Juan Pablo Núñez

Punto de vista

La seguridad del paciente, a hombros de gigantes

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Punto de vista

Ante el hecho de que la cultura de seguridad no ha calado suficientemente en las organizaciones sanitarias, el autor propugna impulsar un cambio de cultura que sea el auténtico motor del cambio, a fin de que la seguridad del paciente vaya a hombros de gigantes.Desde el comienzo de los tiempos, la actividad sanitaria ha tenido asociada una serie de riesgos, inherentes a la práctica médica en sí. La frase 'Primun no nocere' (atribuida a Hipócrates) ya nos señalaba el camino a seguir y, sin embargo, la complejidad de las enfermedades y la fragilidad del ser humano se traduce en errores (Burke, 2003). A esto debemos añadir que la medicina ha pasado de ser simple, poco efectiva y relativamente segura, a convertirse en compleja, efectiva pero potencialmente peligrosa (Chantler, 1999) puesto que acumulamos en su desempeño múltiples actuaciones, con tecnologías e interacciones humanas, de múltiples profesionales.Tal y como define la Organización Mundial de la Salud (OMS), la seguridad del paciente es, en sentido estricto, la ausencia de accidentes, lesiones o complicaciones evitables, producidas como consecuencia de la atención a la salud recibida (Vicent, 2010). Aunque esta definición, tan estricta y seca, se entiende mejor en un sentido más amplio: Es la reducción del daño innecesario asociado a la atención sanitaria hasta un mínimo aceptable.
Cultura de la seguridad del paciente
Se ha impuesto la necesidad de extender, dentro de las organizaciones sanitarias, una cultura de seguridad del paciente que incluya una gestión de los riesgos
Partiendo de esta realidad innegable, la existencia de la posibilidad de producir daño asociado a la asistencia sanitaria, y de la necesidad de los profesionales de minimizar este daño en su práctica asistencial diaria, se ha impuesto la necesidad de extender, dentro de las organizaciones sanitarias, una cultura de seguridad del paciente que incluya una gestión de los riesgos.Esta situación se lleva abordando desde las diferentes organizaciones desde los primeros años de este siglo, y recibió un espaldarazo definitivo con la Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente (OMS, 2004), que definió los programas a realizar y los encaró como desafíos a desarrollar en todo el mundo.En España, desde 2005, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, impulsa la Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud, impulso que ha sido plasmado en la Estrategia de Seguridad del Paciente 2015-2020, que actualmente estamos llevando a cabo en las distintas comunidades autónomas.
Situación paradójica
Aunque se ha avanzado mucho en el conocimiento de la seguridad del paciente, no tenemos suficientes estudios que demuestren que este esfuerzo está dando frutos
La situación que tenemos actualmente es un poco paradójica, puesto que aunque se ha avanzado mucho en el conocimiento de la seguridad del paciente, y se están implementando estrategias para aumentar la seguridad del paciente, no tenemos suficientes estudios que demuestren que este esfuerzo está dando frutos. Es, quizás, un poco pronto para ver estos resultados directos del desarrollo de estas estrategias, puesto que distintos estudios no han dado pruebas consistentes (Paul and Gluck, 2012); pero es de sentido común que, si nos esforzamos en introducir barreras para evitar que los errores se produzcan, estos deberían disminuir.Mi opinión personal es que debemos establecer una base sólida de partida y mantenerla en el tiempo, mejorándola siempre que sea posible, de tal forma que dentro de unos años sí podamos evaluar los resultados. Esta base debe estar constituida por una serie de iniciativas y esfuerzos para consolidar los pilares que deben soportar el peso de la seguridad del paciente: mantener la trasparencia en la divulgación de errores y problemas de calidad, la integración de la atención en todos los equipos y disciplinas, la participación de los pacientes en su seguridad, restablecer el significado del trabajo y la reforma de la educación de los profesionales para la calidad y la seguridad (Leape et al., 2009).
Aspectos del proceso
Recobrar la humanidad y el buen hacer profesional dentro de la relación terapéutica es el papel que tenemos que recobrar como arte
Este camino se traduciría en los siguientes aspectos:

