Juan Pablo Núñez

Punto de vista

Ana Mato y las mujeres del PP

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No se conoce el texto del proyecto de ley que se presume va a regular la prohibición del aborto y la doble condena: a las mujeres “víctimas” y a cualquier colaborador necesario en la práctica abortiva, fundamentalmente el personal sanitario, especialmente el personal médico. Sólo unas declaraciones de su autor, el ministro Gallardón, el otrora aventajado reformista y mimado por ingenuos “progres” y no tan ingenuos especuladores. Videos que habrá que tener a mano siempre, porque en el PP pasarán cosas pronto y se moverán unos y otros por un poder que amenaza tormenta. Y habrá que saber quién es quién.

Sí se conoce el título del disparatado, cruel e innecesario proyecto de Ley Orgánica: “Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada”. En ese título ya se concentra y sintetiza lo que venga después en un texto. Se protegen derechos. No del nasciturus, que fue el sujeto del anterior debate que ya tuvo lugar a instancias del PP ante el Tribunal Constitucional (TC). Ahora se trata de un paso más: del concebido, para reforzar derechos que el TC no parece que estableciera con suficiencia para el nasciturus para los “trentinos” populares. Pero ya puestos a proteger derechos, se quieren ocupar de una mujer muy singular, la mujer embarazada. Esa mujer que en ese estado parece víctima de todos los peligros imaginables. A base de tanta preocupación por sus derechos, se olvidan claramente de algo mucho más importante: de su libertad. Ese conflicto que es una constante ideológica de la derecha no evolucionada como parece demostrar día a día el PP con su quehacer. En la época de la dictadura, de la que tanto parece aprendieron los dirigentes del PP,  en la escuela, en la universidad, pero sobre todo en sus casas y entornos sociales, se reconocían profusa y generosamente derechos, pero se negaban las libertades para ejercerlos con rotundidad y represión incluso mortal. Esa es una de las sustancias de aquella y de todas las dictaduras de la que parecen alumnos tan aventajados los actuales mandamases del PP. En la terminología de aquel régimen, siguen con sus demonios familiares. Todos los derechos y ninguna libertad.
A base de tanta preocupación por los derechos de la mujer embazarazada, se olvidan de algo mucho más importante, de su libertad
Del título puede deducirse el contenido. Derechos, no libertades. Hipocresía en estado puro. Vuelta al pasado del pasado. Parece que hay consenso en que uno de los agentes inductores de tamaño atropello ciudadano y convivencial es la Iglesia oficial. La de Rouco y la Conferencia Episcopal, que no se conforma con lo que ha obtenido de Wert y quiere, como siempre, más. Más temor, menos libertad, más dirigismo, más miedo, en suma.  Aquí parece o que no ha llegado el mensaje del Papa Francisco, o que una cosa es el mensaje ecuménico y otro lo que se instruya de forma ”intereclesial”.

Pero si todo esto se refiere a los hombres, es necesario poner atención a las principales protagonistas: las mujeres.
Las mujeres del PP.
En el PP militan muchas mujeres, algunas con especiales responsabilidades en primera línea, otras muchas, formando pareja con responsables políticos. Pero hay otras muchas mujeres españolas que votan al PP. Fijémonos en algunas de ellas y de lo que puede esperarse de su posición y acción ante este ataque tan rotundo a la libertad de la mujer como ciudadana, como sujeto político.

En primer lugar, debe tenerse muy presente que el Consejo de Ministros que debate y aprueba el proyecto de Ley de los “derechos”, de la persecución del aborto, es presidido por una mujer, y por una mujer madre y joven, nacida en el año 1971. Recordar también que esa misma mujer, siendo aún más joven, con menos de 40 años, firmó en 2010 el recurso del PP ante el TC sobre el contenido de la Ley del anterior gobierno, la conocida Ley “Aido”, de plazos, y que en ese documento entre muchas cosas se decía, por ejemplo, al hacer referencia al aborto por malformaciones del feto, el llamado eugenésico: “Esos casos de aborto eugenésico no pueden dejar de recordarnos teorías eugenésicas —de infausto recuerdo cuando fueron objeto de aplicación en la historia— que defendieron las tesis de ‘vidas que no merecen la vida’ (lebensunwertes Leben) o ‘vidas que son una carga’ (Ballastexistenzen)”, esto es, los nazis. Esa mujer ha sido la mano derecha de Rajoy en la oposición y ahora aún más al ocupar la única Vicepresidencia del Gobierno, la que lo coordina oficialmente. Esa mujer que, además, es la portavoz del Gobierno y que intenta “lucirse” cada viernes al informar de lo tratado en el Consejo de Ministros, volviendo a esa especie de síndrome de los “viernes” en La Moncloa, en que las portavoces parecen transformarse de políticas en “estrellas”.

