Punto de vista Apuntes de un boticario

Sea feliz en siete sesiones

No me gustan los libros de autoayuda. Creo haber leído sólo uno por expreso deseo y regalo de una bienintencionada amiga y lo hice, educadamente, para darle mi opinión, no precisamente favorable.

Este tipo de literatura ha hecho explosión en los últimos años y desde los indocumentados famosos, (hoy “influencers”) hasta mi paisano Rojas-Marcos, el loquero neoyorkino, hacen caja escribiendo obviedades en connivencia con importantes editoriales. ¡Dios los bendiga!

Hablo de libros. Otra cosa son los mensajes rebotados a través de las redes y tan pueriles como cargados de buenas intenciones. Ejemplos: “¡Sé feliz. Vive el carpe diem!”. “Busca sólo lo bueno de tu pasado. Olvida todo lo malo que te pasó”. “Sé resiliente que las desgracias te harán más fuerte”.

Seguir sería interminable. Sólo, mordazmente, agregaría algunos “consejos” más: “Sé guapo, atractivo y simpático, verás cómo eres feliz y haces feliz a los demás”, “Realízate en tu trabajo aunque sea duro y tu jefe un perverso”. “Si no llegas a fin de mes, gana el euromillón (jugando, claro) o en todo caso “hazte” Registrador de la Propiedad”.

Esta entradilla me la ha puesto en “valor” el Facebook de una buena e inteligente amiga con el texto de un llamado “Centro de Estudios Psicocorporales” en el que se reseñan: “7 actitudes que acaban con nuestra energía”.

Los voy a analizar uno por uno para que ustedes saquen sus conclusiones.

1.- Pensar demasiado las cosas. Es algo que arrasa con toda la educación que hemos recibido de padres y educadores laicos o religiosos. “Esto te ha pasado por no pensar bien las cosas. Has sido precipitado y has de madurar. Cuando hayas de hacer algo tienes que pensarlo bien, estructurarlo y, una vez planteado, si no te gusta deséchalo”. ¿Les suena esta larga meditación? ¡Gracias Padre Ruiz!.

Según esta primera sentencia se debe actuar a lo loco o al menos dándole a las decisiones muy poco tiempo, lo que cabe en un Twitter o en un whatsapp, así gastarás poca energía y serás feliz. Si le decisión ha sido mala y el resultado se va al garete, debe darte igual, lo importante es que te “gastes” poco y seas feliz.

2.- Querer agradar a todo el mundo. Mi opinión en este caso se basa en dos posturas cruciales en la vida de cualquier persona: el amor y el trabajo. Cuando el primero, desde la adolescencia, te hace señas, lo normal es intentar serle grato a la persona que te guste. De esta forma procurarás ser atractivo en la forma de vestir, aunque te incomode,  intentarás ejercer actividades que en esa edad gustan, como ser competitivo en los deportes, en la música, en la expresión oral  y otras largas habilidades, aunque no se te den bien de inicio, y para ello hayas de hacer un esfuerzo.

En el plano laboral, si el jefe, cuando estés recién llegado, te pregunta de una forma súbita de qué equipo eres, tantearás el terreno antes de contestar, pues sabes que si le dices que eres culé y el tío muere por el Madrid, ¡mal empezamos!

No puedo menos que volver al flamenco y citar una letra que cantaba José Menese y que dice así:

“Desgrasiaito el que come

el pan de manita ajena

siempre mirando la cara

si la ponen mala o buena”

No obstante, insisto, no pienses tanto, dí lo que te salga del alma y así serás feliz que es de lo que se trata.

3.- Quejarse todo el día. Este consejo lo encuentro coherente y enlaza un poco con el “Carpe diem” pero en todo caso pidiendo que las pequeñas contrariedades ajenas al trabajo y la familia  no las acrecienten otras circunstancias adversas e imprevistas. Lo de que no te metan muchos palos en los radios de tu bicicleta.

En cierto modo  sólo pidiendo que, y ya es pedir poco, como decía el poeta, filósofo y cantor Facundo Cabral cuando le preguntaban: “¿qué puedo hacer por usted?”. Él contestaba: “Me basta con que no me joda”.

Aún así no se queje pues ha de ser, o al menos aparentar, feliz que es lo que importa.

4.- Fingir que todo está bien. Es norma habitual y social, en contactos personales, que se emplee como frase inicial de una conversación la habitual: “¿Cómo estás?”. Es la más usual y la que suele prologar cualquier conversación, lo que  no quiere decir, en la mayoría de los casos, que su finalidad  sea el interés de nadie por nadie.

