Juan Pablo Núñez

Tribuna de opinión

Barcelona, la EMA, el Brexit y la ministra de Sanidad

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Torre Glories
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rajoy saldrá beneficiado se opte o no por barcelona como sede de la EMA

En pleno conflicto con el gobierno de la Generalidad de Cataluña, la apuesta decidida del gobierno del Estado por Barcelona como sede de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) lleva al analista a ofrecer cuáles serían las consecuencias de la decisión, positiva o negativa, por la que opte el Consejo de Europa.

El referéndum británico celebrado hace algo más de un año, coincidiendo con uno de nuestros procesos electorales (tres días antes de las elecciones generales últimas), ofreció un resultado que está dando lugar a un importante debate en la Unión Europea (UE) y que seguramente estaba aplazado o fuera de la burocrática agenda con la que se mueve tan pesado, como necesario, artefacto. Por supuesto, no es ni el lugar ni el momento de opinar sobre lo que puede representar el Brexit en su conjunto, sobre todo por falta de suficiente información y formación para tan ardua tarea, que está ampliamente patrimonializada entre nosotros por tertulianos de diferente condición y financiación.
La necesaria reubicación de la EMA ha puesto en marcha el complejo mecanismo de elección de una nueva sede y, con ello, el interés de la mayor parte de los países por optar a la misma
Lo que sí parece claro es que aquellas instituciones europeas cuyas funciones son del ámbito comunitario y están radicadas en suelo británico deben abandonarlo en un momento determinado, formando parte del conjunto de negociaciones que deben desarrollarse para dar cumplimiento al mandato del referéndum. Entre estos organismos está uno de especial importancia para la industria del medicamento y, por ello, de todo lo relacionado con la salud y los servicios sanitarios como es la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Se trata de un órgano regulador centralizado, altamente especializado y cuyas decisiones afectan al conjunto de ciudadanos de la UE, al entender de la autorización de medicamentos y las condiciones de uso de los mismos, su eficacia, seguridad y que deben ser reconocidos por todos los países miembros, al margen de sus competencias propias en este campo.

Es una agencia similar a la que regula los medicamentos y otros componentes sanitarios en EEUU, la Food and Drug Administration (FDA), y, por supuesto, tiene mayor trascendencia en sus decisiones que sus homólogas de Japón o Canadá, por citar otras agencias importantes y también altamente especializadas.
Apuesta por la EMA
Mucho se ha informado sobre la estructura actual de la EMA; del número de sus empleados y su alta cualificación; de su presupuesto; de su influencia indirecta en la actividad económica de su entorno y, sobre todo, de lo que significa para el ámbito de investigación, formación y, por supuesto, industrial en su círculo próximo de influencia. En este caso, de Londres y el resto del Reino Unido. Todo ello es muy cierto y muy importante.

La necesaria, por el momento, reubicación de la EMA ha puesto en marcha el complejo mecanismo de elección de una nueva sede y, con ello, el interés de la mayor parte de los países por optar a la misma. España desde el primer momento se mostró especialmente activa en su ofrecimiento para ser sede de la EMA. Muchas ciudades españolas, de forma autónoma y poco coordinada, tomaron decisiones en sus órganos de gobierno, mostrando su interés por acoger la EMA y justificando su petición con determinadas excelencias y facilidades de dichas ciudades. Así, se ofrecieron con rapidez y suficientes argumentos Málaga, Alicante, Granada y Barcelona.

La decisión final, por supuesto, corresponde al Consejo de la UE y de forma muy reglada. En este sentido ya se han ido tomando decisiones que ponen de manifiesto un conjunto de condiciones que consideran imprescindibles o muy recomendables para la ciudad que deba acoger la EMA. Condiciones muy complejas y detalladas respecto a población, infraestructuras, tanto de comunicación como de movilidad y disponibilidad de alojamientos y con áreas de ubicación concretas y cualificadas de ámbitos universitarios, de investigación y fabriles relacionados con el medicamento, por citar algunos de los condicionantes o singularidades más significativas. Por supuesto, estos requisitos no son excluyentes, pero ya ponen de manifiesto que la elección no puede recaer más que sobre un grupo determinado y reducido de países y ciudades.
La apuesta de España por Barcelona
Barcelona sería de forma indiscutida e indiscutible una muy buena candidata para que en ella se ubicara la EMA
Han sido muchas las ciudades que se han ofrecido, algunas son muy importantes dentro de la UE y han comunicado su interés: Copenhague, Berlín, Viena, Milán, Bratislava, Estocolmo, Amsterdam, Dublín, Lille. Por citar alguna de ellas. En España desde el primer momento destacó el interés muy firme de la ciudad de Barcelona y también, desde el principio, el interés del gobierno del Estado por apoyar esa candidatura.

