Juan Pablo Núñez

Punto de vista

Nena, tú vales mucho o de la situación contradictoria de la farmacia

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Apuntes de un boticario

Si mal no recuerdo, ésta era la frase que empleaba el malogrado Fernando García Tola para presentar, en su programa de televisión, a la artista Carmen Maura. Y la evoco con frecuencia porque me suena a algo que nos llega diariamente a los oídos farmacéuticos desde distintos puntos de opinión: la administración, nuestros dirigentes farmacéuticos, las asociaciones de consumidores y un largo etc… Gentes de poderío que no paran de alabarnos.

Sus tesis las basan en argumentos que ya suenan a rancio: “Uno de cada tres usuarios de farmacias salen de éstas sin un medicamento pero con un consejo”, “182 millones (no es error) de consultas se producen anualmente en las farmacias que no son propiamente sanitarias”... Y como estos se podrían buscar en las hemerotecas halagos que nos saben a menta y limón. Muy bien. A nadie le amarga un dulce. Pero si una real hembra me dice guapo, ¿qué menos que me lo demuestre “en especie”?.

Cierto es que estas calificaciones tan positivas para nuestra clase farmacéutica son como las encuestas que encargan unilateralmente los grupos de comunicación. Sus publicaciones son las más leídas del mundo. Conclusión absoluta que sacan relativizando las múltiples respuestas a dicha encuesta. Si las siguen mucho los jóvenes, su editora es una empresa de futuro; si lo hacen los viejos es, su publicación, su emisora o su programa, el de contenidos más sabios y reflexivos de las que existen.

 
Esta es, excepcionalmente, una crítica constructiva pues, según una encuesta, el farmacéutico y su botica están siendo infrautilizados.
Hago este inciso porque en la última reunión convocada por SEFAC, y participada por Ratiopahrm, se ha revelado que tan sólo un 9% de la población considera la farmacia como un centro sanitario. La conclusión de esta Jornada es que nos vendemos mal y hay que potenciar la botica como centro no sólo de dispensación sino de consejo, seguimiento, y desarrollo de patologías. Esta es, excepcionalmente, una crítica constructiva pues, los encuestados, agregan que el farmacéutico y su botica están siendo infrautilizados.

Si llegamos al utópico término medio nos quedan menos de los 182 millones de consultas antes referidas que serían aún un número considerable que, aquí viene el problema, no sabríamos cómo atender. No se trata del importante y manido tema de “¿quién paga?” sino de “¿quién atiende?”.

El farmacéutico, hace ya tiempo, cuando dispensaba una cifra respetable de recetas, en el caso de hacerlo solo, terminaba exhausto pues tenía, mientras con la lanceta cortaba los cupones precintos de una forma automática, que ir ratificando para qué servía cada medicamento y apuntando, a bolígrafo, en cada envase las típicas letras: D/A/C o, si acaso: “Sólo noche”.

El trabajo agotador era gratificante porque el número de recetas era por el razonable PVP del medicamento una entrada dineraria que le satisfacía, haciéndole llegar a fin de mes con cierta holgura. Eran tiempos en los que a las recetas se las llamaba “cheques al portador”. Papelitos de un valor notable y cuya factura presentada en su momento oportuno era reintegrada religiosamente por la Administración a los treinta días.

Incluso un “taco de recetas”, aún no facturadas, era objeto susceptible para que una entidad bancaria nos diese un crédito con el que renovábamos, (¡por fin!, decía nuestra esposa), la deteriorada cocina de casa..
En estos momentos vivimos los farmacéuticos el punto de inflexión de la contradicción
El “time is money” inglés iba incluido en el paquete al que hemos hecho referencia. Esta bonanza hizo que el farmacéutico ampliase sus horizontes y con una visión optimista abriese su botica a otras actividades dignas de una polifarmacia: análisis de química seca, dietética, óptica no optométrica y parafarmacia que le dio posibilidad de contratar más personal que atendiese esta legítima ambición de prosperar.

En estos momentos vivimos el punto de inflexión de la contradicción. El valor pecuniario del “taco de recetas” es de un montante risible, las consultas han aumentado en una progresión geométrica, las ópticas, parafarmacias, herboristerías, y ortopedias han crecido como hongos y nosotros seguimos siendo “nenes que valemos mucho”.

Y los halagadores nos exigen que atendamos cada vez más en calidad y cantidad.

Y aquí viene lo que en tiempos de crisis se agudiza, que no es otra cosa que la enorme desigualdad dentro de una clase que hace muchos años, a nivel económico, era muy homogénea.

Si dicen que la mejor defensa es un buen ataque o que si “vis pacem para bellum”, en la actualidad sólo se lo pueden permitir las, aún más escasas, grandes farmacias. Estas, normalmente, enclavadas en lugares estratégicos de grandes capitales han podido utilizar los axiomas referidos más arriba y han contraatacado ampliando sus instalaciones y abriendo campos en lo que actualmente se llama ofertar una gran cartera de servicios. Y, en consecuencia, pueden contratar o seguir manteniendo una plantilla que atienda correctamente la demanda de atención farmacéutica.

Pero, ¿y las que no pueden?. Es el momento de recordar a las VEC que, como ya he escrito, no se ubican sólo en el medio rural sino en viejos barrios decadentes de grandes capitales. Estas han caído en una cruel espiral o círculo vicioso. No tienen capital ni posibilidades crediticias para ampliar instalaciones y servicios y, además, al no disponer de personal ya que escasamente las ganancias mensuales le llegan para mantener una familia, no pueden atender con la prontitud y el desahogo que una buena atención requiere. Por tanto su deseo de fidelizar (palabro muy actual) al paciente de siempre y captar a otros hipotéticos nuevos, se ve diluido como azucarillo en café caliente.

En esta cruel realidad no hay que olvidar a los farmacéuticos que en tiempos bonancibles adquirieron sus farmacias en base a créditos concedidos por entidades bancarias que, tras hacer un estudio prospectivo, le dieron toda clase de facilidades para que el recién licenciado accediese al sueño dorado de todo estudiante de Farmacia: ser propietario de una botica.

Antes, a la mayoría de farmacéuticos, no les pasaba el agua de las rodillas y una inmensa mayoría tenía la planta de los pies seca. Hoy a una mayoría le llega al cuello y, como dice un amigo, cachondo él: menos mal que es tan solo agua porque si fuese excremento mejor es que no se escriba de esto pues se puede alterar el personal y formar olas.