Punto de vista

¿Piove?? ¡Porco goberno!

Con este análisis de lo que puede hacer un farmacéutico para afrontar los males menores de la población, comienza su andadura en nuestras páginas un boticario andaluz, especialista en Análisis Clínicos y colaborador habitual en publicaciones profesionales de farmacia.

Un viejo boticario, ya jubilado, del que más que compañero, mi familia, incluido yo, fuimos “clientes”, usaba como muletilla, los días de lluvia, la siguiente frase: “calle mojada, caja seca”. ¿Quién me iba a decir, cuando en mi mente no estaba el cursar la carrera de Farmacia, que esta frase encerraba una verdad incontrovertible?. Viene esto al hilo de un “Punto de vista”, firmado por José Santos y leído en Acta Sanitaria, donde el autor opinaba, entre otras cosas, sobre la baja incidencia de enfermos en urgencias en días que coincidían con la retransmisión televisiva de una final de fútbol.

 

Los farmacéuticos sabemos por experiencia cómo, valga el ejemplo, los fines de semana, incluidos viernes, del período veraniego, la afluencia de pacientes ambulatorios a nuestras Farmacias es casi nula. También tenemos constancia que, por el contrario, los lunes de esta misma época estival las Farmacias quedan, como diría el extinto dúo “Sacapuntas”: “¡Abarrotás!”.

 

Práctica disuasiva

 

Pero como no me gusta incidir en lo ya conocido sino, dentro de mis modestas posibilidades, dar soluciones siempre propongo al farmacéutico como agente sanitario, en este caso disuasivo de la masificación en muchos casos abusiva e innecesaria de los enfermos imaginarios a urgencias y ambulatorios.

 

Pedro Caballero InfantePongamos como ejemplo las gripes o simples resfriados invernales. El farmacéutico tiene conocimientos suficientes para valorar la gravedad de estas dos enfermedades y hacer un triaje que delimite quién debe ser hospitalizado o quién puede combatir la afección sin salir de su casa. La recomendación de un antitérmico, un mucolítico y/o un antitusígeno que, además, pueden ser medicamentos EFP, mataría dos pájaros de un tiro. Desahogarían las urgencias y evitarían gastos a la seguridad social. Porque, ¿quién no puede hacer frente a unos fármacos que están, en cuanto a su coste, al nivel de las chucherías que se encuentran en cualquier quiosco?

 

No olvidemos también que la soledad (cada vez son más las familias monoparentales y la anciana viudedad) sinergiza la hipocondría. El polimedicado, de no muy avanzada edad, es reactivo a dejar una medicación que, en el mejor de los casos, pasada la etiología que la ha producido, no tiene ya razón de ser.

 

Aquí también surge la figura del que yo llamo “farmacéutico de cabecera”, figura que tiene una gran ascendencia sobre el paciente habitual, pues éste ha logrado una empatía que trasciende los límites de la sanidad para entroncar con problemas familiares, económicos y sociales. ¡Utilicémoslo pues!. Además el último consejo que doy siempre a mis pacientes en este tipo de patologías es el más barato del mundo. ¿Qué cual es?: ¡Mucha cama”. ¿Hay algo más barato?.

 

Todo esto no sirve de nada si nos se nos reconoce a los farmacéuticos nuestro protagonismo en la red asistencial sanitaria. Necesitamos que nos dejen utilizar el paraguas para salvar la llovizna y nunca, no es nuestra misión, si se trata de una tormenta en toda regla.

 

Si los políticos lo hiciesen evitarían, entre otras cosas, que los calificaran de puercos.

 

Pedro Caballero-Infante Perales ([email protected]) es farmacéutico especialista en Análisis Clínicos

 

Acta Sanitaria