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¿Qué tienen los medicamentos que nos encandilan?

Texto preparado para la conferencia inaugural del II Coloquio del MARC. Medicamentos y cultura. Antropología Médica. Tarragona 15 y 16 noviembre 2016. http://pharmaandculture.wixsite.com/coloquio2016/program

Fascinación tecnológica terapéutica: una píldora para cada mal

Los medicamentos (1) son productos químicos utilizados con el fin específico de cambiar el curso de la salud y la enfermedad en forma que mejor convenga al paciente en particular y a la sociedad en general. Como tales, excluyo las intervenciones terapéuticas físicas tipo cirugía, rehabilitación, termalismo y radiología, así como los alimentos (en dieta ‘habitual’ o ‘terapéutica’), el poder de la palabra, la psicoterapia, la espiritualidad y otras formas de sanación.

Los medicamentos forman parte de la tecnología científica que brilla hasta cegarnos. La fascinación tecnológica terapéutica es tal que esperamos un diagnóstico y una píldora para cada mal, como si el simple vivir y las adversidades de la vida fueran enfermedades y requirieran el uso de medicamentos.

La enfermedad de Alzheimer carece de tratamiento con medicamentos

La fascinación tecnológica terapéutica es tal que esperamos un diagnóstico y una píldora para cada mal

Resulta insólito difundir que la enfermedad de Alzheimer no tiene ningún tratamiento con medicamentos, pero es la verdad (2). “¿Entonces?” preguntan los familiares y la sociedad. “Entonces, alegría, actividad física apropiada, apoyo familiar, buenos alimentos, cariño, compañía, contacto piel con piel con tacto, cortesía, estimulación cognitiva, higiene, masajes, música, optimismo, paciencia, piedad, rehabilitación, soporte y ayuda a los cuidadores y ternura”. “Sí, pero nada de eso entra por la Seguridad Social”. “Pues habrá que reformar la Seguridad Social, y la sociedad”.

“Y para evitar el Alzheimer, ¿qué podemos hacer?” “Lo mejor, ser feliz y disfrutar de cada instante vital. Si es posible, disfrutar del máximo nivel de educación formal (3). Y, en todo caso, mantener la actividad intelectual todo lo que se pueda, desde lectura a asistencia a conferencias y conciertos, desde jugar a las cartas a declamar poesía”. “¡Pero todo eso tampoco entra por la Seguridad Social!” “Pues ya sabe, a cambiar esta sociedad que nos enferma y a cambiar las conductas y culturas en torno al enfermar”.

Las vacunas, de ayer a hoy

Los medicamentos tienen una historia milenaria en el sentido de “remedios”, muy unidos en sus orígenes al chamán y, posteriormente, a la religión. Hace más de 200 años se introdujo por primera vez un medicamento a escala mundial, la vacuna contra la viruela, que cambió para siempre la relación agente infeccioso y huésped. Y entre profesionales y pacientes. Los indios invitados a vacunarse en el curso de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna lo decían “Esto es enfermar ahora para no enfermar después”. La duda vacunal es algo que persiste y también sigue la administración mediante agresión de la “inyección” vacunal, expresión simbólica del poder de la biopolítica. Ha cambiado la política vacunal, más orientada a lo individual y mucho más al negocio de las industrias farmacéuticas.

Incidentalmente, vacunarse puede alterar conductas. Así, por ejemplo la inútil vacuna de la gripe se acompaña de un cambio de actitud del vacunado, que se hace más tolerante ante los inmigrantes. Es decir, en cierta forma se vacuna contra los prejuicios (4) .

La aspirina (el termómetro y la fiebre)

Hace más de 100 años, la producción industrial de la aspirina cambió más radicalmente la relación de médicos, pacientes y sociedad con el enfermar y los medicamentos. Los derivados salicílicos se conocen y emplean desde la antigüedad, pero su uso no había cambiado las ideas y costumbres hasta la síntesis industrial y comercialización del ácido acetilsalicílico en 1899.

