Isabel Vázquez

Tribuna de opinión

Recuperar el tiempo necesario para la consulta médica

Médico de Familia, C.S. Numancia (DASE). Presidenta del sector AMYTS de Atención Primaria

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Médicos. Recuperar el tiempo necesario para la consulta médica
Médicos. Recuperar el tiempo necesario para la consulta médica

Elegía por el tiempo, cada vez más necesario pero más escaso, en la consulta del médico de Atención Primaria

"Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el tiempo en que se pudo" 

Marie von Ebner-Eschenbach (1830-1916) Novelista austríaca.

Podría ser un día cualquiera, pero pongamos un lunes después de un largo puente. Vas preparada para lo peor, porque la semana previa ya fue agotadora, pero piensas que, una vez más, podrás con la consulta, aunque cada vez te cuesta más. Te arrepientes de haber mirado el whatsapp, porque te habrías ahorrado un buen rato de enfado y desesperación si hubieras esperado a llegar al centro de salud para enterarte de la ausencia imprevista de una compañera. Así que sí, como dicen en la unidad administrativa, se vienen repartos (más repartos, aclaras en tu cabeza).

Todo colocado en la mesa, ordenador encendido, y sale la hoja con la agenda del día. Bueno, la hoja no, las hojas, porque ya hay dos abarrotadas y una tercera empezada. No quieres ni contar los citados. Entrenada por la costumbre de lo reiterado, haces un repaso inicial por la lista de pacientes, vas distinguiendo a los tuyos, que empiezan a ser los menos, y fijándote especialmente en los que son 'no demorables' o urgentes.

¿Motivos de consulta? Mucha receta electrónica, otros necesitan bajas (ya se sabe, los lunes), traen informes... En fin, lo habitual. Poco margen para pararse con los pacientes crónicos y poder actualizar un poco sus historias. Sobre todo, sabiendo que, a lo largo de la mañana, se citarán más. Y, encima, peticiones de la residencia, que vale que es burocracia, pero ocupa un tiempo que es muy necesario para otras cosas.

Así que, augurando turno alargado muy cansado, comienzas a ver pacientes. Solo quienes comparten profesión saben realmente hasta qué punto gestionar una agenda tan cargada es un arte (agotador), casi cercano a la magia. A primera hora, simplemente parece increíble poder llegar hasta el final sin haber cometido algún error (un miedo que no termina cuando acabas la consulta, sino que te acompaña cuando te vas, cuando estás en tus momentos cotidianos; cuando intentas descansar por la noche y el recuerdo de un paciente o una receta o una prueba diagnóstica se enciende en alguna parte de tu cerebro impidiéndote el descanso) o sin claudicar en algún momento, levantarte, salir, dar un portazo y marcharte porque hasta ahí has llegado y ya, de verdad, has alcanzado el punto que tantas veces has anunciado, que no puedes más.

No poder mirar al paciente

Pero ahí estás, arañando segundos a consultas burocráticas, renovaciones de recetas, escuchando mientras registras, a pesar de que odias no poder mirar al paciente mientras escribes. Suena el teléfono, y es un aviso a domicilio para valorar. Lo que faltaba. Bueno, ya sabes que llegarás a casa bastante más tarde de lo que te gustaría.

Ya casi has terminado la primera hoja de citas y, de nuevo, otro aviso domiciliario, y a este hay que ir antes que al otro, porque parece más importante. No ayudan, desde luego, las continuas interrupciones del teléfono, necesarias, pero te rompen el ritmo y la concentración.

Ya se nota el cansancio, pero aún queda. La tercera hoja ya está algo más ocupada (las imprimes porque, vistas en papel, eres más consciente de la cantidad de citas que tienes y de las que faltan por atender; también te anima ir tachando lo ya resuelto). Y entra una paciente más. Inicialmente, unos resultados de unos análisis. Todo bien. Es una chica joven, sana, sin antecedentes, era de esperar que no hubiera anomalías. Aún no se va, pide que le pongas paracetamol en la receta, "por si alguna vez me duele algo". Y, entonces, tu experiencia, tu saber, tu ojo clínico, sea lo que sea eso, tu conocimiento de los pacientes, te avisa de que puede que haya algo más.