Fue la mujer que contestó ante preguntas directas de mujeres periodistas de si se encontraba cómoda ante ese proyecto de Ley, con referencia a la de 1985. Contestó que se encontraba perfectamente cómoda con la de 1985. Tenía entonces 14 años. Parece que ya era entonces una mujer-mujer muy atenta a estas áridas cuestiones que ahora requieren no la conformidad de la mujer sino del padre,- nunca dicen de la madre- cuando se tiene 17 años, no 14. Aquella era la ley de supuestos aprobada por el PSOE, recurrida por el PP al TC -que aún no se ha definido sobre dicho recurso- pero no modificada durante sus ocho años de gobierno, cuatro con mayoría absoluta. Esa es la posición de la mujer con más poder del PP y en la que algunos ingenuos ven a una representante del ala “moderada” del PP, que puede por ello ser llamada a mayores responsabilidades cuando próximamente pierdan la mayoría absoluta y precisen hacer “política”, no autoritarismo. Recuérdese su posición ante una norma absolutamente autoritaria y despreciativa de las libertades de sus congéneres: de las mujeres. Estas son acciones, no palabras. Recuérdese.
El mundo sanitario no debería verse afectado por una nueva perturbación tan innecesaria, injusta, discriminatoria y cruel.
Rajoy no presidía el Consejo de Ministros. Estaba asistiendo a otro Consejo, el Europeo. Uno de los que puede recordarse más anodinos de los cinco últimos años de crisis. Como todavía Merkel no está a pleno rendimiento, consolidando su nuevo proyecto con la socialdemocracia, todos los demás a sestear en Bruselas, lo que habrá encantado a Rajoy, que perfectamente podía haber esperado al Consejo del próximo día 27, víspera de los “inocentes”, para aprobar la Ley de los “derechos de esos inocentes” y, de paso, dar la rueda de prensa casi única, la de fin de año.

Hablando de mujeres ha habido que meter a Rajoy en medio por dos razones: una, por ser el Presidente del Consejo de ministros que no presidió para aprobar la Ley, y otra porque está casado. Rajoy tiene mujer y tiene hijos. Y así aparece otra mujer importante: la suya. Importante por ser su mujer y también porque no se sabe nada de ella. Cuesta incluso saber su nombre. ¿Alguien puede imaginarse una conversación de ambos sobre este asunto de los derechos de la mujer? Puede defenderse que las mujeres de los presidentes sean discretas, como lo han sido la mayor parte, excluida Ana Botella, que tenía la mitad de La Moncloa tomada por ella y su familia; pero la mujer de Rajoy bate todos los récords. En este caso pudiera ser útil que al menos se pudiera saber algo de lo que opina sobre un asunto que no es de Estado, ni de gobierno, sino simplemente de lo que afecta, según el PP, a los derechos de las mujeres y que todos los demás opinan que afecta directamente a su más intocable libertad: la de maternidad.

