Punto de vista apuntes de un boticario

Reconstrucción emocional

Consideraciones a raíz de un cierto debate silencioso sobre quienes, al no haber sido llamados a la Comisión de Reconstrucción, han considerado ninguneada su profesión.

Cuando me hablan de “clase sanitaria” experimento la misma desazón que cuando oigo lo de “raza humana”.

Si se hiciera una encuesta, es un decir, sobre quién considera usted “merecedor” de pertenecer al ámbito sanitario, si se cita a un médico (lenguaje inclusivo “of course”), muy lógicamente el porcentaje de contestaciones afirmativas sería del cien por cien.

¿Y un enfermero?. ¿Y un auxiliar de clínica?. ¿Y un psicólogo clínico?. ¿Y un celador?. ¿Y….

Raza humana, como las madres, sólo hay una. Lo demás son etnias. Sólo algún miembro del Ku Klux Klan diría que un negro no es raza humana y quizás, por desgracia, algunos más.

Estado de alarma

Desde que en España se instauró el estado de alarma han sido no ríos, sino cataratas de tinta que diría el viejo gacetillero, las que han inundado los medios de comunicación  hablando sobre la clase sanitaria a la que han desmenuzado.

Empleo este verbo aposta porque los sanitarios han quedado bien servidos desde sus propias atalayas no siempre para bien y en todo caso, aprovechando lo del Pisuerga y Valladolid, lanzarse alguna puyita que otra. No he visto una sola publicación donde no apareciera un artículo firmado por alguien perteneciente a esta clase dando su opinión sobre la pandemia. Pasado, presente, futuro, causas, efectos y…¿puedo saludar?.

Quizás sea una “deformación profesional” impuesta a los universitarios que como dice el microbiólogo López-Goñi: el mundo investigador pasó del “publica o mueres” al “que te difundan o serás invisible”..

Hasta aquí me parece lógico y razonable pero si ahondan en sus “mensajes”, un alto porcentaje de los mismos en su tendencia corporativista, y quizás sin mala intención, han marginado a otros pertenecientes a la misma clase.

Aplausos al personal

Si son seguidores de la tradicional sección “cartas al director” de los diarios, estos entrañables espontáneos de la prensa escrita (nada que ver afortunadamente con los “twitteros”) toman diariamente un ilustrado pulso a la actualidad. En el caso que me ocupa, hablo de los sanitarios y el covid, enfatizan sobre alguno de los múltiples componentes de esta clase y arriman el ascua a su sardina.

¿Quiénes han merecido más los aplausos “balconeros” del personal?. ¿Mi hermano que es médico?. ¿Mi madre que es enfermera?. ¿Mi tío que es odontólogo?. ¿Mi sobrina que es farmacéutica?. ….

Esta insólita situación producida por la pandemia, siendo un presente aún incierto, parece estar abriéndose a un cercano, y más optimista, futuro. De esta forma el Congreso de los Diputados tiene los ojos puestos en la “reconstrucción” a todos los niveles de nuestro país. En concreto, el Grupo de Trabajo de Sanidad y Salud Pública está siendo testigo de cómo los expertos están dibujando el renacimiento de un nuevo modelo asistencial. Médicos, enfermeros, farmacéuticos, industria…

Al hilo de ello declaraba un ministro que el rol de los protagonistas de la sanidad está plasmado en que el criterio para su elección ha de fundamentarse en “la evidencia científica” y no en “criterios políticos partidistas”.

Selección de expertos

No obstante la selección de estos expertos ha reavivado el gallinero de la parcialidad justiciera. ¿Cómo se han olvidado de los “guardacoches” (¡qué palabra más antigua!) que ordenan el aparcamiento de los grandes hospitales?.

Las guerras y ésta, la del “coronavirus”, ha sido contra un solo enemigo, dejan huellas de enfrentamientos eternos. Esto lo tenemos, por desgracia, muy cerca en nuestro país con un rebrote hasta ahora controlado, de lo que fue la ejemplar sa-na-ción de la transición.

Creamos que sea cierto el criterio manifestado por el ministro y que de esta forma se haya elegido a los miembros de esta Comisión entre los “mejores” para sacarnos de este schok postraumático.

¿Vale?. Pues entonces,  ¿por qué seguir dando la barrila sobre que se hayan olvidado de mi primo Nicolás que es un tipo que sabe mucho de esto y estudió con notas sobresalientes su carrera sanitaria?.

Vamos a no pre-ocuparnos, ya levantado el confinamiento, y ocuparnos de unir y transmitir compañerismo y solidaridad. Cesado el efecto “balcón”, salgamos a la calle y, aun con mascarillas, cantemos las palabras que Nicolás Guillén, el poeta cubano escribió. Se trata de “La muralla” canción que versionaron musicalmente diversos artistas

“Para hacer esta muralla,
Tráiganme todas las manos
Los negros, sus manos negras
Los blancos, sus blancas manos.

Una muralla que vaya
Desde la playa hasta el monte
Desde el monte hasta la playa,
Allá sobre el horizonte”.

Porque esta, y no otra, es la verdadera muralla emocional que debemos construir, no sólo los sanitarios, para vencer un posible rebrote del pertinaz encono que el ser humano tiene con el semejante al que cree distinto.

Porque además el “Resistiré” ya está, cumplida su misión, bien amortizado.

“¡Oiga una pregunta!. ¿Esta canción a la que alude no la estrenó “Quilapayún” y la popularizaron otros dos cantantes tan rojos como ellos?”.

¿Ve usted?. Ya está asomando la punta del brote del rebrote.

¡Pues písalo!.

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos [email protected] Twitter: @caballeroinf