Raquel Moreno Salamanca

Punto de vista

Vivencias de una enfermera de 30 años

Enfermera de Madrid

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Foto de Médicos Sin Fronteras
Foto de Médicos Sin Fronteras

Los acontecimientos vividos en los dos últimos años y sus consecuencias personales conforman el primer capítulo de la vida profesional de la autora

Me llamo Raquel, soy enfermera y, a mis 30 años, acabo de recibir mi primer contrato interino.

Si la COVID-19 llegó para agitar el planeta como si de meter el globo terráqueo en una batidora eléctrica se tratase, el impacto tan inmenso con el que azotó el mundo sanitario cuesta describirlo. Son tantas las formas en la que nos ha afectado, que solo se me ocurre empezar a hablar de ello desde lo que me ha tocado vivir.

Finalicé mis estudios universitarios en el verano del año 2014. Por aquel entonces, conseguir un contrato (que no digo un buen contrato) en los servicios públicos era casi impensable. Así que nuestro camino a seguir era plagar las instituciones privadas con nuestros currículums y esperar a que llegasen los periodos vacacionales para intentar, con suerte, cubrir una suplencia y, por supuesto, renunciar a tu verano. Es cierto que la enfermería vivió años mejores en su momento, pero las personas de mi generación no supimos lo que era que te lloviesen los contratos hasta que la COVID-19 llegó a nuestras vidas.

Al principio, simplemente, se trató de un "sálvese quien pueda". La mitad de la población se contagió, lo cual significa que los centros sanitarios estaban a reventar de pacientes contagiados y que, parte de esas personas, eran esos profesionales que debían estar proporcionando cuidados. Todo colapsó. Pero si ahora estoy escribiendo esto, es porque conseguimos salir adelante. Aún a día de hoy nos preguntamos cómo y tememos cuáles serán las secuelas psicológicas que tarde o temprano terminarán saliendo a flote.

Sea como sea, aquí seguimos, en pie y dando el callo, formando parte de la historia. Y esta, es la mía.

Un proceso de múltiples trabajos

Hace tiempo que perdí la cuenta de todos los trabajos por los que he pasado como enfermera. Siempre hago la broma de que podría hacer una sábana para arroparme por las noches con todos mis contratos. Y podría quedarme con todas las cosas negativas que esto ha conllevado en mi vida profesional. Sin embargo, prefiero pensar en que la variedad de experiencias que pude ir probando me ayudaron a saber lo que quería en mi futuro y lo que, bajo ningún concepto, jamás volvería a tolerar.

La variedad de experiencias que pude ir probando me ayudaron a saber lo que quería en mi futuro y lo que, bajo ningún concepto, jamás volvería a tolerar

Mis inicios, como los de la mayoría de las enfermeras, fueron en geriatría y en la privada. Todo residencias y centros de día. No pude salir más traumatizada de aquello. ¡Vaya!  Un par de años antes de la pandemia, conseguí empezar a trabajar en sitios públicos con contratos a tiempo parcial, o a jornada completa, pero firmando de forma semanal o incluso diaria. Esta inestabilidad me obligaba a compaginar 2, 3 y hasta 4 trabajos. Por lo tanto, retrocedí sobre mis propios pasos y volví al sector privado.

Una vez pasado todo el grueso del inicio de la pandemia, comenzaron a aflorar las primeras consecuencias. Por un lado, las interminables listas de esperar que se habían generado por el parón que provocó la COVID-19 precisaban ser disipadas a la mayor brevedad. Y por otra parte, los sanitarios estaban exhaustos, tanto física como psicológicamente, lo cual provocó que muchos se alejasen (no sé si temporalmente) de su trabajo. Por tanto, solo había una cosa clara, HACÍAN FALTA SANITARIOS Y, POR PRIMERA VEZ, NO SE ESCATIMÓ EN GASTOS. De ahí la lluvia de contratos de la que hablaba anteriormente. Unos contratos que cada 30 de junio y cada 31 de diciembre nos hacía temblar a todos, pero que, al final, siempre se prorrogaban. Siempre, hasta el 31 de marzo de 2022, fecha en la que el grifo se cortó.

Como hacían faltan tantísimos sanitarios, dejaron de respetarse listados, bolsas y puntuaciones. Decir que se contrataron a alumnos que aún estaban a un par de meses de finalizar su carrera y que personas jubiladas volvieron al ruedo durante unos meses, creo que explica el tipo de situación que se estaba viviendo con perfección. Y esto me lleva a los dos últimos puntos de este capítulo, los cuales me han traído hasta aquí.

El mundo "residencias de ancianos". ¿Creéis que yo soy la única persona que salió traumatizada de este tipo de instituciones?