Pero hay muchas más mujeres. Sra. Cospedal. Secretaria General del PP y Presidenta a tiempo parcial de Castilla-La Mancha. Se ha podido leer que el asunto ha sido tan “femenino” en su diseño, tramitación y fijación de contenidos, que sólo han sabido de ello Gallardón; el “converso” ministro del Interior, Sr. Fernández, catalán y fundamentalista; Rouco Varela, casto por voto, y Rajoy, marido y padre. El Partido y sus mujeres nada parece que tuvieran que decir y menos aún su Secretaria General que, además, es mujer, y mujer en estas materias de aparente liberalismo público y personal. Esperemos que, aunque sea en diferido, podamos escuchar su opinión política y, sobre todo, su opinión como mujer.
Son mujeres políticas muy representativas y ahora es una buena ocasión (la reforma de la Ley del Aborto) para que conozcamos ante un asunto tan nítido lo qué piensan como mujeres.
Podría citarse a otras muchas mujeres. Recordemos algunas. Esperanza Aguirre, la que no calla. Habla de todo, excepto de Gürtel; de lo que no habla, sólo escribe y lo hace de forma muy austera y escueta. A casi todo solo contesta: No. Sin matiz alguno. Se dice liberal. Se dice moderna y juvenil. Ha sido ministra de Educación y Cultura. Aunque esto parezca una ironía, ha presidido el Senado cuando estaba en vigor la Ley de plazos. Es directa y franca. Nos ha contado en vivo y en directo su dramático casi secuestro y atentado terrorista en la India; su cáncer de mama y, sobre todo, nos comunicó, sin explicar las razones, su dimisión como presidenta de la Comunidad de Madrid. ¿Nos contará lo que piensa una liberal de esta nueva protección liberal de los derechos de la mujer? ¿Dirá algo de lo que puede afectar a la libertad? ¿Lo dirá como candidata en las próximas elecciones?

Pero también sería interesante que conociéramos la opinión de otras mujeres-mujeres en el sentido aznariano del término, tales como Rita Barberá, infinita alcaldesa de la esquilmada ciudad del Valencia; de la Presidenta de Aragón, anterior presidenta del Congreso de Diputados cuando estaba vigente la ley de supuestos, la Sra. Rudi. Son mujeres políticas muy representativas y ahora es una buena ocasión para que conozcamos ante un asunto tan nítido lo qué piensan como mujeres.

En Madrid hay una alcaldesa, esposa, madre y suegra de varones notables. Ella es notable por sí misma, aunque su lugar de alcaldesa sea vicario del gran varón artífice de tan lamentable proyecto. Por ello debe saber muchas cosas de lo que sus varones saben de este asunto, a lo que puede incorporar con algún esfuerzo algo de su propia cosecha. Incluso puede evitar que su hijo mayor recrimine a Gallardón tamaño desaguisado para las mujeres y, en su caso, por el posible daño que pudiera sufrir el partido que preside su padre, hombre que tantos pelos se ha dejado por él. Pero lo más interesante, en todo caso, es lo que balbucee la alcaldesa, en su perfecto castellano, sobre este asunto que afecta a tantas madrileñas.

También en el ámbito de Madrid no deberíamos prescindir de la opinión, seguro que comprometida, de la Delegada del Gobierno, Sra. Cifuentes. Mujer que parece representar esa parte del PP más tolerante y liberal en relación con las libertades de la mujer, porque en lo que se refiere al orden público ya conocemos que es una destacada fan del ministro del Interior. Se trata de una persona muy significada en cuanto a su posible proyección política de futuro en Madrid y las madrileñas deben saber con quién se pueden tener que jugar los cuartos electorales.

En el PP hay muchas diputadas que van a tener un papel de especial relevancia, porque al final van a tener que aprobar o rechazar con su acción directa, con su voto, la norma de derechos indefinidos y de sufrimientos ciertos para miles de mujeres. De poco vale que se les pida el voto en urna, el voto secreto. Seguro que puede más el sectarismo y la disciplina ante cualquier nivel de discrepancia y la militancia activa y comprometida para la mayor parte. No tendrían empacho alguno en ir con la papeleta con el Sí, abierta, para reconocimiento de todos sus seguidores, maridos y confesores, que bien seguros son bajo el secreto que les concierne. No se sabe si pensarían igual sus hijas adultas, pero ese es un matiz de menor relevancia. Seguirán en su mayor parte los pasos de decencia y honestidad que han inculcado en ellas sus familias a través de la educación cristiana y, si no es así, siempre podrá arreglarse cualquier desviación con seguridad y discreción.

