Juan Pablo Núñez

Punto de vista

¿Tienen los médicos que formamos el perfil que necesitamos?

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Punto de vista

 Pensando en los nuevos aspirantes al estudio de la Medicina, el autor ofrece una serie de consideraciones sobre las condiciones para el ingreso en la facultad, que no siempre deben coincidir con que hayan sido los mejores estudiantes en la etapa previa.

image__caballo_universidad_complutense_50497Como cada verano, los alumnos que han superado la selectividad se enfrentan al dilema de tener que elegir sus estudios universitarios. No es una cuestión baladí. Esa decisión, que toman cumplidos los 17 ó 18 años, condicionará todo su futuro.Desde hace bastante tiempo, siempre se repite la misma historia, los de expedientes académicos más brillantes, en un alto porcentaje, optan por Medicina.

Lo anterior, en principio, está muy bien: los más inteligentes, al servicio de la salud de la ciudadanía… ¡la salud es lo que importa!Pero, sucede que nadie ha demostrado que vaya a ser, por fuerza, mejor médico el más talentoso. Precisamente porque, para ser buen médico, no basta con esa importante competencia. Evidentemente, tampoco se trata de elegir a los más torpes; pero la sociedad se equivoca si espera un automatismo matemático entre la capacidad demostrada en el bachillerato y la del futuro galeno.

 
Arte, ciencia y tecnología
Creo que para el ingreso en cualquier facultad de medicina.., el aspirante debería demostrar una auténtica y veraz identificación con las actitudes y los valores inherentes al ejercicio de esta profesión.
Para ser un buen médico, se precisan muchas otras actitudes y capacidades, además de ser más o menos listo. La Medicina está poderosamente auxiliada por la tecnología. Y, sin embargo, lo nuestro no es sólo técnica, como tampoco fue nunca exclusivamente ciencia. Estamos ante una nueva trilogía: arte, ciencia y tecnología.

Tal vez, el mejor equipado intelectualmente será capaz de asimilar y comprender la ciencia, simultaneándolo con el dominio de la tecnología, pero ¿disponemos, a priori, de alguna garantía respecto a su adecuado manejo del “arte”?

En el ámbito de la salud, el arte es el conjunto de todas esas actitudes que, como reflejo de unos intangibles valores, conforman la vocación: cuidado, cercanía, cordialidad, respeto, entrega, solidaridad, altruismo, empatía, interés, compasión, seriedad, rigor, etc.

¿Quien nos asegura que el alumno más brillante durante la enseñanza media vaya a serlo después, en la enseñanza superior y, además, cuando acabe sus estudios, se comportará como el médico más humano?

¿Cuántos de ellos actuarán como “médicos libélula”, aquellos que constantemente planean, sin llegar nunca a posarse, por su desinterés por los pacientes o por sus dificultades de comunicación con ellos?

¿Cuántos serán altaneros, distantes, vanidosos, no autocríticos o soberbios?

¿Sabrán soportar las incertidumbres propias de esta actividad profesional?

¿Cuántos padecerán el “síndrome del impermeable blanco”, cuando todo te resbala, excepto el propio reconocimiento, prestigio o enriquecimiento?

¿Se identificarán con el Sistema Nacional de Salud, actuando como gestores eficientes de los recursos públicos? ¿Practicarán una medicina defensiva?

… Siendo los citados una minoría: ¡haberlos, los hay!
Condiciones de ingreso
Creo que para el ingreso en cualquier facultad de medicina, además de agudeza mental, acopio de conocimientos y un buen nivel de abstracción, el aspirante debería demostrar, mediante la cumplimentación de un adecuado y bien diseñado test psicológico, una auténtica y veraz identificación con las actitudes y los valores inherentes al ejercicio de esta profesión. Recuerdo que, hace ya más de 40 años, a los que pretendíamos realizar el servicio militar (entonces obligatorio) por el sistema de las “milicias universitarias”, se nos realizaba un test que buscaba detectar el “espíritu militar” del aspirante. Mucho habrá evolucionado la Psicología desde entonces. ¿Estaría indicado un test similar, en el caso que nos ocupa? Añadiendo esto a la evaluación, ¿perdería objetividad y justicia la selección de los aspirantes? Sin saberlo con certeza, intuyo que así se hace en otros lugares, fuera de nuestras fronteras.

¿Cuántos magníficos ingenieros, arquitectos, historiadores, geólogos, físicos, jueces o biólogos, se perderán, a causa del erróneo mimetismo del que son víctimas los propios estudiantes, y que tácitamente determina que los mejores han de ir a Medicina?

Para finalizar esta reflexión, me tomo la licencia de aportar otra indicación: ¡Ningún médico sin saber inglés!

Nos guste o no, las cosas son como son, ese idioma es el de la ciencia y lo va a seguir siendo durante mucho tiempo. Ya es difícil asistir a un congreso médico y que traduzcan al ponente, si se expresa en esa lengua. … Aún más imprescindible será, cuando las actuales promociones de entrada obtengan sus títulos de grado y empiecen a formarse en las distintas especialidades, a consultar literatura científica, a realizar estancias fuera de España y a participar en reuniones con facultativos de otros países.