La gente contesta según idiosincrasia. Los que yo llamo “cazadores” suelen contestar: “Vamos tirando”. Los pertinaces optimistas (un amigo los llama alegres patológicos) contestan frases hiperbólicas como: “De maravilla” o “Mejor que nunca”.

No dudo, en cualquier caso, que estos últimos digan la verdad aunque sean excepción. Suelen ser personas con un ADN, ¡benditos ellos!, que les hace ver la vida color de rosa. Otros lo hacen de dientes para afuera por aquello de no ir de tristes o para que nadie sepa de sus problemas, pues piensan que la tristeza, el fracaso y/o la enfermedad venden mal. Los que se quejan porque tienen motivos y además, como cantaba Jeannette, “la vida los ha hecho así”, comprobarán que, cual antibiograma, la gente les hace un halo que, engrandeciéndose cada día más, les hace ver, quizás tarde, que se han quedado solos, precisamente por no saber “fingir que todo está bien”.

La mayoría huye de la pena y no quiere incriminarse en el molesto intento de consolar. Son los que dejan de visitar al amigo que tras un ictus no puede interactuar con ellos ni entretenerlos. Van el primer día a la UCI y ya no aparecen más. Es algo muy lógico, porque acaba con su energía y puede dañar el fin de este septenario que no es otro que ser feliz.

5.- Vivir la vida ajena. Si usted es vecino de unos nuevos inquilinos a los que no conoce y tan sólo “sabe”, tras los seis meses que llevan viviendo en su bloque, que las peleas son frecuentes, los gritos exhaustivos, las amenazas frecuentes y el llanto de los niños permanente, remítase, si acaso, en llamar a la policía para que le dejen dormir, pero nunca se interese ni se entromezca en sus vidas.  “Meterse en líos de otras familias sólo trae disgustos y cuando menos dolores de cabeza”. ¡Hasta aquí podríamos llegar!

No denuncie una posible violencia de género. Preocúpese,  (y ya es mucho) de los suyos y viva su vida. Siga el adagio más insolidario (al menos para el que suscribe) que conozco: “Vive y deja vivir”. Hay otro peor, ¡se me olvidaba!, y que apela a una virtud cristiana: “la caridad bien entendida empieza por uno mismo”.

No “viva” vidas ajenas, Sea feliz. ¿Vale?

6.- Discutir sin sentido. Este consejo tiene poco que rebatir por mi parte. Es absurdo discutir por discutir y más aún sin sentido. Otra cosa, en mi pertinaz defecto de opinar, es que las personas poco o nada discutidoras, aunque sea con sentido, suelen ser a las que les resbala todo o casi todo lo que ocurre en su entorno.

-“Usted por qué está tan sano”

-“¿Yo? Por no discutir

-“¡No diga usted tonterías!”

-“Vale. Lleva usted razón”

Esta persona, un tanto pasota, no es sólo sano de físico sino de mente. En definitiva feliz.

7.- Vivir en el pasado. Es vieja la frase: “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. Este aforismo hace referencia al lado pesimista de la historia, pues supone que nuestro pasado está más pleno de desgracias que de satisfacciones.

Otra cosa es que no siempre sea así. El pasado también ha tenido etapas o hechos concretos llenos de placer y alegría. Un verano especial en el que se encontró el primer amor o la culminación feliz de un proyecto profesional o de vida pueden ser hechos que a veces, a mí me ocurre, se hacen realidad en sueños nocturnos que me hacen pasar una buena noche y un grato despertar.

No quiero decir, como alega este 7º consejo, que haya que vivir en el pasado y mucho menos, como está pasando ahora a causa de que un ignorante gilipollas haya sacado el cajón de los truenos sobre la memoria histórica, cuando al muy imbécil sus viejas historias, por razones de edad, ni le van ni le vienen.

Así que, de caer en el error de retrotraerse al pasado, sólo piense en el mejor gol de su equipo al eterno rival. ¡Qué feliz fue aquel día!

Y termino. Si la definición inicial de septenario es la de siete elementos en el sentido conceptual, en el religioso hace referencia a siete días dedicados a un culto o devoción que nos haga mejores.

El que me han enviado, creo, son siete conceptos para no gastar energías y así intentar que las buenas personas puedan “hacerse” unos auténticos malvados egoístas.

Si lo logra, pasará a la historia no como una persona comprometida y apenada, ¡no siempre!, por la realidad, sino como alguien feliz que es de lo que se trata.

Siempre hablarán bien de usted cuando haya muerto.

 

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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