Juan Pablo Núñez

Punto de vista

Nueva ministra y mismos retos.

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Punto de vista

El nombramiento de nueva ministra de Sanidad lleva a nuestro colaborador a esbozar algunos apuntes de lo que debe esperarse de ella, especialmente a la vista de la situación más que analizada en que se encuentra el Sistema Nacional de Salud (SNS), la auténtica joya de la corona.

La nueva Ministra de Sanidad es Dolors Monserrat Monserrat. Justo y pertinente es desearle acierto y éxito, en la complicada tarea que se le encomienda. Por su trayectoria profesional, no parece muy versada en la temática y la problemática sanitarias. Esto, que en principio es negativo, puede suplirse con interés, inteligencia, capacidad de trabajo y formación de un buen equipo.

La medicina pública española es la auténtica joya de la corona. A pesar de sus amplios márgenes de mejora, todos podemos sentirnos orgullosos de sus logros. Pero sobre el Sistema Nacional de Salud (SNS) existen importantes incertidumbres que amenazan, no sólo su evolución, también su mantenimiento.Nuestra Sanidad se fundamenta en una serie de consolidados valores: altruismo, solidaridad, universalidad, equidad y “gratuidad”. Evidentemente no es gratis, de ahí el entrecomillado. No, porque la pagamos a través de cotizaciones y tributos…, pero sí que lo es cuando recibimos asistencia médica, tenga ésta el precio que tenga y sea más o menos compleja o sofisticada.

Nuestro sistema de salud es valorado por los extranjeros y muy admirado por quienes de ellos lo utilizan.
La SOStenibilidad como problema
El SNS ha llegado a ser víctima de su propio éxito. Tanta confianza transmite y tanta expectativa genera que, con harta frecuencia, olvidamos que la enfermedad y el deterioro son parte de la vida, y que ésta es limitada.
El problema radica en la sostenibilidad (SOStenibilidad): la actual medicina científico-tecnológica es cada vez más cara, la formación de los profesionales es muy larga y nunca se acaba de completar, la ciudadanía es más culta y, por ello, más exigente, la población va envejeciendo y surge una mayor demanda de atención, las expectativas de mejoría y curación son muy amplias, lo que provoca que el umbral de la frustración se eleve mucho. Somos un país de acogida (turismo/inmigración) y a todos los atendemos. Además, nos hemos dotado de 17 sistemas sanitarios, no tan homologados como sería deseable.

La nuestra es una sociedad occidental y, en consecuencia, consumista. Consumimos salud como cualquier otro producto, bien o servicio. De modo que, frente a los citados grandes valores del SNS, la actitud colectiva es a veces frívola y muy demandante de seguridad y comodidad, por encima de todo. Pretendemos una atención integral, sin la ponderación y la reflexión previas, sobre la sensibilidad y vulnerabilidad del sistema sanitario. El SNS ha llegado a ser víctima de su propio éxito. Tanta confianza transmite y tanta expectativa genera que, con harta frecuencia, olvidamos que la enfermedad y el deterioro son parte de la vida, y que ésta es limitada.
Adecuar las actuaciones
Es obvio no esperar que la nueva ministra vaya a cambiar nuestros arraigados hábitos y comportamientos, por lo que será ella (con sus colaboradores) quien deberá analizar la situación y después, preservando las prestaciones y adaptándose a nuestra idiosincrasia, proyectar un futuro racional, equitativo, de calidad y mantenible.
Sólo una población culta y educada será capaz de otorgar un amplio reconocimiento al Sistema Público de Salud, utilizándolo adecuadamente y estimando su importancia.
Para ello necesitará valentía, objetividad, generosidad, templanza, iniciativa y, sobre todo, ausencia del nefasto populismo (ése que nos conducirá, si alguien como usted no lo evita, a una mala Beneficencia, en sustitución del actual SNS). Lo fácil será comprometerse a garantizarlo todo y a no tocar nada: gratuidad universal, falta de límites en las prestaciones, puestos fijos en el servicio público sanitario (funcionariado), la lacra del “café para todos” en el pago de los sueldos a médicos y enfermeras, así como la no demanda de auto-cuidado y auto-responsabilidad a los usuarios…. Pero insistir en esa alocada dinámica será disparatado.

Como nadie queremos pagar más impuestos, habrá que racionalizar el servicio para hacerlo más eficiente (igual de eficaz, con el menor gasto posible). Es tan imprescindible la introducción en escuelas, colegios, institutos y facultades universitarias, de la educación sanitaria, que resulta sospechosamente sorprendente su actual carencia: sólo una población culta y educada será capaz de otorgar un amplio reconocimiento al Sistema Público de Salud, utilizándolo adecuadamente y estimando su importancia.
Mucho por hacer
Señora Ministra de Sanidad: desde su juventud y preparación, le ruego que huya de la adulación, el conformismo y la autocomplacencia. Se va a encontrar con mucho ya hecho, pero tendrá que identificar rápidamente lo mucho que queda por hacer: potenciación de la atención primaria, mayor cobertura de la cronicidad y la terminalidad, ampliación de la medicina paliativa (para garantizar una muerte digna, asistida y acompañada), más medicina preventiva y rehabilitadora, más presencia de los agentes sanitarios en los domicilios de los enfermos, con menos hospitalización, y constante persecución de la seguridad de los pacientes.

Es tan prioritario pagar sueldos dignos a los profesionales (por supuesto, ligados siempre a objetivos y resultados) como incentivar su formación continuada, alta capacitación, docencia e investigación, asunción de responsabilidad, cumplimiento de obligaciones deontológicas, compromiso e interés por los pacientes, así como verdadera identificación con los principios éticos del servicio público sanitario.

Dispone, junto a otras muchas, de dos poderosas herramientas: el Consejo Interterritorial y el BOE. Utilícelas con firmeza, convencimiento, consenso, liderazgo y autoridad… que para eso es ministra del Gobierno de España.

En mi opinión, esto es lo que los españoles esperamos de su gestión.