Punto de vista no debe tratarse sólo de mejorar la financiación

Premisas para posibles cambios en el sistema sanitario tras la pandemia

Los autores consideran que la situación que estamos viviendo conforma el momento adecuado para introducir cambios en el sistema sanitario, con especial referencia a la atención primaria,  a fin de que responda a los que se han producido en la sociedad y en la epidemiología. Y apuntan algunas condiciones básicas para la reformulación del sistema.

Durante la fase de desescalada de la panemia cayó en nuestras manos un artículo de Bruno Dente, catedrático de políticas públicas en el Politécnico de Milan, titulado “Dopo il Coronavirus. Che fare del sistema sanitario?”, en el que reflexiona sobre la necesidad y posibilidades de introducir cambios significativos en el sistema sanitario italiano tras la pandemia.

Las líneas maestras de la propuesta de Dente nos recuerdan la reforma de la atención primaria en España, una iniciativa que estimuló el desarrollo del Sistema Nacional de Salud del que hemos disfrutado estos decenios y que, desde luego, necesita actualizarse para adaptarse a los notorios cambios que ha experimentado la sociedad y la epidemiología –no la ciencia– españolas.   Una actualización que además debería corregir algunas limitaciones e ingenuidades de entonces. Y que tampoco debería limitarse a los imprescindibles cambios coyunturales y transitorios de la fase de desconfinamiento en la que estamos inmersos actualmente. Ni, desde luego, exclusivamente a conseguir un hipotético incremento presupuestario para seguir haciendo lo mismo que hasta ahora, un poco más holgadamente.

Porque el Sistema Nacional de Salud y la atención primaria (y comunitaria) en su seno se enfrentan a un reto de solvencia y viabilidad cuya superación no parece posible sin una profunda reformulación para la que nos parece se deben atender algunas condiciones básicas.

Condiciones para el cambio

El Sistema Nacional de Salud y la atención primaria (y comunitaria) en su seno se enfrentan a un reto de solvencia y viabilidad cuya superación no parece posible sin una profunda reformulación

La primera condición es asumir que nuestro sistema, cuyos fundamentos actuales tienen cuarenta años, necesita asimilar los cambios experimentados por la sociedad española en este periodo. La pandemia actual ha situado al sistema en una situación inédita, en la que se combinan problemas de salud que parecían más propios de épocas pasadas con otros actuales, como la emergencia de las patologías crónicas. Para ambos tipos de fenómenos hay que aplicar abordajes intersectoriales de los problemas en un marco cultural que potencie la autorresponsabilidad individual en todo lo relativo a la propia salud y la resiliencia ante las adversidades y deterioros inherentes a la trayectoria vital de las personas y comunidades. Lo que lejos de desatender los determinantes colectivos — que no dependen de las actitudes individuales– puede contribuir a defender más operativamente la sanidad pública.

Pero parece también necesario un liderazgo, individual o colectivo, sanitario y social, que, además de generar, o por lo menos contribuir a crear, una corriente de opinión, sea capaz de sumar voluntades tanto en la base social y profesional como en las élites dirigentes y que se pueda traducir en una movilización operativa.

Para lo cual probablemente se requiera una narrativa estimulante e incentivadora, un relato, como se dice ahora, que proporcione argumentos sólidos para justificar los cambios que se preconizan. Que sean claros y comprensibles, de modo que constituyan un discurso lógico y sólido que pueda resistir la eventual oposición que, desde perspectivas ideológicas e intereses diversos, obstacularizará los cambios. Lo que implica, en primer lugar, abandonar esa postura de autocomplacencia que lleva a nuestros políticos a afirmar de forma insistente que tenemos “el mejor sistema sanitario del mundo” y que asuman el análisis autocrítico de sus fortalezas, debilidades e inadaptaciones a las necesidades y expectativas sociales.

Proyecto estratégico y operativo

Es preciso que los proyectos, además de corregir la infrafinanciación crónica del sistema, prioricen la innovación conceptual y estratégica del conjunto de sectores sociales que se ocupan de la mejora del bienestar y la calidad de vida y no solamente del componente sanitario

Aunque ninguna de las premisas anteriores servirá de mucho sin el diseño de un proyecto estratégico y operativo que especifique los propósitos principales con el nivel de prioridad correspondiente y con una secuencia temporal de aplicación viable en términos políticos, técnicos y presupuestarios. Sin olvidar formular adecuadamente la fase de transición que permita alcanzar los objetivos propuestos o, por lo menos, avanzar en su dirección. Porque sin esa previsión difícilmente se materializarán los ideales políticos.

