Punto de vista La Famacología Social busca el mejor uso de las terapias

Reivindicación de la Farmacología Social frente a la decadencia de la Farmacología Clínica

El autor, que recientemente ofreció una conferencia sobre la Farmacología Social en la Universidad de San Petersburgo y cuya exposición adjuntamos en este comentario, ofrece los principales aspectos de la misma y justifica la necesidad de su defensa.

La Farmacología Social tiene en la actualidad un peso específico por sus contribuciones en la prescripción, dispensación y consumo de medicamentos en la perspectiva del individuo y de la sociedad. Digamos que abarca todo lo que acontece al medicamento comercializado, desde su lanzamiento hasta que por su ciclo de vida desaparece, esencialmente por la innovación. Es precisamente un entorno en el que el medicamento está en su hábitat, con el buen uso y el mal uso (en todas las circunstancias de su medio), y también con la ignorancia de lo que va a suceder cuando una nueva molécula se lanza, esto es de sus efectos en poblaciones de millones y millones de usuarios. Casi nada en común a su periodo de desarrollo (“drug development”).

La Farmacología Social es la disciplina que apuesta por aglutinar el valor del medicamento para el individuo y la sociedad en el marco de la Salud Pública

No se trata de una ciencia que comparten unos pocos, ni tampoco de especialistas, o sencillamente asentada en la Universidad y otras instituciones. Sus ejes metodológicos –que la definen como ciencia- son precisamente los mismos que utilizan otras especialidades, nada que inventar; por ejemplo, estudios y ensayos clínicos, epidemiología, farmacoeconomía, farmacogenética (variaciones de la respuesta), farmacovigilancia, polifarmacia, autocuidado, regulación farmacéutica, poblaciones de riesgo, información terapéutica, Internet, … aportando el valor del medicamento en cuestiones que no están ampliamente especificadas en el registro para su aprobación por la escasez de pacientes, evaluando la exposición de grandes poblaciones sobre eficacia, efectividad, y eficiencia, en particular dando soluciones clínicas, terapéuticas, de gestión del medicamento, y de alerta. Pero es más, ocupa ese centro sanitario de la terapéutica y la ética.

Aspectos específicos

Aunque la Farmacología Social tiene su origen en la Farmacología Clínica (especialidad estrictamente médica), sin embargo como es natural la ciencia del medicamento está muy repartida, y hay muchas acepciones de obtención de conocimiento por parte de los sanitarios y no sanitarios. No existe la figura del farmacólogo social, pero sin embargo es la disciplina que apuesta por aglutinar el valor del medicamento para el individuo y la sociedad en el marco de la Salud Pública. La Industria Farmacéutica internacional marca directrices generales desde su patronal para conseguir los objetivos de compañía a través de estrategias diversas como la Academia de Pacientes, dar mayor representatividad a la Asociación de Pacientes, o como estamos viendo con la “Adherencia”, una parte del cumplimiento terapéutico. Pues bien, nuevos tiempos hacen que la Industria Farmacéutica se mueva en la actualidad hacia los intereses sociales de la salud pública y, por ende, en el marco de la Farmacología Social.

Hoy más que nunca hemos de poner los objetivos profesionales hacia el paciente, y la sociedad. El medicamento es un punto de encuentro entre los profesionales sanitarios. El medicamento es tan popular en nuestra sociedad que nos acompaña a todas partes. Fuera del ámbito de la “medicalización” tiene un gran valor y en gran parte es responsable del aumento de la esperanza de vida que hoy disfrutamos.

Mejor uso de la terapia

El mérito de la Farmacología Social consiste en organizar el puzle de las diversas materias científicas que intervienen en su credo

Por motivos de simplificación la Farmacología Social tiene la misión que sigue: “Nuestra misión es evaluar cualquier condición de los productos farmacéuticos comercializados, importantes para el individuo y la sociedad, y generar conocimiento útil en salud pública para la toma de decisiones con medicamentos”. En definitiva, desarrollar un mejor uso de la terapia.

