Juan Pablo Núñez

Punto de vista

Plan institucional de Humanización Sanitaria

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Punto de vista

Conocida la pretensión de la Consejería de Sanidad de Madrid de humanizar la asistencia sanitaria, el autor se decanta a favor del proyecto como complemento de la normativa existente sobre autonomía del paciente.

Humanizar es “hacer humano, familiar y afable a alguien o algo” y, en segunda acepción: “ablandarse, desenojarse, hacerse benigno” (RAE).

Acercándome, tangencialmente, a la polémica sobre la pretensión del consejero Sánchez Martos de potenciar la “humanización” en el Servicio Madrileño de Salud (SERMAS), estimo oportuno aportar alguna reflexión, por si resulta de utilidad.

Si nos centramos, exclusivamente, en la literalidad del término humanizar, está muy claro que sólo puede ser humanizado lo que antes no lo era, por lo que estaríamos ante un insulto a la totalidad de los agentes que, hasta ahora, han venido velando por la salud de los madrileños…. Pero, asumiendo como diáfanamente claro que no se trata de eso y, siendo el lenguaje algo vivo, cuya finalidad básica es la vehiculización de abstracciones conceptuales, hay que irse a la terminología empleada por la Real Academia: humano, familiar, afable, ablandarse, desenojarse, hacerse benigno. Me consta que exclusivamente ése, y no otro, es su objetivo, independientemente de que el momento, la estrategia y el mensaje sean, o no, los más acertados, dados los acuciantes problemas, a los que ha de enfrentarse sin distracción ni dilación.
Cuidar e intentar curar
Tras la aprobación e implantación de la Ley de Autonomía del Paciente, norma que otorgó carta de naturaleza a la bioética en los hospitales y centros de salud de nuestro país..., loable ha de ser el intento de reforzar el espíritu de ese texto legal, mediante un “plan de humanización”
Según lo veo, y dispongo de motivos ciertos para asegurar que mi “visión” es compartida por él: pretende impulsar la humanización, convencido de que humanizar es cuidar, además de intentar curar, valerse del conocimiento, administrándolo desde el acercamiento, usar la razón sin olvidar la emoción, atender con calidad y con calidez. Además de eso, es utilizar la evidencia, impregnándola de conciencia, y rentabilizar el saber, aderezándolo con sabor. Humanizar es buscar la solución, matizándola con compasión, y dar servicio con destreza, simultaneándola con entrega. Es atender bien para conseguir entender mejor, y utilizar el acreditado talento, sin descuidar el buen talante. Es usar nuestras reconocidas aptitudes, sin abandonar las amables actitudes… En definitiva, lo de siempre: estar a la esencial dualidad de la Medicina, arte y ciencia, lo que viene a ser lo mismo que “trato y tratamiento”.

Tras la aprobación e implantación de la Ley de Autonomía del Paciente, norma que otorgó carta de naturaleza a la bioética en los hospitales y centros de salud de nuestro país, elevando a derechos los principios éticos (beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia), así como muchos de nuestros grandes valores sociales (libertad, dignidad, responsabilidad, solidaridad, universalidad, equidad, etc.), loable ha de ser el intento de reforzar el espíritu de ese texto legal, mediante un “plan de humanización”, cuya pretensión es el logro de mayor mentalización y auténtico convencimiento, de todos los profesionales, acerca de que lo nuestro es un servicio que se fundamenta en una relación de ayuda, puesto que la enfermedad siempre es una pérdida.

Con la anterior argumentación, defiendo el empeño del consejero, convencido de su altruista motivación, que no deja de ser políticamente criticable, en lo concerniente a su prioridad y oportunidad, como lo es cualquier otra actuación.

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