Sin caer en la tentación de reclamar simplemente más recursos, lo que no exime del riesgo de generar mayor ineficiencia e ineficacia a la hora de abordar los problemas prioritarios y emergentes de nuestra sociedad. Es preciso que los proyectos, además de corregir la infrafinanciación crónica del sistema, prioricen la innovación conceptual y estratégica del conjunto de sectores sociales que se ocupan de la mejora del bienestar y la calidad de vida y no solamente del componente sanitario y que dicha innovación se organice de forma integrada, transparente y participativa.

La crisis actual nos ha sacudido lo bastante como para intentar sacarle el mejor partido. Algo que no va a caer del cielo, por lo que convendría que todos, desde quienes tienen el poder a los que tácita o explícitamente los apoyamos, nos pongamos a la tarea sin esperar a la siguiente. Una tarea que no solo, ni principalmente, le corresponde a la sanidad sino al conjunto de la sociedad. No en vano buena parte de la mejora de la salud de las sociedades humanas ha tenido que ver con el trabajo, el urbanismo, la escolarización y la higiene.

 

Amando Martín Zurro y Andreu Segura Benedicto

Amando Martín Zurro, doctor en Medicina y Cirugía. Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria y Medicina Interna. Andreu Segura, epidemiólogo jubilado. Vocal del Comité de Bioética y del Consejo Asesor de Salut Pública de Cataluña. Médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.

3 Comentarios

  1. Ignacio says:

    Coincido con el análisis y las líneas directrices, pero creo que ya es el momento de pasar a la acción y ser más concreto y claro. Creo necesario tener la valentía de decir que la cultura interna de la organización es un freno para el cambio, no sólo los políticos. Coincido que el aumento de recursos por sí solo no nos llevará más que a más ineficiencia y reiterar los mismos errores. Que la Atención Primaria requiere ser valorada en pie de igualdad con la Especializada y eso implica, nivel salarial y una campaña de reconocimiento social y profesional.
    Concretamente, en Atención Primaria, el modelo de autonomía de gestión de los centros ya ensayados en algunas otras comunidades, como Cataluña, sería un buen principio o una buena base y que la política de horarios y oferta de servicios se debe replantear y adecuar a la realidad de la población. A partir de ahí, creo que los cambios profundos pueden venir detrás. Abrir la participación de la población es clave, aunque no gusta a la organización. La fusión de las consejerías de salud con política social es clave también.

  2. eduardo Vazquez martul says:

    Muchos puntos necesitan reforma en el SNSP.Empieza por enseñanza de una higiene personal desde la escuela. Invertir en la concenciación ciudadana de que la salud tiene un precio que pagamos casi todos (los de Panamá no pagan aquí). Cambios en las facultades de medicina enquistadas en explicar la medicina en “columnas de especialidades” que separan en vez de buscar puntos de confluencia: Un endoscopista busca una imagen igual que un radiólogo o un patólogo, lo que exige trabajar en cadenas funcionales y no en servicios duplicados . Igual que Unidad de Inmunología que debería abarcar desde laboratorio básico hasta areas clínicas. Una enfermedad como el LED lo estudian múltiples servicios diferentes que hasta se pueden llevar mal o ser competidores de quién es el enfermo. Se pierde gran experiencia. Sacar a la Medicina Interna de los hospitales y dejar unicamente una MI que coordine diferentes unidades dada su conocimiento integrador de patologías. El paciente crónico debe de ser atendido en su domicilio con buena Medicina familiar y Médico internistas que sobran en hospitales. (en el CHUAC hay mas de 10 servicios de MI, con sus cama correspondientes, y todos agradecidos a su jefe por crear tantos puestos de trabajo que lastran la economía del hospital). El hosptal debe ser centro de referencia solo para cirujía mayor y complicada, pruebas diagnósticas de alto coste, Unidades de UVI, y especialidades médicas de referencia . Los centros hospitalarios comarcales solo para cirujía de urgencias, Medicina interna o médicos de familia, lab. de urgencia para diAGNÓSTICOS RÁPIDOS,M Y un elicoptero para traslado de pacientes a centros de referencia regional. Esto entre otras cosas que empiezan insisto en las facultades .Ser médico no es aprobar un MIR ni la Medicina es resolver un Test.

  3. Angeles Puigdollers says:

    Por favor:
    Helicóptero va con hache y cirugía con G.
    ¿somos universitarios?