Punto de vista temores económicos de los trabajadores de la sanidad privada

¿Quién va a pagar los platos rotos?

En el último número de la Revista Madrileña de Medicina, editada por el sindicato AMYTS, se recoge este trabajo de una de sus representantes sindicales manifestando el temor a que, como consecuencia de las repercusiones de la pandemia en la economía de las empresas privadas de asistencia sanitaria, puedan verse afectados los ingresos económicos de sus trabajadores.

Es evidente que la pandemia va a tener un coste económico importante para la sanidad privada, concertada y de gestión indirecta de nuestro país. Durante tres meses ha cesado toda la actividad programada y nos hemos dedicado íntegramente a los pacientes COVID. Además, los grandes grupos empresariales han tenido que hacer frente a un importante gasto económico en equipos de protección individual, refuerzo de plantillas, y compra de material sanitario para los pacientes más graves (respiradores, etc).

Ya se empiezan a oír rumores sobre el incumplimiento del presupuesto (EBIT), que podría ser imputado en los objetivos de los médicos. Muchos de nosotros tenemos incentivos basados en objetivos económicos y de gestión, como listas de espera, ratios entre consultas primeras y sucesivas y, lamentablemente, también el cumplimiento o no de los presupuestos económicos de nuestros hospitales.

Trabajo duro

Va a haber mucha resistencia por parte de las patronales privadas para el reconocimiento del coronavirus como enfermedad profesional,  puesto que ellas tendrían que hacer frente al coste económico de las secuelas del virus

Lo que nosotros tenemos claro, como delegados sindicales que representamos a los médicos de los hospitales privados, concertados y de gestión indirecta en los comités de empresa de Madrid, es que todos los profesionales hemos trabajado duramente a lo largo de la pandemia, arriesgando incluso nuestra piel. Aunque es verdad que hemos tenido menor incidencia de contagios con respecto a nuestros compañeros de la sanidad pública directa, al menos un 20 % han resultado enfermos, más o menos sintomáticos, por un virus desconocido, del que no sabemos las secuelas que nos podrá dejar. Todavía no hemos logrado el reconocimiento del coronavirus como enfermedad profesional. Y va a haber mucha resistencia por parte de las patronales privadas para que así sea, puesto que ellas tendrían que hacer frente al coste económico de las secuelas que deje el virus en sus trabajadores, o en sus familias si finalmente dichos trabajadores fallecieran.

Sin embargo, insisto, a pesar de enfrentarnos a una enfermedad emergente, los médicos del sector privado, concertado y de gestión indirecta, igual que los de la sanidad pública tradicional, hemos trabajado con ahínco. En este sentido, tenemos que ser muy firmes, y no consentir que después de todo lo que hemos sufrido en primera línea, además tengamos una penalización económica. Todo lo contrario, lo que necesitamos es no sólo un reconocimiento nacional simbólico como el Premio Princesa de Asturias, sino un reconocimiento local por parte de nuestros empleadores, ya sea económico o en tiempo libre.

Los médicos ya hemos demostrado antes y durante la crisis sanitaria actual que estamos a la altura de las circunstancias. Somos capaces de trabajar todo lo que haga falta por nuestros pacientes. Y vamos a seguir haciéndolo. Creo que ninguno de nosotros va a poner ninguna pega en colaborar en nuestros hospitales para la recuperación de las listas de espera, y de toda la actividad programada que ha dejado de hacerse. Nuestra colaboración está garantizada. Pero no a cualquier precio. Nadie trabaja gratis, y nosotros tampoco.

Por tanto estaremos deseando colaborar, y si tenemos que dedicar más horas semanales lo haremos, pero deben ser correctamente retribuidas. Y desde luego, lo que no podemos consentir es ser los que paguemos los platos rotos de la pandemia, con nuestra vida, con nuestra salud, y después con nuestras retribuciones.

Mónica Alloza Planet

Doctora en Medicina. Especialista en Radiodiagnóstico. Delegada AMYTS en el Comité de Empresa del Hospital Universitario de Torrejón.