Pese a los daños, el tratamiento de la fiebre se ha transformado en norma imperativa, como otra expresión más de la “expropiación de la salud”, de los saberes ancestrales culturales.

La producción de la aspirina, y el afán de lucro de Bayer, junto con la popularización del uso del termómetro, transformó la conducta ante la fiebre. De ser algo buscado pasó a ser repudiado. La popularidad de la aspirina puede explicar en parte la alta mortalidad de la gripe “española”, de 1918 (5).

Todavía persiste la creencia entre legos y profesionales de que la fiebre “es mala” y de que hay que bajarla a toda costa, con medicamentos (incluso metamizol) y, llegado el caso, con medios físicos (baños con agua tibia y otros), lo que provoca más daños que beneficios. Para el paciente, la fiebre es una reacción defensiva útil frente a la infección, y sólo es beneficioso disminuirla en la que acompaña a ictus cerebral (hipertemia aparte, que no es fiebre) (6) .

Incidentalmente, en casi todos los hogares españoles hay al menos un termómetro, como reflejo de la medicalización y medicamentación de la fiebre. Tal presencia es inusual en los hogares británicos, por ejemplo.

¿Por qué nos enferma como nos enferma la enfermedad infecciosa?

El tratamiento sintomático generalizado de la fiebre puede ser perjudicial no sólo para el individuo sino para la sociedad. Al bajar la fiebre se facilita la supervivencia, en el infectado, de los gérmenes infecciosos y su difusión en la comunidad, por lo que las epidemias se tornan más rápidas, intensas y mortales (7).

Conviene hacer notar que la infección produce un cambio de conducta en los humanos. La enfermedad infecciosa conlleva, además de la fiebre, retraimiento, mal humor, depresión, rechazo a las relaciones sexuales y sociales, anorexia, hipersomnia, astenia y otras conductas cuyo resultado final es la disminución de las interacciones sociales. ¿Por qué nos enferma así la enfermedad infecciosa? No hay una respuesta clara, pero podría ser una respuesta altruista que “condena” al infectado, “avisa” a otros miembros de la familia, amigos y compañeros de trabajo y favorece a la comunidad en el sentido de disminuir el contagio (8). De nuevo, el tratamiento casi automático de la fiebre conlleva daños no sólo para el individuo, sino para la sociedad.

La expropiación de la salud

El tratamiento sintomático generalizado de la fiebre puede ser perjudicial no sólo para el individuo sino para la sociedad

Pese a los daños, el tratamiento de la fiebre se ha transformado en norma imperativa, como otra expresión más de la “expropiación de la salud”, de los saberes ancestrales culturales. Buena prueba es el uso y abuso de las peligrosas urgencias hospitalarias por fiebre mínima de duración minúscula. En el caso del infante, puede acabar muy fácilmente con una punción lumbar totalmente innecesaria, y no banal.

Ahora es el pediatra “el dueño” de la salud y del enfermar de los niños y la abuela, por ejemplo, es una simple comparsa que visita al médico con su nieto, atemorizada por no comprender lo que se le dice. Aquellas abuelas de “sin escuela y con la abuela” han perdido autonomía y fe en sí mismas, arrolladas por los “medicamentos para todo”, que expropian la salud.

El monopolio médico de la prescripción de medicamentos (y el farmacéutico de su dispensación)

La fuerza del médico con sus medicamentos es muy grande. Los medicamentos dan gran poder a los médicos, y otros profesionales quieren romper el monopolio de su prescripción. Al contrario, muchos medicamentos logran “respetabilidad” justo con dicho monopolio, como los “condroprotectores” para la artrosis, en los que gastamos 100 millones de euros anuales a sabiendas de que son inútiles (y perjudiciales) pero el ciclo del poder exige, también, su dispensación en la farmacia (9) . Todo ello da un brillo que encandila y ciega.

Los pacientes recogen migajas, en parte, con el acceso a los “medicamentos de venta libre” (OTC, “over the counter”) y al compartir informalmente medicamentos de prescripción médica. Otros profesionales no médicos también acceden al circuito del poder de prescripción y la dispensación en la farmacia.

