Juan Pablo Núñez

Tribuna de opinión

Auxiliares Vs Adjuntos. Panorama profesional de la oficina de farmacia

Guardar

Apuntes de un boticario

El autor se hace eco de un enfrentamiento existente entre profesionales de la oficina de farmacia, los auxiliares y los adjuntos, para insistir sobre el papel que aquella debe desarrollar.

Como diría D. Hilarión, los tiempos adelantan que es una barbaridad. Esta tan manida frase, adjudicada al impresentable boticario ejemplo de lo que no debe ser un profesional actual, se queda corta porque los tiempos no adelantan sino que, como no corramos más que ellos, nos sobrepasan.

Actualmente un niño maneja un móvil o la “tablet” con una desenvoltura manual que deja en pañales a una mecanógrafa de finales del siglo pasado. Pero esta rapidez dactilar no es comparable, si acaso sólo en forma, con la de la mecanógrafa ya que ésta obtenía un buen puesto de trabajo, no sólo gracias a sus “pulsaciones mecanográficas” sino a que en los dictados que recibía de un superior o superiora (no necesariamente monja), se le exigía no tener la más mínima falta de ortografía.

Hoy, en las redes, se escribe rápido porque la ortografía es algo secundario y en franca decadencia y lo importante es que el receptor, otro que tal, sepa comprender el mensaje. ¿Keso o queso?. ¡Q + da!.
Farmacia y farmacéuticos
En los tiempos que vivimos, los farmacéuticos se enfrentan diariamente a un público, algo peor que inculto, al que yo califico de “falso enterao”.
Antes las farmacias, y saben mis lectores que no me gusta emplear este término pues prefiero hablar de farmacéuticos, eran para el pueblo llano una pequeña universidad con escaparates a la calle en donde los que atendían eran, por estudios o experiencia, considerados sabios para el poco informado paciente. En los tiempos que vivimos, los farmacéuticos se enfrentan diariamente a un público, algo peor que inculto, al que yo califico de “falso enterao”.

Hace unos días, la joven hija de una antigua paciente, ante mi sorpresa, me hizo una consulta, llena de propiedad, sobre la melatonina. No esperando tal palabra de una adolescente tuve que poner en marcha de inmediato mi disco neuronal e intentar explicarle que se trata de una sustancia generada en la epífisis y sobre la que se están realizando estudios para su utilización como regulador del sueño y…

“¿Pero si me la tomo me pondré más morena?.

¡Apaga y vámonos!. A lo peor le enviaron un “whatssap” al que a la melanina le habían agregado la sílaba “to”.

Viene esto a cuento porque hasta hace poco tiempo el desconocimiento de temas muy específicos era usual, fundamentalmente en el tema salud, pero en la actualidad la I+D avanza en progresión geométrica. Véase por ejemplo los adelantos casi diarios de la industria farmacéutica en oncología o enfermedades raras.
Tiempos pasados
Antiguamente, el pueblo llano, decía: “Baldomero se ha muerto de una cosa muy mala”, como si, por el contrario, se pudiese morir de algo muy bueno. Como dice un viejo farmacéutico rural que abunda en mi tesis pues cuenta cómo en sus inicios de boticario tenía que explicar que el “cólico miserere”, que con tanta gente acabó, no era una enfermedad en sí, sino una apendicitis que al no ser tratada quirúrgicamente cursaba en una septicemia mortal.

Eran tiempos donde el analfabetismo era muy frecuente entre la población que además no disponía, como en la actualidad, de tantos medios de comunicación audiovisuales: radio, televisión, revistas de colorines etc…. Por ello el chavalín que entraba de recadero en una farmacia, si era espabilado y con inquietudes aprendía de su patrón, el boticario, hasta llegar a ser un buen mancebo de farmacia porque a sus conocimientos empíricos había que añadir, con el paso de los años, el conocimiento personal de los usuarios que, en su ignorancia, lo tenían en gran estima sanitaria..