Las razones son también bien conocidas. Barcelona es una gran ciudad, que tiene un reconocimiento internacional muy notorio y muy amplificado por el acogimiento de las olimpiadas del año 1992 y, sobre todo, por cómo estas se desarrollaron. Su situación geográfica, sus infraestructuras urbanas, de comunicación, artísticas y culturales, son poco discutibles. Además, y esto es especialmente significativo, acoge en su entorno importantes centros universitarios, de investigación, centros sanitarios de referencia nacional e internacional, tanto públicos como privados y, lo que es también destacable de forma especial, en Cataluña y, especialmente en el entorno de Barcelona, está ubicada una importante y creativa industria farmacéutica nacional e internacional, muy integrada y muy activa, tanto en las áreas productivas, como investigadoras y con una actividad comercial con Europa y resto del mundo muy destacada.

Por todo ello, Barcelona sería de forma indiscutida e indiscutible una muy buena candidata para que en ella se ubicara la EMA. Es claramente muy competitiva con las otras principales ciudades candidatas. Y eso, sin entrar en otros planeamientos más integrados que se refieran al conjunto del Estado, que también arrojarían un factor favorable para su traslado a España y a Barcelona.
Implicación ministerial
La dedicación de la ministra Montserrat a la defensa y promoción de la candidatura de Barcelona para albergar la EMA es total, comprometida y militante
Decidida y justificadamente se ha desencadenado un importante movimiento político, institucional y ciudadano para apoyar la candidatura de Barcelona. Y ello al margen de cierto “provincianismo” de unos y otros, que no viene al caso.

En ese movimiento, muy entusiasta, está desempeñando un papel especialmente relevante el Ministerio de Sanidad y, sobre todo, su titular, la ministra Dolors Monstserrat, que une a su responsabilidad institucional indudable para este cometido su condición de catalana y de política catalana y, lógicamente, del partido del gobierno: del PP.

Una ministra cuyo nombramiento sorprendió a propios y extraños por su escasa o nula relación con el mundo sanitario y que, en sus primeros meses de desempeño, lo puso de manifiesto por su falta de presencia en el mismo, con más interés por el ámbito competencial de carácter social de su departamento. Pero ante este asunto ha mostrado una actividad y decisión muy destacada. Su dedicación a la defensa y promoción de la candidatura de Barcelona para albergar la EMA es total, comprometida y militante. Es como si hubiera redescubierto la sanidad a través de este acontecimiento.
Implicación ministerial
En primer lugar, ha logrado unir al complejo mundo del sector sanitario y especialmente al farmacéutico en defensa del proyecto. Ahí están todos los que son y son incluso más de los que realmente son.

Ha configurado un órgano plural de apoyo multidisciplinar también muy amplio, con importantes personalidades e instituciones.

Ha puesto de acuerdo en el Parlamento a los distintos grupos políticos para apoya la candidatura, cosa también poco frecuente en este fragmentado y con frecuencia enfrentado hemiciclo.

Pero lo que es más de destacar: ha unido a lo que parece imposible de unir en estos momentos en España, al gobierno del Estado, con ella como representante cualificada y apoyada políticamente, al de la Generalitat, con la presencia activa de su consejero de Sanidad, y al Ayuntamiento de Barcelona. Seguramente es un hecho que no se ha destacado lo suficiente o no se ha querido destacar por unos y por otros.
Conflicto mediante
La voluntad rotunda del gobierno de Cataluña de optar por la declaración de independencia parece claramente incompatible con su permanencia formal y real en la UE y en sus instituciones
Y sobre esta situación cabe una reflexión y una conclusión. El distanciamiento político entre el gobierno del Estado y el de Cataluña es claramente muy intenso y de muy difícil solución a corto y medio plazo. La convocatoria para el 1 de octubre por parte de las instituciones catalanas de un referéndum, contra viento y marea, está teniendo una escalada, a medida que esa fecha se aproxima, de alto riesgo político e, incluso, de convivencia, se quiera como se quiera valorar. El viento y marea para unos es el derecho a decidir y, para otros, es simplemente la ley. Pero ese viento y marea parece que puede llevar, en forma de galerna, a un serio conflicto.