El poder de los medicamentos

Da idea del poder de los medicamentos el que, por ejemplo, el precio del placebo empleado en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson influya directamente en la mejora clínica motora y en la secreción de más dopamina en la sustancia nigra cerebral (a mayor precio, mayor mejoría y mayor secreción de dopamina) (10) .

Su poder se expresa, también, con el libre uso de los mismos. Por ejemplo, como fichas del parchís, según colores, por los ancianos recluidos en los asilos (“residencias”). En el mismo sentido, nada como el conocimiento de los pacientes acerca de los medicamentos que flotan en el agua del retrete, y son por ello difíciles de “evacuar” sin llamar la atención.

Síntesis

Los medicamentos son más que medicamentos, pues cambian culturas y comportamientos.

 

NOTAS

[1]    Esta presentación no es “al uso” pues ni políticamente correcta, ni pretende ser una revisión de la cuestión. Para el lector interesado en una visión ortodoxa, nada como partir de una revisión clásica tipo “The anthropology of pharmaceuticals a biographical approach”  http://www.annualreviews.org/doi/abs/10.1146/annurev.anthro.25.1.153. En lo general, sobre antropología médica, puede ser una buena puerta de entrada el texto de Martínez-Hernáez, A. Antropología médica. Teorías sobre la cultura, el poder y la enfermedad. Barcelona: Anthropos. http://www.anthropos-editorial.com/DETALLE/ANTROPOLOGIA-MEDICA-ATTA-043

[2]    La revista farmacoterapéutica francesa Prescrire, la mejor del mundo, no recomienda ni donepezilo ni ningún medicamento en Alzheimer http://www.saludcastillayleon.es/portalmedicamento/es/cim-sacyl/ojo-markov/medicamentos-evitar-actualizacion-2016 Trois syndicats de médecins appellent à ne plus prescrire de médicaments anti-Alzheimer. Pro déremboursement total. http://www.jim.fr/pharmacien/actualites/pro_societe/e-docs/trois_syndicats_de_medecins_appellent_a_ne_plus_prescrire_de_medicaments_anti_alzheimer_161997/document_actu_pro.phtml

[3]          Suecia. La menor educación formal multiplica por 3,4 la probabilidad de desarrollar Alzheimer. http://aje.oxfordjournals.org/content/159/2/175.full.pdf+html

[4]    Immunizing against prejudice: effects of disease protection on attitudes toward out-groups. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22058107

[5]    Salicylates and Pandemic Influenza Mortality, 1918–1919 Pharmacology, Pathology, and Historic Evidence. http://cid.oxfordjournals.org/content/49/9/1405.full

[6]          Las convulsiones febriles en los niños carecen en general de importancia. http://equipocesca.org/medidas-para-combatir-la-fiebre/

[7]    Flu. Fever suppression increases the expected number of cases and deaths. Antipyretics. Population-level effects. http://rspb.royalsocietypublishing.org/content/281/1778/20132570

[8]    Why Do We Feel Sick When Infected—Can Altruism Play a Role? Yes, it is better for the community. http://journals.plos.org/plosbiology/article…

[9]            Condroprotectores (condroitín sulfato, glucosamina, ácido hialurónico, diacreína,  atrosis, SYSADOAS). Fármacos sintomáticos de acción lenta y  administración oral para la artrosis. http://equipocesca.org/condroprotectores-condroitin-sulfato-glucosamina-acido-hialuronico-diacreina-atrosis-sysadoas-farmacos-sintomaticos-de-accion-lenta-y-administracion-oral-para-la-artrosis/

[10]          Placebo effect of medication cost in Parkinson disease A randomized double-blind study. http://www.neurology.org/content/early/2015/01/28/WNL.0000000000001282

Juan Gérvas

Doctor en Medicina. Médico General jubilado. Equipo CESCA (Madrid, España). [email protected]; [email protected]; www.equipocesca.org; https://t.me/gervassalud