, de lo que es la “atención” (en la acepción de escuchar, oír, sentir) “farmacéutica” de toda la vida. ¿Qué farmacéutica, y no crean por favor que hago distinción de género, (vamos a dejarnos de la memez de os/as) no conoce a Amelia cuya madre fue cuidada hasta el final por la magnífica peruana de la que también se hizo amiga y que, desde que falleció la anciana, anda buscando trabajo?

¿Vale pues, como dicen en Lequeitio, que sigan siendo las boticas el moderno muro de las lamentaciones para los desamparados e indefensos? ¿Yes? ¡Pues no!, Y verán por qué.

Visión oficial

El pasado 24 de Mayo, de los cerca de 1.500 profesionales farmacéuticos asistentes al VIII Congreso Nacional de Sefac celebrado en Alicante, hubo uno de ellos que también lo hacía en la condición de directora general de Farmacia y Cartera Básica de Servicios del Ministerio de Sanidad: Encarnación Cruz. La farmacéutica y representante ministerial participó en el acto inaugural para reivindicar el papel de sus compañeros de profesión. En concreto, para poner en valor lo que considera “una farmacia comunitaria que mira al futuro”. Un futuro que, para la responsable ministerial, pasa por “aspectos cruciales” como la atención domiciliaria, la resistencia antimicrobiana, la adherencia y el uso racional del medicamento. Todos ellos retos “en los que los farmacéuticos se encuentran en el lugar ideal para abordarlos”, defendió.

Junto a la dirigente ministerial, en ese momento, en el mismo acto y a la sazón  participó también Patricia Lacruz, directora general de Farmacia de la Comunidad Valenciana. Al igual que su homóloga ministerial, Lacruz también ensalzó la ayuda prestada por las farmacias regionales en iniciativas como la aplicación de exenciones al copago, así como en la puesta en marcha del programa de Atención Farmacéutica Domiciliaria (Domi-EQIfar).

Sobre este proyecto, Lacruz, dijo que la primera experiencia  ya está teniendo lugar lo que supondrá a su vez “el final del programa Akasa”. Cabe recordar que este polémico programa de dispensación de absorbentes desde centros de salud viene contando con la posición contraria del COF de Valencia.

A la espera ministerial

Pues bien, como hoy en política, “los cargos adelantan que es una barbaridad”, doña Patricia Lacruz, a la fecha en que lean estos “Apuntes”, ya es directora general de Farmacia y otros asuntos, de la mano de la, también recientemente nombrada, Ministra de Sanidad doña Carmen Montón (cosa lógica dicho sea de paso). Doña Carmen, desde su anterior responsabilidad, como consejera de Salud valenciana, apostó por la Farmacia Hospitalaria para el conocido como modelo ‘Resi-EQIfar’ y por el cual todos los centros sociosanitarios de su Comunidad serian atendidos (preparación de la medicación y suministro) por la citada Farmacia Hospitalaria.

 Visto lo visto no hay motivo para pensar que la recién nombrada directora general de Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia, (¿se entiende bien la competencia del cargo?), no haga lo mismo y que el Resi-EQIFar se extienda a otros territorios más allá de la Comunidad Valenciana.

El tiempo dirá.

N. del A.: Mis agudos lectores habrán podido comprobar que, en estos “Apuntes”, no escribo de política sino de sentimientos. Hablo de madres y no de suegras que también son madres…pero políticas.

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

1 Comentario

  1. Isidoro Jiménez Rodríguez says:

    QUERRA DECIR “INTRUSISMOMETRO”
    Pido disculpas por no contestar con tanta prosopopeya como se merecería al anterior “punto de vista”. Y no porque no me apetezca, sino porque no dispongo del tiempo del que, al parecer, disponen algunos boticarios para dar rienda suelta a su imaginación. Simplemente me parece oportuno recordar el dicho popular que asegura que ¡Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas!
    Habla nuestro opinante en primer lugar de la necesidad de que el anciano esté en su entorno familiar, y en un alarde de fantasía, relaciona su felicidad con la visita a la botica. Me pregunto si no le preocupa a nuestro “apotequista” (de apoteca), la cantidad de fármacos que se utilizan en nuestras personas mayores, sin ton ni son. O el porcentaje de pastillas que se emplean y no sirven absolutamente para nada. Y no me extraña que no se cuestione tales aspectos, pues su formación académica, no le permite plantearse tales cuestiones. “El negocio es el negocio” y cuanto más “empastillemos”, mejor que mejor.
    Lo de considerar a los boticarios “los únicos auditores sentimentales” de los ancianos es simplemente algo que no se corresponde con la realidad y es fruto de una desbordado espejismo. Veo que se cuida, y mucho, nuestro opinante de referir el miedo que siente una buena parte de la población hacia los galenos. Quiero señalarle que quienes responden a una buena parte de las preguntas y dudas que plantean nuestros mayores, no son precisamente los boticarios.
    No repetiré aquí nuevamente argumentos ya expuestos sobre mi punto de vista de la “atención domiciliaria farmacéutica”, simplemente decir que es algo que no puede encuadrarse en la legislación actual. Y que de llevarse a efecto, supondrá una forma de intrusismo en la labor de otros profesionales capacitados legal y formativamente, para hacer un seguimiento de la salud y la enfermedad en nuestra población. El artículo 6, apartado b, de la Ley 44/2003 (Ordenación de las profesiones sanitarias), deja bien aclaradas las funciones de los farmacéuticos. El principal de estos cometidos son “las actividades dirigidas a la producción, conservación y dispensación de los medicamentos”, como así lo han hecho a lo largo de los siglos. Completa esta norma la función de este profesional, con otras actividades COLABORATIVAS en procesos analíticos, como puede ser el análisis de aguas potables, por ejemplo. A estos aspectos específicos se refiere su colaboración en la “vigilancia de la salud pública”. No pretendan abarcar nuevos campos que nunca han realizado. Tampoco nadie pone en duda su labor en la investigación de nuevos preparados, a ello se refiere la colaboración en aspectos “farmacoterapéuticos”. No quiera ver nuestro boticario literato lo que no es. Sencillamente, porque es imposible.
    Esta referida norma de 2003, también deja meridianamente claras las funciones de otros profesionales. Y así el apartado a, del artículo 7, habla de a los que corresponde “la dirección, evaluación y prestación de los cuidados” sanitarios. A quienes además encomienda “la promoción, mantenimiento y recuperación de la salud, así como a la prevención de enfermedades y discapacidades”.
    Hablar de potenciar la “farmacia hospitalaria” en las actuales carestías de personal, no precisamente de galenos, resulta, en mi opinión, otra falacia y otra irresponsabilidad propia de quien desconoce nuestra sanidad.
    Finalmente señalar que estamos en un estado de derecho, eso sí, como repito a menudo, con una sanidad de corte “galeno-bolivariana”. Lo sensato es que quien desee ejercer los cometidos específicos de una profesión, se forme académicamente para ello y obtenga el título que le permita ejercer ese cometido.
    Tanta retórica como emplea el opinante invitado, me deja la duda de si su verdadera vocación es la psicología o los cuidados profesionales. Frente a su desmesurada grandilocuencia, me permito sugerirle que titule su escrito con la palabra “intrusismómetro”.

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