Terremoto
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Alejandro Domínguez explica su batalla contra las basuras de delante de su farmacia

cinco años de enfrentamiento con el ayuntamiento de lorca (murcia)

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Alejandro Domínguez

Al cabo de cinco años de lucha, el farmacéutico Alejandro Domínguez ha visto cómo el ayuntamiento de Lorca (Murcia) ha retirado de delante de su farmacia los contenedores de basura que había colocado allí provisionalmente, mientras se reordenaba la zona y se reparaba el edificio en que encuentra la farmacia, afectado por el terremoto de mayo de 2011. Domínguez, que no ha reparado en medios frente a las fuerzas municipales, nos habla de lo vivido en este tiempo.

Acta Sanitaria (AS).-  Cinco años después de haber iniciado su lucha para que retirasen los contenedores de basura de delante de su oficina de farmacia, al fin lo ha conseguido. ¿Qué siente?

Alejandro Domínguez (AD).- Una gran satisfacción, como es natural. Aunque después de tanto tiempo sufriendo cada día al ver esos contenedores detrás de la puerta, todavía no puedo evitar una cierta sensación de inseguridad. Aún no me fío de que sea definitivo. Al fin y al cabo defendía el derecho a la salud de los ciudadanos.

AS.-  ¿A qué atribuye el enquistamiento de la situación?
Al fin y al cabo defendía el derecho a la salud de los ciudadanos
AD.- Me resulta difícil comprenderlo, pues se trataba de una solución provisional en tanto se reparaba el edificio en que se encuentra la farmacia y que se vio afectado por el terremoto de mayo de 2011. De alguna manera faltó la planificación adecuada y parece que resultaba difícil dar marcha atrás. Y eso que lo que había delante de los contenedores era un establecimiento sanitario, una oficina de farmacia, a la que la mayoría de los ciudadanos que acuden suelen tener problemas de salud, por lo que la única explicación que encuentro es que los anteriores responsables municipales actuaron no solo de mala fe, sino contra la ley, pues aunque el Tribunal Constitucional afirma que la ubicación de los contenedores de residuos urbanos es una decisión discrecional de la administración local,  la elección de un lugar u otro no puede ser de ningún modo libérrima, caprichosa y arbitraria, sin fundamento, racionalidad, coherencia u objetividad. Cualquier persona con dos dedos de frente comprende que en este caso no hubo ninguna razón objetiva para actuar como se actuó.

AS.-  Pese a que usted no ha escatimado recursos para defender su planteamiento, al final la solución ha llegado de la mano del nuevo gobierno en el ayuntamiento de Lorca. ¿Cómo explica esto?

Aspecto de la farmacia de AD tras el terremoto

AD.- Los representantes del Partido Socialista en Lorca, y más concretamente el actual alcalde, ya se habían pronunciado públicamente a favor de la retirada de los contenedores de la puerta de la oficina de farmacia con el otro gobierno municipal. Y miraban con preocupación la reacción del Comité de Peticiones del Parlamento Europeo y la de los Defensores del Pueblo español y europeo, por la repercusión pública que pudiera haber tenido en la imagen de Lorca. La decisión municipal ha tardado varios meses tras las elecciones municipales porque se habrá tenido que seguir el procedimiento oficial previsto para estos casos, pero al final han desaparecido los contenedores de la acera, con lo cual no puedo sino mostrarle mi agradecimiento al actual alcalde Diego Mateos.

AS.- De todos modos, llama la atención su lucha. ¿Cuál es la peor situación vivida en todo este proceso?

AD.- Han sido años duros todos, aunque quizá lo peor fue al principio, por el tremendo desagradecimiento del anterior alcalde y el responsable de Limusa, la empresa encargada de la recogida de basuras, ante mi gesto que hubiera merecido un trato mejor. Todo el edificio en el que está mi farmacia tuvo que ser reconstruido a causa del terremoto. Antes no había ningún contenedor. ¡Y fui yo el que acepté que, hasta que se urbanizase el barrio, se pusieran en ese lugar. Provisionalmente! Una provisionalidad que ha durando más de cinco años. Y a partir de ahí comenzó un Vía Crucis en el que he tenido que aguantar hasta que un juez me negara la razón por el simple hecho de que no había jurisprudencia, cuando la hay a montones.
Mi sensación es que el farmacéutico, como profesional, está solo. Y esa individualidad nos está perjudicando
AS.- ¿Cómo le afectó la consideración desde el ayuntamiento de que la oficina de farmacia no es un establecimiento sanitario?

AD.- Eso fue la gota que colmó el vaso, aunque no sólo por esa contestación de los técnicos del Ayuntamiento –y aquí incluyo a ciertos funcionarios que fueron partícipes de esa frase bestial–, sino porque ningún responsable farmacéutico se escandalizase por ese desprecio a la profesión. No quiero ni pensar lo que hubiese pasado si ese comentario se hubiese hecho sobre algo que afectase a los médicos o los enfermeros. Está visto que a nosotros nos pueden insultar sin que haya una reacción generalizada.

AS.- ¿Ha tenido apoyos de sus compañeros y de las instituciones profesionales que los representan?

AD.- Los compañeros que se enteraron de mi situación, muy bien reflejada en Acta Sanitaria, se solidarizaron conmigo. En cuanto a los representantes de los boticarios, salvo alguna actuación del Colegio de Murcia, que agradezco, a nivel nacional sólo alguna palmadita en la espalda. Un colegiado que proteste y no se resigne es incómodo. Y yo le aseguro que soy muy incómodo y voy a seguir siéndolo. Toda mi vida he luchado por mis derechos y por mis legítimos intereses y no voy a cambiar. Y seguiré denunciando el vergonzoso comportamiento de quienes cobran para defender a los boticarios y no lo hacen.

AS.- Ahora, al cabo de tiempo, ¿cuál es la principal conclusión que saca de todo lo vivido?

AD.- Mi sensación es que el farmacéutico, como profesional, está solo. Y esa individualidad nos está perjudicando. Lo que me ha pasado a mí le está pasando a muchos otros compañeros que luchan diariamente por sus farmacias, por sus derechos, por mantener a sus familias, ejerciendo una profesión sanitaria de primer orden. Compañeros que resisten en pequeños pueblos y aldeas prestando una asistencia impagable a los ciudadanos y que no es adecuadamente recompensada por la Administración. O que sufren impagos que les obligan a asumir deudas imposibles de pagar. Somos una profesión que sufre muchas injusticias,  como devoluciones de recetas, subastas de medicamento, desabastecimientos, competencia desleal e, incluso, insultos de otros profesionales sanitarios, y a la que han acostumbrado a callar y aguantar. Uno a uno perdemos, pero todos juntos somos una gran profesión y deberíamos defendernos.