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Apuntes de un boticario

A juicio del autor, se está produciendo una especie de abuso al recurrir a pruebas técnicas, con especial referencia a las genéticas, con la intención de conocer lo que nos puede suceder y tratar de evitarlo. Una situación que no considera aceptable ni buena sanitariamente.

“Él no era así cuando lo conocí”.  Si esta frase pronunciada por la frustrada esposa hace referencia tan sólo a la falta de detalles, mimos o regalos y, en definitiva, una disminución de cariño, quien la oiga no debe alarmarse, sólo si quien la ha pronunciado tiene un pómulo tumefacto, ya que en este caso puede tratarse de una víctima física de su pareja.

Esto que, por desgracia, vivimos a diario, creo que puede predecirse. Disculpo a priori, por no hacer más daño, a la maltratada; pero cuando se queja la amonesto, para que sus hijos no caigan en el error de unir su vida a un hijo de puta como el padre. Suelo acompañar la amonestación con un consejo diciéndole que debió utilizar, cual condón mental, la “medicina psíquica preventiva”, algo no difícil ya que los seres humanos no sólo manifiestan pródromos físicos sino también psíquicos que orientan sobre conductas futuras.
Pautas de seguimiento
Los gobiernos tienen el deber de garantizar que nadie se discrimina por razón de sus características genéticas.
Como nadie nace, salvo que lo estudie profesionalmente, con conocimientos “froidianos” se pueden utilizar, para seguir mis recomendaciones, algunas técnicas más o menos “caseras”. Yo siempre pongo un ejemplo gráfico como test sentimental. Si conoces a alguien, digo al que me pide que se lo explique, que sin más le da una patada a un indefenso gatito, (se puede añadir: desdeño ofensivo a un “homeless”), margínalo de tu vida porque una actitud como la descrita, ante esos seres indefensos, la puede poner, igualmente, en práctica con un semejante,

Es digno, justo y necesario “clasificar y cualificar” a las personas con las que voluntariamente vas a compartir tu vida para que la convivencia sea saludable. Contaba mi abuela que, en sus tiempos, cuando una mocita era “pretendida” por un “forastero” y la propuesta adquiría visos de formalidad, la madre del pimpollo se ponía en contacto con el párroco del pueblo para que éste, a su vez, contactase con el de la localidad de donde procedía el pretendiente, con la sana intención de pedir referencias no sólo del futuro novio sino de su familia, su entorno social y el económico.

Este google rural, no siempre infalible, daba, al menos unas pautas previas que potenciaban la precoz relación o bien las cortaban en seco salvo casos, por seguir hablando de tiempos pretéritos y literarios, cual “Bodas de sangre”, que solían resumirse en “tocata y fuga” con final incierto.
Conocimiento de la persona
Aunque pueda parecer que he iniciado estos “Apuntes” desde los cerros de Úbeda y jugando a ser o parecer un psicólogo de andar por casa, no es esta mi intención y de ahí que centre a mis lectores sobre el mensaje prístino del artículo. Una cosa es la necesidad de profundizar en el conocimiento humano de las personas que nos interesen afectivamente y otra indagar en sus posibles patologías con fines, no sólo sanitarios, sino pragmáticos y comerciales.

Las técnicas que se vienen utilizando para detectar cualquier anomalía precoz en el feto, que va creciendo en el vientre de una futura madre, es algo ya tan usual como el ponerse el termómetro en la axila. Al igual que, en mi especialidad de analista clínico, cada vez más se soliciten pruebas muy avanzadas que puedan “detectar” males futuros aun en personas que por edad, carencia de síntomas y sin antecedentes genéticos no necesiten, salvo demanda, dichas prescripciones.

Esta tendencia progresiva basada, de un tiempo a esta parte, en la “publicitada” medicina preventiva, aparte del gasto que conlleva para el sistema, es, en muchos casos, (y es aquí cuando, como casi siempre, coincido con mi admirado doctor Gérvas), generadora de efectos indeseables en las personas que se someten a ellas.
Contra la 'hiperprevención'
Pero hete aquí que esta prevención no sólo está fomentada por el paciente hipocondríaco o el galeno puntilloso sino que lo está, y entramos en un terreno económico y empresarial, por las compañías de seguros sanitarios o de vida que lógicamente quieren saber la “calidad” fisiólogica de su cliente para que el negocio no le salga deficitiario. No en balde, y este sería tema para otra colaboración, según estudios recientes cerca del 25% de los españoles tiene contratada una póliza sanitaria privada con estas compañías. Por ello es muy de actualidad que el Consejo de Europa haya pedido a los Gobiernos nacionales que se prohíban las pruebas genéticas solicitadas en los contratos de seguros que cubran los riesgos relacionados con la salud, la integridad física, la edad o la muerte, con el fin de evitar la discriminación y velar por la protección de la vida privada; la recomendación establece los principios esenciales encaminados a proteger los derechos de las personas cuyos datos personales son procesados a efectos del seguro.
Una vida sana va implícita con la “asepsia mental” que, a fuer de predicciones obsesivas, puede ser infectada por la bacteria de la preocupación desmedida
En concreto, señala que los Estados miembros deberán adoptar las medidas adecuadas para garantizar el respeto de los derechos fundamentales de las personas, sin discriminación, en el contexto de los contratos de seguros contemplados en la recomendación que se aplica a los contratos de seguros personales y de grupo con el objetivo de asegurar los riesgos relacionados con la salud de una persona, la integridad física, la edad o la muerte.

Sin embargo, dice que se tiene en cuenta el interés legítimo de las aseguradoras para evaluar el nivel de riesgo que presenta la persona asegurada. Así, las medidas recomendadas incluyen estrictas salvaguardas para la recogida y tratamiento de datos personales relacionados con la salud, basadas en el consentimiento del asegurado, así como la prohibición de exigir pruebas genéticas para efectos del seguro.
Datos muy sensibles
Los datos genéticos y de la salud, en general, de las personas son muy sensibles y deben ser protegidos adecuadamente. Los gobiernos tienen el deber de garantizar que nadie se discrimina por razón de sus características genéticas. Al hilo de ello el secretario general del citado Consejo de Europa, afirma que las pruebas genéticas para fines de seguros deben ser prohibidas. Y añade como colofón que: “Nuestras recomendaciones muestran la forma de cómo proteger mejor los derechos de las personas aseguradas en un mercado cada vez más internacional”.

Como primer instrumento jurídico internacional en este campo, destaca el Consejo de Europa, lo que se persigue es, sobre todo, la prevención de cualquier tratamiento de datos relacionados con la salud que no estaría justificada y que no cumpla con los criterios de pertinencia y validez.

El texto hace hincapié en la necesidad de facilitar el acceso a los seguros, en condiciones asequibles, a las personas que presentan un mayor riesgo para la salud y es que determinadas situaciones de edad y enfermedades crónicas ponen cada vez más alto el listón haciendo difícilmente accesible la sanidad privada al ya de por sí afectado anciano o enfermo puntual o crónico. Personas que precisamente se encuentran en la fase vital que más lo necesitan.

Por ello una vez más apelo a la justa medida y, al margen del tema que este Consejo apunta sobre la necesaria protección de datos, me parece que hemos de tomar conciencia que la salud conlleva la carencia de enfermedad y que la prevención de esta no está tan sólo en un sometimiento exhaustivo y permanente a pruebas innecesarias y, sigo con el Dr. Gérvas, de efectos secundarios no deseados, sino en mantener una vida sana que va implícita con la “asepsia mental” que, a fuer de predicciones obsesivas, puede ser infectada por la bacteria de la preocupación desmedida,