Guardar

Apuntes de un boticario

Los movimientos antitabaco llevan al autor a refugiarse en uno de los eslóganes que se multiplicaron en los años 60 a fin de conjugar la libertad con los efectos nocivos del tabaco, al tiempo que, como suele insistir en sus escritos, vuelve la mirada hacia el farmacéutico de mostrador como mediador en los procesos de cumplimientos terapéuticos.Siendo un chaval contemplé una escena que no me sustraigo en relatar y a la que, con el paso del tiempo, considero un admirable canto a la libertad, sin necesidad de posturas históricamente heroicas, que al no ser mi especialidad las dejo para Don Arturo Pérez Reverte.Y escrito lo cual voy al turrón.El escenario es la plaza de un pueblo durante la precoz madrugada de un caluroso día de Agosto mientras agonizaba la década de los sesenta del pasado siglo.Sentado con dos amigos en la “serviguera” (1) de la puerta de la parroquia observé cómo por nuestra izquierda se acercaba la figura bamboleante de un personaje de dicho pueblo. Se trataba de Reyitos (diminutivo de su nombre, Reyes, al haber nacido el 6 de Enero), excelente carpintero que de no ser por su vida bohemia, rematada en un alcoholismo que acabó con él, hubiese sido un exquisito artesano de la madera, rayano en artista. Venía cantando con buena entonación, y de forma estruendosa, un viejo tango con tal éxtasis, entre lírico y etílico, que le impedía barruntar la emboscada imprevista en la que se metía.A nuestra derecha se encontraban, liando un cigarrillo, dos guardias municipales, uno de los cuales, apodado “el Serenillo”, era temido en todo el pueblo por su especial mala leche. Como si se tratase de una película del “far-west”, beodo y autoridad, ésta más pronto que aquella, tomaron conciencia de lo que se avecinaba.Cuando la distancia, advertidas ambas partes, se fue reduciendo surgió el siguiente diálogo:

“¿Adónde vas con esa borrachera?”, pregunta el citado “Serenillo”, llevándose la mano hacia la porra de goma.“A la taberna de mi amigo Luis”, responde con voz trapajosa Reyitos.“A tomar la espuela, ¿no?. Como si no tuvieras bastante”“Y también a echar un cigarrito”-“Pues ya mismo estás dando la vuelta. Te vas a tu casa y te acuestas”-“No señor. Voy a tomarme una copita”

A estas alturas de la conversación las figuras de municipal y borracho se habían aproximado tanto que el autoritario guardia tenía cogido del brazo a Reyitos y con la porra en la otra mano lo había girado en dirección a su casa al tiempo que le gritaba:

“Te he dicho, y no te lo repito ni una vez más, que ya mismo estás en tu casa y que te acuestes y que te duermas”, mientra le daba un empujón que hizo trastabillar el enclenque cuerpo del carpintero.

Este, una vez restablecido dificultosamente el equilibrio, reculó un tanto asustado pues no quería recibir un porrazo, nunca mejor dicho, ni dormir en el cuartelillo.Desde una distancia prudencial contestó, en un gesto de rebeldía que entonces no comprendí, lo siguiente:

“¡Me voy a mi casa y me acuesto, porque usted lo manda, pero no me duermo porque no me sale de los huevos!”

Este grito, como apología de la libertad, no lo mejora ni la figura de la famosa estatua neoyorkina.
A vueltas con el tabaco
Todo lo relatado hasta ahora viene a cuento tras haber leído en 'Acta Sanitaria' lo siguiente:

“La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC) ha informado, en la presentación de la Semana Sin Humo, que uno de cada dos ciudadanos son partidarios de prohibir el consumo de tabaco en el interior de los vehículos de uso particular. Una ocasión en la que también se advirtió a la población que uno de cada dos fumadores morirá en España por enfermedades, tanto tumorales como respiratorias, derivadas de su hábito tabáquico. De forma que se calcula que cada año fallecen en el país 52.000 personas, por culpa de este tóxico. El doctor César Minué destacó el lema que tiene este año la iniciativa, “Menos cajetilla y más zapatilla”, para convencer a los fumadores de que el ejercicio físico es un buen aliado de todo el que quiera dejar de fumar".

