Juan Pablo Núñez

Punto de vista

¿Técnicos o simpáticos? A propósito del cambio de ministro de Sanidad

Guardar

Apuntes de un boticario

“Habemus” nuevo ministro de Sanidad, el llamado Alfonso Alonso cuyo nombre es un puro pleonasmo. Sustituye a la ya exministra Mato cuyo nombre, también chocante, es una pura contradicción. No se debe llamar “mato” a una dirigente en asuntos de salud. Decían del escritor Pedro Mata, médico él, que tras una discusión con un vecino, también literato, éste distribuyó unas octavillas entre los habitantes del barrio en las que figuraba un epigrama que decía: “Hay en esta vecindad/cierto médico poeta,/ que al final de la receta/pone MATA,/ y es verdad”

Puesta la lupa sobre los diecinueve ministros de sanidad que han sido elegidos desde que se creó este Ministerio, la mayoría son políticos cuyas respectivas profesiones nada tienen que ver con la sanidad. Los que están a favor de esta, en principio, incongruencia alegan que la sanidad es algo que atañe más a la economía y a la gestión que a lo puramente sanitario.

Dicen del señor Alonso que es un Ministro muy social, cualidad que demostró en su toma de posesión donde no entró, con buen juicio, en temas candentes que están quemando la mesa de su ministerio. Por el contrario, sí dijo que su idea es potenciar la comunicación de las acciones que realice el departamento que ahora dirige. Es aquí donde el que hasta la fecha ha sido la voz del Grupo Popular en el Congreso se ve fuerte.
Dicen del señor Alonso que es un Ministro muy social, cualidad que demostró en su toma de posesión donde no entró, con buen juicio, en temas candentes que están quemando la mesa de su ministerio.
A modo de ejemplo
Es el momento de recordar una injustamente olvidada obra de teatro escrita por don Ignacio Luca de Tena a mayor gloria del, aún activo, actor Arturo Fernández que se titula: “¿Quién soy yo?”. El nudo del libreto se basa en un protagonista, a la sazón Ministro de Economía, cuya idiosincrasia está marcada por el desdén hacia la vida pública y su pasión por la labor eficiente y oscura de despacho. Instigado por sus más próximos colaboradores para que su figura sea más “social”, le instan a asistir, como hacía y hace la mayoría de sus homólogos, a reuniones, congresos y en general apariciones públicas con más asiduidad, abandonando, por tanto, su labor de opaco pero eficaz funcionario. En ese contexto aparece en su vida, tras unas gestiones divertidísimas, un tal Brandell. Este personaje es un sosia perfecto del aludido ministro al que convence, dado su parecido físico, para sustituirlo en sus apariciones públicas ya que se trata, él mismo lo expresa, de un “simpático profesional”. El “pacto” se cierra y obvio es decir, aunque lo puedan encontrar en Wikipedia, que no voy a desvelar el desenlace de tan magnifica comedia que tuvo una segunda parte, escrita ya “a fortiori”, por el eximio Luca de Tena..

Las permutas ministeriales, tan frecuentes, llevan implícitos cambios en todo un equipo que, basado en la confianza, elige a dedo el nuevo ministro. Véase el cambio de Pilar Farjas por Rubén Moreno Esto no es bueno porque hasta que el recién nombrado tome conciencia de lo que se le avecina, al igual que sus colaboradores, se produce un vacío de poder nada recomendable para, especialmente, la Sanidad que atraviesa momentos críticos y que no admite demoras.
Problemas de los cambios
Es lo dicho por el señor Alonso, en su toma de posesión, dando prioridad a una orientación social al Gobierno y matizando que él no es un técnico y que su intención es confiar en la gente de su ministerio y concretamente de los que aporte como equipo de confianza. En lo que me atañe, por afinidad profesional, que es el tema farmacéutico, se ha dado el caso de que el anterior Presidente del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, predecesor de la actual Presidenta Carmen Peña, a la sazón, Pedro Capilla, llegó a conocer, como mandatario del CGCOF, más de una decena de Ministros del ramo.

Esta controversia sistemática, y me refiero en este caso a nuestros Presidentes colegiales, podría ser objeto de un largo debate. ¿Es bueno que el que rige un organismo se “eternice” en el cargo o que, por el contrario, los mandatos sean los más cortos posibles con normas (ya las hay) para que un Presidente colegial no pueda estar más de dos mandatos seguidos al frente de un colegio?.

Pues mire usted: ¡depende!. ¿Y de qué?. Sencillamente de la bondad de la gestión en la que juega un papel fundamental la veteranía que conlleva entre otras cosas conocer los toros, dicho en el mejor sentido, con los que se lidia.

Cuando ocurre un caso como el actual del señor Alonso, todos los estamentos sanitarios representativos de sus asociados envían comunicados personales y públicos en los que se resalta la buena disposición para el diálogo con la que se ofrecen al nuevo mandatario. Esto queda muy bien para la galería, pero a efectos prácticos el trato y conocimiento personal y humano juega un factor, para bien o para mal, muy importante en las negociaciones.
La permanencia política en un cargo, obviamente bien gestionada a pesar de los lógicos fallos humanos, hace que las conversaciones tan frecuentes como necesarias no tengan que partir de cero
No se trata, como criticaba en una pasada colaboración mía, de “descastar” a las personas de sus cargos para que no se “fidelicen” con sus interlocutores; por el contrario, la permanencia política en un cargo, obviamente bien gestionada a pesar de los lógicos fallos humanos, hace que las conversaciones tan frecuentes como necesarias no tengan que partir de cero sino que los que se sienten a la mesa de negociación sepan ya de antemano de qué pie cojean los antagonistas.
Despersonalización social
Mi botica de siempre, mi médico de cabecera de toda la vida y la “fiel servidora” que aparece en las esquelas de los centenarios fallecidos son figuras que han tendido a desaparecer demostrando con ello la indefensión en la que en esta época tan despersonalizada vivimos.

Y conste que, volviendo a la política, hablamos de un ministerio, el de sanidad, que no permite demoras ni espacios vacíos. Estamos hablando de salud que es algo que no espera como puede ser la construcción de un puente o la regulación del PIB. Por ello, y me mojo, abogo por una continuidad coherente con una gestión honrada y democrática donde su pueda interpelar actitudes puntuales mal llevadas que, en todo caso, nos permiten plantear la dimisión del dirigente.

Yo pertenezco a un Colegio farmacéutico en el que su Presidente ha renovado recientemente su tercer mandato y con sus luces y sus sombras me encuentro bien representado.

Otra cosa es que a su diestra gestión le estén cambiando constantemente de ganadería. ¡Y que conste que yo no “Mato” por nadie!.