Me contó, no hace mucho. este viejo boticario, cuya vida da para un libro sobre lo que fue la farmacia, que en una ocasión una modesta familia del pueblo, haciendo un supremo esfuerzo económico, llevó a su hijo hasta Madrid para que allí lo viese un famosísimo médico que, tras visitarlo en su consulta particular, le prescribió un tratamiento farmacológico novedoso y caro. La madre del enfermo, nada más volver, se fue con la receta a su farmacia y dada la circunstancia de que él había salido a la calle le atendió su eterno mancebo que, tras calarse las gafas, y mientras la leía iba poniendo un gesto adusto que al ser observado por la mujer le hizo exclamar:.”Oye Manolo, que si lo que ha mandado este señor no te parece bien yo no lo compro”.
Enfrentamiento manifiesto
Podría filosofar sobre el que todo gira a “marcar territorio” no sólo por prestigio o dignidad sino por el problema acuciante de la escasez de puestos de trabajo
Esto que escribo que, hasta aquí, puede ser una exaltación de la digna profesión de “auxiliar de Farmacia”, viene al pelo por la discrepancia un tanto hostil planteada entre auxiliares y adjuntos, en este caso gallegos.

Denuncia Gerardo Mosquera, Presidente de la Coordinadora Gallega de Técnicos y Auxiliares de Farmacia, los ataques desproporcionados que están sufriendo por parte de los adjuntos. “Lo que pretenden, dice este señor, es poner las máximas limitaciones para que no tengamos futuro dentro de la farmacia, al restringir labores que hasta ahora realizamos sin problema. El futuro laboral dejará de existir para los que en este momento realizan sus funciones en las farmacias, y, para los miles de jóvenes que se están preparando para el ámbito laboral”. Pide que no se ponga en duda la profesionalidad del auxiliar y tampoco la de los titulares que emplean a técnicos y auxiliares.

A lo que Vanesa Caamaño, vocal de Asgafa (Asociación Gallega de Farmacéuticos Adjuntos) contesta: “¿Pueden los auxiliares de clínica prescribir? La respuesta es simple: no es legal. En nuestro caso, la Ley de Garantías exige claramente la "presencia y actuación profesional del farmacéutico como condición y requisito inexcusable para la dispensación". Y sigue: “Estamos a favor de que cada colectivo cumpla con su labor, dentro de la legalidad, siempre que el eje principal de todas nuestras acciones sea la salud del paciente. Los farmacéuticos adjuntos queremos cumplir con nuestra responsabilidad y hacemos un gran esfuerzo por reciclar constantemente conocimientos. El modelo de farmacia solo se salvará en este país si tenemos como base la excelencia profesional”
Marcar territorio
Y aquí es donde entro yo, puesto que si ya me metí en jardines que no eran de mi “propiedad” y salí con la piel erupcionada por las ortigas cuando escribí sobre médicos y enfermeros, ahora el tema, como farmacéutico, me obliga a definirme. Podría filosofar sobre el que todo gira a “marcar territorio” no sólo por prestigio o dignidad sino por el problema acuciante de la escasez de puestos de trabajo, pero me saldría del espacio pactado para estos “Apuntes”.

Un farmacéutico, al margen leyes que hay que cumplir y nunca olvidar, tiene unos conocimientos académicos que le permiten reciclarse perfectamente y estar “a la última” ya que parte de unos estudios exhaustivos, mientras que un auxiliar lo hace con el hándicap de una menor preparación tanto en grados como en tiempo en comparación con el farmacéutico.

Por tanto creo que desde el razonamiento sereno y objetivo ha de imperar el sentido común que, en este caso, confluye en el bien del enfermo que es la finalidad de la profesión farmacéutica y ser coherentes con el título que se ha adquirido tras unos estudios.En la Escuela de Cine se estudia para ayudante de director o para director y el ejército dispone de academia de oficiales y de suboficiales. Esto no es bueno ni malo. Simplemente es así.