No crean que el que esto escribe fuma actualmente. Sí, fumé pero no me he convertido en un fundamentalista anti tabaco como es usual en los exfumadores que, quizás porque aún recuerdan a su antigua amada, le aconsejan a su nueva pareja que, como en el viejo bolero, tenga cuidado con ella pues le puede hacer daño.Es difícil, aun acudiendo a la tópica frase de: “tu libertad empieza donde termina la mía”, defender esta intromisión en la “propiedad privada”, cual es un vehículo particular, aunque sea de un peligroso fumador. Es tan absurdo como obvio que el propietario, ante un veto radical del copiloto invitado, diga: “Pues ya se está usted bajando de mi coche”.Escenas como las que se ven a las puertas de los grandes edificios destinados a oficinas petadas de fumadores que aún en pleno invierno están más proclives a una pulmonía que a otra cosa, son el pan nuestro de cada día en las grandes urbes,No digamos la mirada de desprecio entre compasiva y recriminatoria que el redimido exfumador deposita sobre el cogote del vicioso que va dejando una estela de humo, entre calada y calada, al cruzarse con el censor.Lo dicho: ni calvo ni con dos pelucas, que diría Marisa. Busquemos el utópico término medio.
Programas de farmacia
Por todo ello, y como es habitual en mí, entro en el terreno de mis compañeros, boticarios de mostrador, que tienen mucho que decir en este tema pues no es tan sólo la tópica referencia a su cercanía y accesibilidad sino que Colegios de Farmacéuticos como, en este caso, el de Sevilla tienen programas con campañas antitabáquicas en plena gestión y funcionamiento.No obstante, amén de lo dicho, el farmacéutico en estos tiempos de tribulaciones económicas, aun pasada la crisis según expertos, lleva sobre sus espaldas la labor, aún no retribuida económicamente, del seguimiento farmacológico de sus usuarios. La llamada adherencia.La falta de adherencia sigue siendo un problema de salud pública y también económico. Según fuentes autorizadas, las enfermedades que conlleva el tabaquismo suponen un coste de 11.250 millones anuales. A estos costes hay que añadir además los clínicos, porque los pacientes con mala adherencia presentan un índice de mortalidad de hasta 13 veces más que los adherentes. Acuden más a urgencias y a primaria y consumen más recursos.Al hilo de ello escribe el doctor en Farmacia Manuel Machuca González, pionero de la Atención Farmacéutica en España: “Hoy día se sabe que ese pilar básico del derecho a la salud llamado 'medicamento' tiene grandes fallos porque únicamente cuatro de diez alcanzan el efecto deseado en el paciente porque en España el incumplimiento farmacológico mata siete veces más que los accidentes de tráfico”.
... y la adherencia terapéutica
Visto lo cual creo indiscutible el papel protagonista del boticario, más allá de la simple dispensación, en el tema de la adherencia. Pero, retomando la cuestión que encabeza estos “Apuntes”, me pregunto: “¿en qué medida?”. ¿Se aplica la coerción vs libertad, diciéndole enérgicamente a Carmela que ha de bajar peso, que el chocolate está prohibido para ella y que no deje el tratamiento de la diabetes II ni el estricto régimen alimenticio que se le ha puesto?.Suponiendo que el boticario de mostrador dispusiese también, en estrecha colaboración con el médico, de la historia clínica de sus pacientes, ¿sería una seria intromisión advertir e incluso amonestar no sólo a Carmela sino a Julito su hijo que es además insulinodependiente, y retira su medicación de higos a brevas, administrándosela sin ningún rigor.?.Este joven treintañero al que “su boticario de cabecera” ha visto nacer y del que, precisamente por ello, sabe que trabaja de “broker” en una importante multinacional y que, sin que ello lo exculpe, fuma, bebe y come de forma desordenada, ¿debe ser llamado a capítulo?.Veamos qué podría pasar:

-“Julio, ¿cuánto tiempo llevas sin venir por tu medicación”-“Es que hay más farmacias que la tuya y además por suerte, y ya lo sabes, yo puedo pagármela sin tener que hacer cola en el Seguro”-“Lo sé y no te puedas imaginar lo que me alegra oírtelo, pero tengo aquí desde hace más de un mes el “boli” que te pedí para que te sea más fácil controlar lo tuyo…”-“No te preocupes que yo controlo”-“No lo veo yo así, pues cada día estás más gordo. Debes seguir el plan que te puso Cristina…”-¿“Ese plan con el que se pasa más hambre que los concursantes de “Supervivientes”?-“Sí, porque para rebajar peso hay que pasar algo de hambre”-“Pues te voy a decir lo que le dijo el viejo cantaor a un señorito que lo trataba de esmayao, en una juerga, cuando le ofreció mil duros por un fandango…”-“¿Qué le dijo?”-“¿Sabe usted una cosa?. ¡Que en mi hambre mando yo!”

Prohibido prohibir. Pero, ¿también en el ámbito de la salud?. Lo dejo al buen juicio de los que tengan a bien leerme.(1); Serviguera Dícese del umbral de piedra o de mármol que hay en las puertas que dan a una calle. (Vocabulario andaluz de Antonio Alcalá Venceslada)