Vuelta a lo de siempre

El primer punto es la restructuración tan enorme que se ha llevado a cabo una vez ha finalizado marzo. Se ha decidido volver a seguir el método tradicional de ofrecer contratos por puntuación en bolsa, sin tener en cuenta absolutamente nada más. Y si renuncias, SANCIONADO UN AÑO SIN TRABAJAR. Así funciona. Personas dejándose la piel durante dos años en una unidad, formándose sobre la marcha y llegando a controlar muchísimo su labor, a la p... calle. Por haber terminado sus estudios hace dos años y no haber tenido tiempo de sumar los suficientes puntos con los servicios prestados, al paro. Muchas gracias por participar, pero la vida es así. Y en su lugar, un sanitario nuevo, con más puntuación, pero en un servicio totalmente nuevo para él. ¿Y alguien le va a formar con el suficiente tiempo previo para que pueda desempeñar correctamente sus funciones?. Por supuesto: sus compañeros en el día a día. Te sueltan el primer día de contrato y te buscas la vida. Así suele funcionar el 90% de las veces que empiezas un contrato nuevo. Este es el pan de cada día para un sanitario.

Por otro lado, lo que comentaba unas líneas más arriba me trae hasta el segundo punto que debo mencionar. El mundo "residencias de ancianos". ¿Creéis que yo soy la única persona que salió traumatizada de este tipo de instituciones?. La prueba de que no es que cuando comenzaron a llover los contratos en la pública las residencias se quedaron desiertas de personal. ¿Qué se puede esperar de sueldos miserables, libranzas de un fin de semana al mes, trabajar siete días seguidos y tener que gestionar el cuidado de 100 residentes tú sola? ¿pero qué ser humano va a soportar eso?. A día de hoy me sigo preguntando cómo fui capaz de aguantar el tiempo que estuve...

El caso de las residencias

El caso es que, si la situación estaba mal de base en un día a día normal, cuando llegó la pandemia y los residentes comenzaron a morir de forma masiva, la situación se volvió tan insostenible que se vieron obligados a improvisar una nueva Unidad de Apoyo a Residencias. Todo se hizo cogido con pinzas, y gracias a los pocos profesionales que se ofrecieron voluntarios en aquel momento para embarcarse en la mayor locura de sus vidas. Pero allí aguantaron, contra viento y marea y contra todo pronóstico, realizando una labor encomiable, salvando literalmente vidas y dando un poco de esperanza a todos aquellos ancianos que se habían quedado más desamparados que nunca. Así, hasta el injusto 31 de marzo.

Y digo injusto porque, incluso habiendo salido yo beneficiada con todos estos cambios, la situación jamás debería haber sido así. Lo único aceptable es que hayan retomado la oferta de contratos por orden de puntuación en bolsa. Pero que hayan decidido reestructurar todo y quitar de su puesto a personas que llevaban en él dos años con un "Contrato Covid" y que tenían puntuación más que de sobra para quedarse ahí, no hay por dónde cogerlo. O peor aún, que hayan vuelto a recortar puestos que se habían creado como refuerzo para muchos servicios durante la pandemia y que, a día de hoy, siguen siendo no solo necesarios, sino imprescindibles. Es un sinsentido todo. Cualquier persona con la que lo hables, sea sanitario o ciudadano, coincidirán con la misma opinión pésima sobre todo lo que está ocurriendo. Ya no hablo de un agradecimiento a la forma en la que muchos sanitarios se han roto un poco por dentro tras haberse enfrentado a estos dos últimos años, sino de una necesidad humana. Así que, si no hay dinero para esto ¿para qué lo hay?.

A dónde he ido a parar

Dejada esta reflexión en el aire, solo me queda explicar dónde he ido a parar yo dentro de todo este maremoto.

Pasé la segunda mitad del mes de marzo pensando que el día 1 de abril comenzaría a trabajar en Consultas Externas del Hospital de Getafe, lo cual me tenía muy ilusionada porque vivo al lado y el contrato que me habían ofrecido de refuerzo por fin era algo estable. Pero como la gestión enfermera es así de caprichosa, el día 31 de marzo a las 14:30 recibí una llamada en la que me ofrecían un puesto interino en una de las Unidades de Apoyo a Residencias que he mencionado unas líneas más arriba. El shock fue tremendo, porque tuve que tomar una decisión en minutos: renunciar a ultimísima hora al contrato en Getafe, con el pesar que me generaba tener que dejarlos tirados a unas horas de comenzar a trabajar con ellos, y aceptar un puesto en una unidad que ni siquiera sabían explicarme en qué consistía.

Así que, tras reflexionarlo rápidamente, y por el mismo motivo por el que he decidido escribir esta especie de diario, acepté el puesto interino en la UAR.

Creo que esto va a marcar un antes y un después para las Residencias de Ancianos de la CAM, y tengo muchas ganas de formar parte de ello y de poder compartirlo con el resto del mundo.