Juan Pablo Núñez

Punto de vista

La Universidad, a pie de obra

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Apuntes de un boticario

Si las tesis doctorales que se leen diariamente en las múltiples Universidades españolas fuesen pragmáticas, me atrevería a decir que seríamos de los primeros en cuanto a la investigación mundial. Otra cosa es cumplir con el expediente y que a todos nos guste tener enmarcado, en nuestro despacho, el papelito que nos acredita como doctor en la materia que cursamos en nuestras respectivas facultades.

Tesis que se titulen: “Importancia del signo (+) en el radical amonio”, calificada por el tribunal amigo como “cum laudem”, no creo que aporten mucho. Si acaso al doctorando, futuro doctor. Los ingenieros ya la llevan implícita, como la valentía en el militar, pero, mordacidades incluidas, hay que reconocer que, aparte tesis doctorales, la Universidad deja mucho que desear sobre la toma de conciencia de lo que es la vida real.

¿Qué me dicen de un estudiante de periodismo al que le dictan clases de geografía, economía y demás docencias que se suponen aprendidas durante el bachillerato?. ¿Les enseñan a leer y a practicar, como aprendices, en cualquier diario?. Esto va a ser básico para su profesión. Saber lo que eran las linotipias, los cíceros, una mancheta, un ladillo o rompetextos y un faldón.

¿Y los idiomas, dónde me dejan ustedes los idiomas?. Conste que esto es aplicable a todas las carreras universitarias de España. ¿Dónde los vamos a dejar si casi ninguno de nuestros políticos sabe más allá del “thank you” o el “voulez vous”?.

En el caso de mi profesión universitaria, la Farmacia, nuestros precedentes académicos son de vergüenza. Que aún se siga considerando importante que el futuro boticario sepa que la papa pertenece a las Solanáceas y que pueda describir la forma de sus hojas, raíz y fruto es para que a los responsables de la educación se les caiga la cara de vergüenza. Hay que hacer hincapié en la farmacología para que ésta tenga cien veces más horas de docencia que, sé que me criticarán los interesados, la Botánica, a la que he elegido como ariete de mi argumento.
Que aún se siga considerando importante que el futuro boticario sepa que la papa pertenece a las Solanáceas y que pueda describir la forma de sus hojas, raíz y fruto es para que a los responsables de la educación se les caiga la cara de vergüenza.
¿Por qué seguimos aceptando que un graduado haya de “practicar” después de su enorme esfuerzo estudiantil tras haberse licenciado?. ¿Qué puñetas ha hecho, entonces, con las horas en las que se ha dejado el culo en las aulas académicas?.

El pobrecito boticario joven, que con más o menos esfuerzo accede a una Farmacia, se encuentra ante unas exigencias de la sociedad que la Universidad no le ha dado. Aparte de no tener ni idea lo que significa ponerse detrás de una “mesa de dispensación” (vulgo mostrador) donde no le van a pedir unos comprimidos de ciclo-pentano.perhidro-fenantreno, sino el nombre comercial de un antiinflamatorio, se va a encontrar con innumerables papeles, en la mayoría de índole comercial, laboral y mercantil ante los que se mesará los cabellos y comenzará a llorar. “¿Qué he hecho para merecer esto?” musitará mientras se enjuga las lágrimas.

Por ello me alegra leer en la publicación amiga “Correo Farmacéutico” cómo el CEU San Pablo oferta el primer doble grado de Farmacia y Administración y Dirección de Empresas. Al menos las carencias divulgativas de la Farmacología estarán compensadas por las que presten, en el plano empresarial, la ADE. “El farmacéutico tiene una formación muy limitada en cuanto a gestión y dirección de empresas. La mayoría de los estudiantes cubren esta necesidad con un master o con un curso de postgrado “que lo sigue pagando papá” (esto lo agrego yo), pero nosotros hemos querido ir más allá y ofrecer la mejor formación con un doble grado”, dice Beatriz de Pascual Teresa, decana de la Facultad de Farmacia de la aludida Universidad. Tanto CEU como ADE (perdonen las siglas) han aunado sinergias para ofertar en el curso 2.014/2.015 el doble grado de Farmacia y Administración y Dirección de Empresas.

Sé que todo lo que escribo puede ser motivo de polémica pues siempre seguirá existiendo la dicotomía: sanitario/empresario pero, por mucho que se debata, el ser humano sobrevive gracias a su capacidad de adaptación. No es lo mismo el no muy lejano boticario elaborador de pócimas, cuyo trabajo era al casi cien por cien la fabricación de estas únicas formas medicinales para aliviar, y en algunos casos curar, una enfermedad, que el actual farmacéutico asaeteado de normativas y manejo de stocks.
Mi tesis, no precisamente doctoral, es que la Universidad tiene que tener los pies en el suelo
Y llegado a este punto, quiero dejar una pincelada sobre el último informe PISA, que pone a los estudiantes españoles en pésimo lugar referente a su discapacidad ante los retos manuales. Por lo pronto me parece un informe nada veraz, porque si hace referencia a la habilidad que los jóvenes tienen ante los nuevos artefactos tecnológicos, van descaminados. Basta observar cómo los pequeños son, a tan temprana edad, unos magníficos mecanógrafos con pulsaciones por minuto que vencen a una taquígrafa del Congreso. Otra cosa es que no sepan arreglar el carburador de un coche, pero no creo que por ahí vayan los tiros ni todo lo dicho caiga sobre las espaldas de la Universidad.

Mi tesis, no precisamente doctoral, es que la Universidad tiene que tener los pies en el suelo y manteniéndose al pie del cañón impartir docencias que bien aplicadas egresen generaciones de titulados suficientemente preparados, de inmediato, para asumir su especialidad.La experiencia hará el resto.

Como colofón al acuerdo, referido en este artículo, transcribo lo dicho por el decano de empresariales de CEU: “El doble grado se oferta en castellano, aunque no descartamos añadir la opción bilingüe”. ¡Óle!