La Farmacología Social ha calado en instituciones europeas, de la India y EE.UU. Existen multitud de trabajos publicados en esta disciplina catalogados y sin catalogar (esto es, no asignados en la disciplina). El mérito de la Farmacología Social consiste en organizar el puzle de las diversas materias científicas que intervienen en su credo e identificar al medicamento como la parte germinal de la estructura, consiguiendo la suma de esfuerzos, maximizando resultados de conocimiento de aplicación al individuo, paciente y la sociedad.

Espacio Europeo

Escultura de Pedro el Grande (San Petersburgo)

La Unión Europea, en base al “Espacio Europeo de Educación Superior”, ha hecho que podamos sembrar nuestras ideas científicas y corrientes de opinión en los diversos países que la configuran. En lo más inmediato cabe citar las becas de intercambio, tan conocidas de “Erasmus”, para los estudiantes, así como para el intercambio de profesores en programas académicos. Deseo citar a grupos importantes de farmacología social como el “Groupe Pharmacologie Sociale Toulouse”, donde he participado por invitación del Prof. Dr. Jean-Louis Montastruc en 2008 ( Director del Service de Pharmacologie Clinique Faculte de Medecine. Tolouse, France). Pero digamos que la diáspora de nuestra disciplina partió del 39th Annual Drug Information Association Meeting. San Antonio, Texas, EE.UU (2003) en una sesión dedicada a Farmacología Social.

En la Universidad de Alcalá de Henares hay un programa solvente de becas para promocionar el intercambio de profesores y dar valor a los logros de investigadores singulares con la presencia de los mismos a nivel internacional. Mi experiencia como “Profesor Erasmus” me ha permitido sembrar la Farmacología Social en varias universidades como la de Varsovia, Facultad de Medicina (Polonia); Lisboa, Facultad de Farmacia (Portugal); Salerno, Facultad de Medicina y de Farmacia, y en San Petersburgo, Facultad de Medicina (Rusia).

A través de este entusiasmo por la disciplina de la cual me siento pionero, y como tal publiqué un libro de referencia internacional “Clinical and Social Pharmacology. Postmarketing Period” de Editio Cantor, Aulendorf (Alemania, 1985). Creo además que no es menos importante dar un acceso generalizado mediante Acta Sanitaria y por Internet de mi reciente conferencia en la Universidad de San Petersburgo, “Seeding Social Pharmacology in Heath Sciences” (La siembra de Farmacología Social en Ciencias de la Salud), en un país europeo, pero fuera de la UE.

Sociedad de cambio

Hay un lema de actualidad que se cita habitualmente en inglés “nothing is as constant as change” (nada es tan constante como el cambio): estamos en una sociedad de cambio, la globalización con sus más y sus menos, pero que hace que cualquier suceso se pueda identificar rápidamente en cualquier parte de la Tierra. Y que el conocimiento pueda llegar mediante la Red a muchos destinatarios a la vez. El “cambio del cambio” puede ser nuestro destino, siempre con el anhelo de transformar la curiosidad científica en algo útil, aplicable a la humanidad. Es precisamente un motor de transformación y de mirar en grandes horizontes.

Ante el posible aturdimiento de tanta información, hace falta valorar ese cambio positivo y rentable. Perseguir la idea y transformarla. Y como dice Walt Disney, “all our dreams can be come true, if we have the courage to pursue them” (todos nuestros sueños pueden hacerse realidad, si tenemos el coraje de perseguirlos). La Farmacología Social que presento ahora goza de estas peculiaridades, la innovación y la tenacidad por superarse, a diferencia del triste ocaso inducido, y desplome de la Farmacología Clínica. No ha sido valorada por nuestros políticos, y tampoco se ha hecho efectiva al lado del paciente. Confiamos que continúe en expansión por el bien de nuestros pacientes, y de nuestra sociedad.

José Luis Alloza y Gascón-Molins

Profesor Titular de Farmacología (Farmacólogo Clínico) en la Universidad de Alcalá de Henares

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