Juan Pablo Núñez

Punto de vista

El error de etiquetar a tantos hospitales como universitarios.

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Punto de vista

 Frente a la obsesión por conseguir el título de universitario para los hospitales, el autor trata de responder a una serie de preguntas cuya conclusión fundamental radica en que la asistencia recibida es independiente del calificativo.

¿Es universitario un hospital, sólo porque los que allí trabajan lo son?

¿Lo es porque algunos de sus profesionales ostentan el grado académico de doctor?

¿Porque, entre ellos, los hay que dan clase en la facultad de medicina?

Ninguna de las anteriores circunstancias justifica suficientemente esa denominación. A mi juicio, el hospital universitario debe reunir otra amplia serie de requisitos, incluidos, evidentemente, los citados.

Un hospital auténticamente universitario tendría que ser aquél en el que, a una acreditada y sofisticada práctica médica, se unieran una valiosa docencia y una importante investigación (también básica, no exclusivamente clínica). Si tuviéramos claro que no estar bautizado como “universitario” no es ningún descrédito, no estaríamos todos persiguiendo, con “ansia viva”, la consecución de esa distinción.
Red de hospitales
Si tuviéramos claro que no estar bautizado como “universitario” no es ningún descrédito, no estaríamos todos persiguiendo la consecución de esa distinción.
En España, tenemos la fortuna de disponer de una excepcional red de hospitales comarcales, regionales y de referencia, en los que se lleva a cabo una praxis médica de elevado nivel científico-técnico… pero no por eso todos y cada uno de ellos tienen que ser hospitales universitarios.

El problema es el de siempre: valoramos más la semántica y la sonoridad que la realidad y seguimos convencidos de que cuenta tanto serlo como parecerlo. Durante el franquismo, los grandes centros asistenciales eran ciudades sanitarias y los de mediano tamaño, residencias… Después, el sentido común hizo recuperar, para todos, el dignísimo nombre de hospitales.

Igual que es difícilmente asumible la existencia de cátedras universitarias sin tareas asistenciales (hospitalarias, de atención primaria, preventivas, rehabilitadoras, paliativas, periciales, etc.), también lo es que todos deban añadir a su nombre original la apostilla “universitario”.

Ojo: lo anterior no excluye la posibilidad de colaborar en la formación de los futuros profesionales sanitarios, si su nivel es el adecuado (la inmensa mayoría). En el extranjero, cuando se cita al hospital universitario, todo el mundo sabe que se trata de la institución que alberga a la facultad de medicina de esa ciudad o región. El hospital es la facultad y la facultad es el hospital (excepcionalmente: los hospitales).

 
Perfil ideal
Se puede trabajar en un acreditado hospital, pertenecer a uno de sus servicios punteros y no tener que tratarse, por fuerza, de un “hospital universitario”.
Actualmente, el perfil ideal del médico responde a la triada: clínico, profesor e investigador… Pero no todos los facultativos, de absolutamente todos los centros asistenciales, están obligados a presentar ese perfil: ni es posible, ni es necesario. Se puede ser un valorado y respetado médico, sin hacer investigación o docencia. ¡Nada más útil y reconocido que una buena y resolutiva asistencia!

Consecuentemente, se puede trabajar en un acreditado hospital, pertenecer a uno de sus servicios punteros (en los que se formen magníficos especialistas: MIR, FIR, EIR, PIR, BIR, QIR) y no tener que tratarse, por fuerza, de un “hospital universitario”.

Además, están las características arquitectónicas singulares de cada centro: no todos disponen de aulas, salas de disección, animalarios, determinados y muy específicos laboratorios, alumnos de diferentes grados, o personal cuya “carrera” es el itinerario académico correspondiente a la docencia superior (catedráticos y profesores titulares).

Esa desmesurada ligereza para la concesión de la denominación es una equivocación que estigmatiza, negativa e injustamente, a los que no la han conseguido… ¡aún! Existen excepciones, casi siempre por razones históricas, que desaconsejarían despojar de esa “leyenda” inherente a su nombre, a organizaciones que la ostentan desde hace mucho tiempo, aunque en la actualidad, ya no sean el principal y mejor dotado hospital de su entorno.