La voluntad rotunda del gobierno de Cataluña de optar por la declaración de independencia y la constitución de la república catalana de forma prácticamente unilateral, en función del resultado favorable, sí o sí, que pudiera tener el referéndum, parece claramente incompatible con su permanencia formal y real en la UE y en sus instituciones. Así se contempla en los tratados y así lo expresan, un día sí y otro también, con más o menos claridad y rotundidad importantes responsables del gobierno de la UE.

En este clima se ha asistido a un comportamiento de las instituciones europeas en relación con la ubicación de la EMA que, al menos, ponen de manifiesto que sí parece que estén observando con atención la situación política concreta y contingente en Cataluña. Si se planteaba en principio que la decisión sobre la nueva ubicación de la Agencia se podría sustanciar en julio, esta decisión se ha pospuesto, en principio, a noviembre. Por supuesto las razones para ello no se relacionan oficialmente con el “procés”. Pero algo puede tener que ver, porque noviembre, es posterior a octubre.
Condicionamiento político
Puede deducirse, por tanto, que la decisión sobre la ubicación de la EMA y, sobre todo, que ésta se sitúe en Barcelona está en parte condicionada con la situación política en Cataluña y todo lo que tenga lugar, derivado de ella, en los próximos meses. Por supuesto que los órganos oficiales para nada se refieren a ello y, mucho menos, la entusiasta ministra Dolors Montserrat en sus declaraciones continuas sobre las bondades que para Barcelona, Cataluña y España tendría la adjudicación de la EMA. Conllevaría, según la ministra, el colocarnos en una posición mundial de especial relevancia en el universo del medicamento y de todo lo relacionado con él, que es mucho e importante.
A modo de conclusión
No es práctica habitual en la manera de comportase de los prudentes organismos europeos el asumir riesgos en sus decisiones y que estas, además, puedan ser interpretadas como de parte en conflictos nacionales concretos
Como final dos opiniones personales a modo de conclusión:

En primer lugar, se considera complicado que la decisión del Consejo Europeo sea favorable a la ubicación de la EMA en Barcelona, y ello, no por razones técnicas de ningún tipo. Barcelona parece una ubicación inmejorable en todos sus aspectos para un organismo de esas características. La dificultad de la decisión se considera influida por el conflicto político planteado por el gobierno catalán y a eso debe añadirse el conjunto de medidas para enfrentarlo que está considerando aplicar, previsiblemente, el gobierno del Estado. No es práctica habitual en la manera de comportase de los prudentes organismos europeos el asumir riesgos en sus decisiones y que estas, además, puedan ser interpretadas como de parte en conflictos nacionales concretos. Y estamos en una situación claramente de ese tipo, disponiendo el Consejo Europeo de otras opciones técnicamente parecidas y políticamente nada conflictivas.

En segundo lugar, pase lo que pase, lo curioso es que el que al final puede considerarse políticamente ganador el gobierno del Estado. La estabilidad y el sentido común como valores superiores de la política del gobierno de Rajoy, que arrastraría a la ministra de Sanidad que quedaría bien situada para encabezar una futura lista electoral en las elecciones autonómicas catalanas. Si se consigue para Barcelona la sede de la EMA, habrá sido por la decisión y el buen hacer del gobierno español y especialmente de la ministra y de aquellas autoridades catalanas que han apostado por lo mejor para la ciudad, para Cataluña y para España, al margen de la irresponsabilidad del gobierno de la Generalitat, al que se le daría con ello una buena lección de europeismo militante y constructivo. Si por el contrario, la decisión fuera contraria a Barcelona, sería el gobierno de la Generalitat el único responsable; el que habría hecho imposible, una vez más, con su actuación radical, el que se consiguiera un gran bien global para su territorio. Su planteamiento irresponsable demostraría, una vez por todas, que no actúan por el interés de Cataluña, de sus ciudadanos, de sus empresarios, de sus mejores valores y expectativas, sino por sus intereses de partido y de sectarismo irredento.

Al final y, como viene siendo habitual en los últimos tiempos, Rajoy siempre gana, pierda quien pierda.

Por supuesto esto no sería así si el Gobierno hubiera apoyado a cualquiera de las otras ciudades españolas que también han mostrado su interés por acoger la EMA y que también ofrecían buenas condiciones.

(Fotos: En la noche de este martes, se iluminó la Torre Glóries, edificio que Barcelona ha ofrecido para acoger la sede de la EMA. Al acto asistió la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat; Jaume Collboni,  el teniente alcalde de Barcelona, y  Albert Serra, secretario general del Departamento de Salud de la Generalidad).