Ese instante es el que va a marcar la diferencia. Ese momento, en el que rápidamente sopesas la posibilidad de cerrar la intervención porque quedan muchos pacientes y avisos que atender, porque la paciente no está expresando su demanda, porque quizá otro día la puedas atender mejor… De nada sirve esa línea de pensamiento, porque sabes, desde el principio, que sí vas a intentar explorar qué es lo que ocurre y, por eso, le preguntas si quiere compartir contigo alguna preocupación, que escuchas y que estás allí para ayudar. La expresión de tu paciente cambia y, entonces, aflora el verdadero motivo porque el que te pidió un análisis, una especie de estrategia como para tomar carrerrilla y preparar el espacio y el momento de hacer una consulta que va a llevar un tiempo que sabes que no puedes permitirte si miras las hojas impresas de la agenda; que la gestión del tiempo, que más o menos ibas controlando, ha quedado a disposición de la necesidad de tu paciente, porque ella no debe ni merece salir de allí sin contar o consultar lo que quiera que sea que le produce angustia y sufrimiento.

Manejando 'mágicamente' el tiempo

En ese instante en el que preguntas, el tiempo deja de ser el mismo tiempo. Quizá siga igual para los demás, para los que se impacientan en la sala de espera porque la chica que ha entrado está tardando mucho y ellos tienen prisa. Pero no para ti, ni para ella. El tiempo se para, se enlentece y se consume a otro ritmo, empleándolo en una intervención que alivie, ayude, diagnostique, trate y oriente el problema de una paciente cuando hay que hacerlo. Da igual el motivo de consulta que hubiera detrás. Había que acometerlo, y esto es algo que los médicos de Atención Primaria hacemos todos los días, manejando 'mágicamente' el tiempo; pero una magia que nos consume y nos desgasta profundamente. Todos los pacientes de una agenda serán vistos, pero a costa de un enorme esfuerzo psicológico y físico día tras día. Y tú sabes que cuando otro paciente que entre lo necesite, volverás a hacer juegos malabares.

El valor del TIEMPO: es por el tiempo por lo que los médicos hemos convocado una huelga. Tiempo para poder atender al paciente, escuchar, explorar, pensar qué alternativas son las indicadas en cada caso, derivar correctamente si procede, pedir pruebas, hacer una intervención del tipo que sea necesaria en cada caso. No queremos ser magos. Somos médicos. Buenos médicos con malas condiciones de trabajo. Cada vez que la Consejería deja de cubrir una vacante de médico de Familia o de pediatra, nos quita ese tiempo que necesitamos.

Por dinero, NO. No es una subida de sueldo lo que queremos, sino que exigimos el  cumplimiento de unos apartados presupuestarios a los que la Consejería se comprometió y en ningún momento ha llevado a cabo, en una falta de respeto hacia sus profesionales. Y reclamamos que se establezcan unas condiciones laborales competitivas respecto a otras comunidades autónomas o países del resto de Europa, que atraigan a los residentes que terminan y les inviten a quedarse a cuidar a los madrileños.

Esta huelga es POR LOS PACIENTES, para que podamos atenderlos, y para que los cientos de miles de madrileños que hace meses ya no tienen un médico de Familia o un pediatra que les conozca puedan volver a tener un profesional de referencia. La hacemos por ellos. Y esperábamos que nuestros gestores de lo público reflexionaran y recordaran que ellos trabajan para y por los ciudadanos. Ojalá que ese momento llegue para que se pueda hacer lo que se debe, y no lamentarse en un futuro por lo que podría haber sido.

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