Alguna de estas diputadas es especialmente significada. La Sra. Villalobos. Sorprendente Vicepresidenta del Congreso de los Diputados en la que destaca por sus enfrentamientos con determinados diputados. Díscola mujer en muchos asuntos y especialmente en los relacionados con el feminismo. Se ausentó de una votación en el Parlamento en el que el PP se oponía a la modificación de la ley de supuestos que ahora es superada en restricciones. Fue eurodiputada; allí les contó que era abogada sin serlo e incluso se consideró un año más joven y solo tenía 45. Quizás se trataba de simples coqueterías. Ministra inolvidable de sanidad, a pesar de serlo solo dos años entre 2000 y 2002, durante el segundo Gobierno del PP, que con mayoría absoluta no tocó la ley de supuestos, ahora considerada insoportable. En esos años, los abortos pasaron de 63.000 a 77.000. Curiosa situación la suya con esa biografía que en su juventud la llevó de su proximidad a la izquierda a su militancia en Alianza Popular. Mujer de uno de los asesores de “cabecera” de Rajoy, que lo fue también de Aznar: Pedro Arriola. Dña. Celia también debería contar alguna de las muchas cosas que sabe y que pudieran ayudar a las mujeres a entender por qué pasa lo que está pasando. En todo caso es una de las personas que debe votar la ley.
 La ministra responsable de las políticas de Sanidad e Igualdad ni dice nada ni nada parece que tenga que decir
También deberá votar la Ley esa diputada tan solidaria con los más desfavorecidos que le hicieron exclamar: “que se jodan”. La Sra. Fabra, hija del Sr. Fabra, permanente presidente de la Diputación de Castellón, un delincuente, al menos fiscal, antes muy ensalzado por Rajoy al que ahora no recuerda si conoce, y mujer de un exconsejero de Sanidad de Esperanza Aguirre: Sr. Güemes, experto en muchas cosas, incluidas las puertas giratorias. También debe saber muchas cosas por su “centralidad” en interesante debates a los que sin duda ha asistido. Su opinión –sin necesidad de joder a nadie- puede ser también muy ilustrativa.
Ana Mato.
Se podría hacer un repaso por diputadas y senadoras del PP que mucho tendrían que aportar, pero hay que dejar un lugar especial para Ana Mato. Mujer destacada del PP, miembro muy cualificado de sucesivas direcciones nacionales, vicesecretaría, responsable de programas y de organización. Gran conocedora de todo lo que ha pasado en Génova en los últimos años, lo que explica sobradamente que no tuviera tiempo y ocasión de saber lo que pasaba en su casa. Por lo mucho que sabe y lo poco que habla es seguramente por lo que está donde está. En un Ministerio de especial relevancia política siempre, pero más aún cuando se le unen los servicios sociales y la igualdad en un momento de especial crisis que afecta de forma tan radical a los más desfavorecidos y dentro de ellos a las mujeres. El PP confecciona una norma que dice versa sobre derechos de las mujeres en la que restringe de hecho radicalmente sus libertades y vuelve a comprometer la seguridad jurídica de los profesionales sanitarios resuelta en gran medida por la norma vigente, y la ministra de sanidad e igualdad y con políticas concretas dirigidas a la mujer y a la infancia que se pretende salvaguardar, incluyendo a los discapacitados obligados a nacer y la ministra responsable de esas políticas ni dice nada ni nada parece que tenga que decir. ¿Dónde estaba el viernes en que se presentó el proyecto? ¿Qué dijo o aportó al debate del Consejo? Había estado el viernes anterior presentando un plan Social virtual de escasa credibilidad. Fue una ministra de igualdad la que tuvo la responsabilidad sobre la actual Ley de Plazos, y lo fue porque afectaba fundamentalmente a las mujeres y en relación con la necesidad política de defender su libertad y dignidad comprometida por aquellos que no asumían la ley de supuestos y las perseguían ayudados por la fiscalía y algunos responsables de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado encuadrados en el SEPROMA.