a) Transparencia: Este es un componente esencial en la cultura de seguridad. Para cambiar, hay que conocer qué es lo que estamos haciendo bien, y qué es lo que estamos haciendo mal. Así, para conocer, debemos valorar los riesgos que están asociados a nuestra práctica asistencial, y comunicar los distintos incidentes y eventos adversos. De la valoración de estos riesgos y del análisis de estas notificaciones vamos a obtener mucha información. Al mismo tiempo, y gracias a esta transparencia, vamos a saber qué es lo que están haciendo otras organizaciones, y de esta forma podremos incorporar a nuestro bagaje todas esas experiencias. Y esta transparencia nos va a llevar al mismo tiempo a un ejercicio de humildad: tenemos que aprender a pedir disculpas por el daño que podemos llegar a hacer con el ejercicio de nuestra asistencia sanitaria.

b) Integración: Implica el desarrollo de sistemas de gestión del riesgo en todas las organizaciones que intervienen en la atención del paciente. Al mismo tiempo, se deben coordinar todos los profesionales que intervienen en la salud de un paciente. Estos sistemas deben ser, como ya decíamos antes, transparentes para que todos podamos disponer de la misma información.

c) Participación del paciente: Tenemos que pasar de una asistencia para el paciente a una asistencia con el paciente. Es muy importante, que de hecho, sea el paciente quien tome las decisiones en todos los campos que afectan a su asistencia, y por tanto, a la seguridad.

d) El trabajo: La asistencia sanitaria siempre se ha definido como ciencia y arte. La incorporación de toda la evidencia disponible a la asistencia es un paso obligatorio como ciencia. El recobrar la humanidad y el buen hacer profesional dentro de la relación terapéutica es el papel que tenemos que recobrar como arte. La satisfacción profesional, que esta unión de ciencia y arte pueden proporcionar, debe ser el motor que impulse el trabajo, y gracias al bienestar que aporta el saber del trabajo bien hecho y reconocido, podemos conseguir aumentar la calidad de la asistencia percibida por el paciente, y en definitiva, su satisfacción.

e) La educación de los profesionales: A pesar de ser uno de los elementos fundamentales para que todo el sistema funcione, puesto que sin conocimiento no tenemos sistema de saber qué hace y cómo hacerlo. La educación sigue estando relegada a la formación postgrado. En el mejor de los casos, forma parte de una de las asignaturas optativas que conforman la formación pregrado. Así, es necesario su inclusión como una asignatura más, puesto que en el día a día, este conocimiento trascenderá a todo tipo de asistencia que podamos dar.

Por último, me gustaría señalar que, a pesar de todo el desarrollo de estrategias entorno a la seguridad del paciente, la cultura de seguridad no ha calado suficientemente en las organizaciones sanitarias. Nos enfrentamos al reto de impulsar entre todos, un cambio de cultura que sea el auténtico motor del cambio. Ha llegado el momento de que, con el esfuerzo de todos, políticos, gestores, profesionales y pacientes, la seguridad del paciente vaya a hombros de gigantes.Bibliografía

1. Burke, J. (2003). Infection Control — A Problem for Patient Safety. New England Journal of Medicine, 348(7), pp.651-656. 2. Chantler, C. (1999). The role and education of doctors in the delivery of health care*. The Lancet, 353(9159), pp.1178-1181. 3. Vincent, C. (2010). Patient safety. 1st ed. Oxford [u.a.]: Wiley-Blackwell. 4. Estrategia de seguridad del paciente del Sistema Nacional de Salud: 2015-2020. (2016). 1st ed. Madrid: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. 5. Paul, A. and Gluck, M. (2012). Patient safety. Certain progress, numerous challenges. Obstet Gynecol, 120, pp.1149-59. 6. Leape, L., Berwick, D., Clancy, C., Conway, J., Gluck, P., Guest, J., Lawrence, D., Morath, J., O'Leary, D., O'Neill, P., Pinakiewicz, D. and Isaac, T. (2009). Transforming healthcare: a safety imperative. Quality and Safety in Health Care, 18(6), pp.424-428.