Juan Pablo Núñez

Punto de vista

La densa y nefasta sombra de la corrupción.

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Punto de vista

 Los escándalos que está provocando la denuncia diaria de la corrupción llevan al autor no solo a lamentar la situación sino, y lo que es más grave, a temer por el sistema sanitario público, víctima de un modo tan inicuo de obrar.

¿Alguna vez, alguien creyó que el sangrante y vergonzoso tema de la corrupción se olvidaría con beatíficas declaraciones de intenciones o promulgando hipócritas leyes de transparencia? ¿Cómo es defendible esa atrevida e insensata petición de amnesia colectiva, si hasta el catolicismo impone penitencia para la obtención del perdón?

Lo que está sucediendo en España, y lo que queda por venir, es directa e inevitable consecuencia de la corrupción. No todo se justifica con el argumento: “quien más y quien menos hemos aceptado o solicitado una factura sin IVA”.  Lo anterior no es, ni de lejos, suficiente disculpa.

El político es, antes que nada, un representante de las personas, elegido por éstas para administrar eficaz y honradamente sus impuestos, ofertando unos buenos servicios. Inherente a su función, existe un importantísimo gradiente de exigencia ética, sin el cual estamos ante un patético y peligroso bufón.
Situación contradictoria
Más les valdrá a nuestros políticos abandonar esos odiosos comportamientos, dedicándose en cuerpo y alma a defender los legítimos derechos de los españoles y entre ellos, lógicamente, el más valorado de todos: la atención sanitaria de calidad.
De entre las mayores frustraciones, con capacidad de generar indignación, destaca el retraso injustificado en la expectativa de curación.

Nos hemos dotado de una Medicina Institucional que es, sin ninguna duda, un orgullo nacional. El Sistema Nacional de Salud (SNS) presta un servicio de altísima capacidad resolutiva y acreditada calidad, pero también adolece de una gran sensibilidad y vulnerabilidad. Por lo último, llevamos años insistiéndole a la ciudadanía sobre que, para garantizar la viabilidad del SNS, son precisos determinados cambios en sus arraigadas actitudes: mayor educación cívico-sanitaria, utilización más racional de la oferta asistencial, más auto-cuidado, más auto-responsabilidad… Todo ello para conseguir un mejor aprovechamiento de la amplísima oferta técnico-científica y un óptimo beneficio de sus abundantes posibilidades diagnóstico-terapéuticas.

El dilema está servido: ¿Con qué autoridad moral, los profesionales sanitarios podemos continuar insistiendo en ese irrenunciable mensaje, mientras demasiados responsables políticos, debiendo haber mantenido conductas intachables y haber sido ejemplo de honestidad, se han dedicado (todavía algunos lo hacen) a malversar, hurtar, engañar, trincar y “comisionar”, persiguiendo, casi exclusivamente, un escandaloso y mezquino interés personal? Aún peor: han simultaneado esa delictiva actitud con el falso mensaje del “derecho a la salud, absolutamente blindado”, por lo que no debemos considerarlo amenazado.
Ficción y realidad
Un canto de sirena que cada vez se acerca más a la ficción, alejándose, con pasos agigantados, de la preocupante situación real.Como recientemente hemos comprobado (al igual que cada año, tras el desencanto del sorteo navideño): “lo importante es la salud”

Pues bien, dada la relevancia que ésta tiene, más les valdrá a nuestros políticos abandonar esos odiosos comportamientos, dedicándose en cuerpo y alma a defender los legítimos derechos de los españoles y entre ellos, lógicamente, el más valorado de todos: la atención sanitaria de calidad.

Con cada mala gestión de los recursos, cada conflicto de interés no declarado, cada decisión no encaminada al bien general, cada mala práctica político-administrativa, cada actuación injusta por favorecedora de un tercero cercano, cada falta de visibilidad … se estará frustrando la legítima expectativa de la ciudadanía y defraudando gravemente la confianza depositada en sus gobernantes.

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