Que la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, diputada además, no haya abierto la boca, sólo añade cobardía a la incompetencia. Es el miembro del gobierno que debe tener más datos, más conocimiento, más información de los problemas sociales y de sufrimiento que puede afectar la norma a las mujeres y de los problemas que va a generar a los profesionales sanitarios que intervengan en todo el proceso del aborto, no solo médicos, sino enfermería, asesores, administrativos, clínicas, etcétera. Un nuevo mundo de falsedad, represión, engaño, sufrimiento, hipocresía, que parecía superado, que no aparece como problema en encuesta alguna, ni en lugar alguno. Ese mundo que debería conocer y preservar la ministra de sanidad, que ha llevado la sanidad a su cota de preocupación ciudadana más alta de los últimos años, como confirma cada encuesta del CIS. El mundo sanitario no debería verse afectado por una nueva perturbación tan innecesaria, injusta, discriminatoria y cruel.
Que (la ministra Mato) diga claramente las razones que obligan a tomar esta decisión sobre el aborto, y qué problemas reales de tipo social y sanitario viene a resolver
La Sra. Mato en este caso, al menos, si debería darse por aludida. Que diga claramente las razones que obligan a tomar esta decisión sobre el aborto, y qué problemas reales de tipo social y sanitario viene a resolver. Que conteste si su aplicación puede acarrear problemas para las mujeres y para los sanitarios y que lo razone. No es una diputada más. Es la ministra de Sanidad que tiene la obligación de revisar y evaluar la experiencia de los problemas sanitarios que el aborto clandestino genera y también del que, sin llegar a serlo, tiene que hacerse con mayores dificultades que añaden dolor al dolor de la mujer que se encuentra ante esa grave, dramática e individual disyuntiva. Que indique con claridad qué programas y con qué cuantía presupuestaria dispone su ministerio para atender a los derechos de la mujer que es obligada a parir sin medios para mantener a su hijo; que explique los programas y la dotación de que disponen en su departamento para atender a los niños con importantes discapacidades que van a incrementar la lista tremenda de inatendidos hoy por enfermedades raras de cuyas peripecias lamentables son testigos diarios tantas madres y padres.

Estas son algunas de las mujeres que deberían explicarse y los ciudadanos escucharlas con atención para poder valorar lo que significa la democracia. Lo que significa votar a unos representantes que no dudan en mentir sobre casi todo lo que prometieron en su programa y que se refugian en cuatro líneas imprecisas del mismo, para dar un salto atrás en derechos y libertades de la mujer en primer lugar y de cualquier ciudadano sensible, al margen de su sexo. Esto no lo manda Merkel. Esto no afecta al déficit. Esto afecta al corazón de la convivencia, porque afecta a la libertad. Si siempre hay que respetar a las minorías lo es mucho más cuando de lo que se trata es de lo que se siente y en lo que se cree en la intimidad y en carne viva.

Pero hay otras muchas mujeres que no deciden en el PP, pero le votan; en las últimas elecciones, alrededor del 40 por ciento. El año pasado hubo en España algo más de 110.000 abortos acogiéndose a la ley de plazos, menos que en 2011. ¿Que porcentaje de esas mujeres habían votado al PP? ¿El 30 por ciento? Serían más de 30.000. Que salgan y lo digan.

Ahora que tanto se habla de referéndum. Las mujeres sí tienen derecho a decidir. Que se atreva el Sr. Rajoy a preguntarles. Que se atrevan las mujeres del PP. No se refugien en una mayoría absoluta que se les entregó para ayudar a salir a este país de la crisis, no para reprimir derechos y libertades que tanto cuesta conquistar. Ningún país democrático,  y menos de nuestro entorno, de los 28 ha dado un paso atrás. En democracia sólo se dan pasos adelante en materia de libertades y derechos. Nunca se dan pasos atrás. Miren alrededor. Los más avanzados tienen leyes de plazos. Los que no tenían ley ya empiezan a tenerla con restricciones, pero empiezan a tenerla: Irlanda y Polonia. Ninguno ha dado marcha atrás. Esa es nuestra marca España. No queremos seguir oyendo ¡Vivan las cadenas!